
Enrique Santos Calderón
En el aún confuso y poco estimulante panorama de la política nacional, viene creciendo la figura de Roy Barreras. Vapuleado en su momento como melifluo, oportunista y voltearepas, Barreras (voy a llamarlo Roy a secas, como él prefiere), ha cobrado un protagonismo que habla de su olfato político y de su incuestionable habilidad para moverse hacia adelante en las más resbalosas coyunturas.
Ante la indeseable alternativa de que la elección presidencial quede reducida a la opción Cepeda-De La Espriella, la de un Roy Barreras no aparece tan insólita ni descartable. Más allá de su imagen camaleonesca, este tulueño de cuna humilde, médico de formación y político de profesión ha demostrado garra, ganas y visión de Estado. Es además, a mi modo de ver, el más eficiente operador político del país, por su capacidad para comunicarse, negociar diferencias y lograr acuerdos. Virtudes nada despreciables en estos tiempos de agresivas polarizaciones.
Frente al crecimiento de Abelardo de la Espriella y ya lanzado como candidato presidencial, Roy abandonó su lenguaje conciliador para enfilarlo contra quien considera como abanderado de posturas extremas que envenenan el ambiente político e incitan a la violencia. Aquel ha moderado el discurso, pero aún resuenan sus llamados a “destripar” a los adversarios de la izquierda y a atentar contra Maduro y Petro, que llevaron al director de El Heraldo de Barranquilla a retirarlo como columnista por “instigar al homicidio y la violencia”.
Un tipo sin duda inteligente y sagaz, Abelardo es también un hombre vanidoso, fantoche y medio facho. Proyecta un aire postizo y evoca un pasado (“una vida oscura y sórdida”, en palabras de Roy) del que no ha logrado liberarse, pese a la popularidad que hoy lo acompaña en las encuestas. Pero que no llega a los cuatro millones de firmas que presentó para avalar su candidatura, pues más de la mitad de estas serían falsas o inválidas, según reveló Cecilia Orozco en El Espectador. Sería bueno que la Registraduría despejara dudas sobre tan delicado asunto.
En otro polo de la oposición, la candidatura de Sergio Fajardo, a quien considero la mejor opción presidencial, no está transmitiendo el dinamismo y acogida esperados, lo que también ha fortalecido las pretensiones de Roy, que está recibiendo muchas adhesiones, como un “tercero en discordia” que puede llegar a segunda vuelta. Su presencia en las encuestas es débil, pero su perfil como figura unitaria de “centro-izquierda” ha calado.
El petrismo y otros sectores políticos desecharon consultas internas e irán de una a la primera vuelta. Descalificando de paso, a veces en términos casi ofensivos, las posturas de Roy, quien no mordió el anzuelo y respondió con ecuanimidad, otra de sus virtudes. Si en las elecciones del 8 de marzo saca los tres millones de votos que pronostica en la consulta del Frente por la Vida que ha promovido, Roy Barreras llegará a la elección final convertido en un verdadero fenómeno político.
También interesa preguntarse cómo le irá a Paloma Valencia, conservadora y recia que representa un fenómeno político en un país que muchos consideran como aún muy machista. Olvidan la arrolladora popularidad que en los años setenta alcanzó María Eugenia Rojas, “la Capitana del pueblo”, como líder de la Anapo en contra de la coalición liberal-conservadora del Frente Nacional, que demostró que los colombianos no tienen reparo alguno en elegir a una mujer presidente.
Veremos cómo se desarrollan estas decisivas semanas que restan hasta el 31 de mayo, cuando Colombia escoge quién la gobernará a partir del 7 de agosto. De aquí a allá pueden pasar cosas y hay interrogantes. El principal es si la gente entenderá el confuso tarjetón electoral.
P.S.1: Pase lo que pase y gane el que gane, lo que ya está de sobra demostrado es que un periodo presidencial de cuatro años no alcanza para consolidar un programa de gobierno ni de reformas serias. Comparto la reiterada petición de la senadora Clara López Obregón de extender el periodo a seis años, o de permitir la reelección inmediata por una sola vez. Sería motivo de interminables debates jurídicos en esta democracia asfixiada por incisos y leguleyismos. Pero algo hay que hacer. De cuatro en cuatro no nos vamos para ningún lado.
P.S.2: Comprendo el clamor de las marginadas comunidades del norte del Cauca, que de nuevo llegaron a Bogotá para hacer sentir su abandono y descontento. Sin embargo, sabotear durante largas horas la movilidad de la capital y la de miles de ciudadanos no es la mejor forma de impulsar su causa. Pero sí la de quienes solo creen en la mano dura contra la protesta social. No hay que darles argumentos porque ellos son muchos y ya tienen sus abelardos.
P.S.3: Me parte el alma el hundimiento de Cuba en un abismo cada vez más profundo de hambre y pobreza. Producto del bloqueo económico impuesto por EE. UU., cierto, pero también de la rigidez ideológica y la represión política de un régimen que lleva casi setenta años en el poder y no ha aprendido a tolerar la oposición ni la disidencia.
Ya es hora de que afloje y permita elecciones libres. Mientras no lo haga y de manera convincente, no veo salida al sufrimiento del pueblo cubano.
