Los Danieles. Lo que dijo el profeta

Daniel Samper Pizano

Daniel Samper Pizano

Muchas y muy largas conversaciones con mi colega y parcero Enrique Santos Calderón me han permitido conocer algunas características suyas que se me ocultaron durante sesenta años. Las charlas cruzadas se convertirán en un libro que publicará pronto la editorial Penguin Random House. 

Lo primero que salta a la vista es que hemos llevado vidas paralelas desde la infancia y que ambos empezamos a cargar ladrillo en la misma oficina de El Tiempoen idéntica fecha (1º de mayo de 1964) y a la misma edad (19 años). Ahora, después de más de medio siglo, ambos somos columnistas de Los Danieles.

Abundan muchas otras coincidencias y paralelismos entre nuestras biografías, desde la afición infantil a la lucha libre hasta el sufrimiento adulto por hermanos presidentes. También ha habido discrepancias y fuertes distanciamientos, afortunadamente todos conversados y superados. 

Hace poco, repasando algunos escritos de Enrique en la plataforma común donde hemos vuelto a coincidir todos los domingos, descubrí que, además de políglota, apasionado por el vallenato y deportista, Santos ha sido profeta.

Me remito a su columna titulada ¿Y si pierde y no se va…? (Los Danieles, 1º de noviembre de 2020), donde anticipa que la reelección de Donald Trump, quien estaba a punto de terminar su primer cuatrienio y aspiraba a continuar, “sería un peligro para la paz y sanidad ambiental de un mundo ya demasiado tensionado y envenenado”. La nueva elección no se produjo al agotarse aquel término inaugural (2017-2021) sino cuatro años después (2025-2029), pero resultó evidente la amenaza sobre la cual ya había alertado Santos. Acerca de los enfrentamientos entre Trump y su sucesor, Joe Biden, su pronóstico fue: “Biden es un candidato desteñido, débil de carisma y oratoria”. En cambio, advertía, Trump “es un poderoso comunicador y un fogoso animal político que se aferrará como sea al poder”. Tal cual.

Se dirá que muchos compartían temores parecidos en el mundo entero. Pero nuestro profeta fue más adelante y anticipó que Trump sería capaz de “torpedear una transición pacífica” (como ocurrió) y “generará algún conflicto para deslegitimar la elección”, predicción en la cual el arúspice se quedó corto. Todos conocimos, asombrados, la guerra interna que desató el magnate de melena zanahoria.

También presintió Santos que el sufragio latino no era un activo a favor de los demócratas sino una incógnita adversa, pese al flagrante desprecio de mister Donald por los shithole countries (países cagaderos) tercermundistas e hispánicos. Y, en efecto, como señaló la BBC de Londres, “los votantes latinos de Estados Unidos ayudaron a Trump a regresar al poder” en 2025. Finalmente, el fino instinto del veterano analista internacional lo indujo a entrever que podrían darse situaciones de conflicto armado con Venezuela “si sirven a los intereses” del atroz mandatario. La realidad calcó el vaticinio, aunque en forma aún más drástica de lo que sospechaba el que fuera autor de la prestigiosa columna Contraescape.

Santos llegó al punto de afirmar con acierto que Trump desdeña “los valores elementales que deben regir la conducta de un jefe de Estado”. También describió fielmente que el presidente gringo es “un hombre inestable, arbitrario y tramposo, ignorante de su vecindario [salvo para invadirlo, claro está] que nos sometería al ímpetu de sus bravuconadas”. Así ha sido: Trump copió el libreto del articulista al pie de la letra.

Ante tan acertadas profecías, decidí tentar el oráculo y plantear a Enrique algunas preguntas sobre el porvenir que nos espera. Nadie más adecuado que él para auscultar el futuro, como lo demostró con Trump. ¿Quién más independiente de criterio y mejor formado en ciencias políticas? ¿Quién adivina mejor las sombras que bailan alrededor de las urnas y descifra con más tino las mentiras de los bulos? ¿Quién exhibe más excelsas calificaciones como zahorí electoral?  

Mi breve cuestionario a Santos indagaba por posibles finalistas de la carrera política en Colombia. Le pedí el nombre del próximo presidente y algunas pistas sobre el vicepresidente. Pasé varios días en máxima expectativa aguardando la reacción de mi viejo cuate. La anhelada respuesta llegó por fin la víspera de cerrar esta edición.

He aquí la contestación del profeta: “Me abstengo de participar en esta encuesta”. 

No pude menos que recordar el desenlace anticlimático del famoso poema de don José Manuel Marroquín: 

Aquella perrilla sí,

cosa es de volverse loco,

no pudo coger tampoco

al maldito jabalí.

La OChT

Hace tres días se produjo en Washington la reunión inaugural de la llamada Junta de Paz, un esperpento inventado por Donald Trump para controlar al mundo. Pocas veces se ha visto un aquelarre de sátrapas más despreciable que esta entidad con la que la Casa Blanca aspira a reemplazar a las Naciones Unidas.

Solo aceptaron acudir al estreno 27 de los más de 60 países convocados. Apenas cuatro son europeos; todos —salvo Italia— de bajo perfil, y tres latinoamericanos largamente conocidos por sus dictatoriales gobernantes: Argentina, El Salvador y Paraguay. Es posible que un ciudadano normal sea incapaz de ubicar en el mapa a algunos de estos miembros. Es más: quizás nunca oyó hablar, por ejemplo, de Kazakistán, Uzbekistán y Bahrein.

En la lista de principales socios aparecen Egipto, Turquía, Israel, Camboya, Indonesia, Paquistán y Vietnam. Ninguno de ellos logra aprobar el estatus de país libre que aplica el conocido índice de libertad de la organización Freedom House.

La sigla de esta pandilla bien podría ser, pues, OChT: la ONU Chimba de Trump.

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