Los Danieles. Fajardo es el hombre

Enrique Santos Calderón

Enrique Santos Calderón

La última encuesta electoral de Invamer alborotó ánimos y desató especulaciones de toda índole sobre unos comicios que, como van las cosas, encontrarán a un país polarizado y confundido. 

El presidente Petro mantiene una base de apoyo de más del 35 % e Iván Cepeda se consolida como el candidato de la izquierda y del petrismo, mientras que el abogado penalista Abelardo de la Espriella aparece como un nuevo líder de la derecha, superando a aspirantes como Vicky Dávila y Juan Carlos Pinzón, que no llegan al 5%.    

Me sorprendió que Sergio Fajardo, a quien considero la mejor opción, no llegará al doble dígito, aunque este panorama pronto comenzará a cambiar. Y mucho. 

Conozco de tiempo atrás a Iván Cepeda Castro, hijo del asesinado dirigente del Partido Comunista Manuel Cepeda Vargas, a quien también conocí bien, así como a su mujer, Yira Castro. Una familia de consagrados militantes de su causa. Iván es un hombre atemperado, ajeno a histrionismos o arrebatos extremistas, y no es de extrañar que haya logrado aglutinar a la izquierda. No pienso que pueda atraer a muchos sectores moderados para conformar una auténtica coalición nacional, pero estará en la segunda vuelta. 

En el otro espectro ideológico hace creciente bulla Abelardo de la Espriella, quien, como explicó Héctor Abad, está dedicado a borrar su pasado como defensor de oscuros personajes vinculados con paramilitarismo, estafas y lavado de activos. Alex Saab, quien fue testaferro de Maduro, y David Murcia, fundador de la pirámide financiera que estafó a miles de colombianos, han sido algunos de sus clientes más notorios. Para no hablar del Ñeñe Hernández o de Papá Pitufo.  

No se le puede reprochar que, como eficaz penalista que es, De la Espriella asuma la defensa de quienes buscan sus servicios, pero sí dice mucho quiénes son y por qué busca, incluso, a sujetos con fortunas tan sospechosas. Hoy goza de la popularidad que le trae su discurso de mano dura en un país donde la inseguridad sigue siendo tema central. Pero hay algo que no cuaja en su estilo altanero y pugnaz filipichín. Ni en su biografía. 

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A Sergio Fajardo se lo ha criticado por “tibio”, por excesivamente conciliador y por no haber sido capaz de aprovechar el gran prestigio personal y político del que gozaba hace algunos años para consolidar una candidatura presidencial, que dejó desplomar por sus ambivalencias. En cuatro años perdió 3,7 millones de votos y fue el gran derrotado de aquella contienda de 2022. 

Pero hay quienes aprenden y salen fortalecidos de sus errores, y es lo que hoy está demostrando un Fajardo cada vez más afirmativo, enérgico y seguro de sí mismo. Tanto, que descarta consultas, prefiere ir solo (Abelardo también, dicho sea de paso) y ha defendido con coherencia esta decisión. Matemático de formación, exalcalde de Medellín y exgobernador de Antioquia, es también el que más experiencia administrativa tiene. Y eso cuenta.    

Dijo esta semana que “nunca en mi vida estaré con un señor como De la Espriella que habla de destripar a sus adversarios”. En eso no hay ambigüedad alguna y descarta la posibilidad de eventuales alianzas non sanctas para los comicios de marzo con la consigna de superar al petrismo. Pero propuso encuestas calificadas para construir una “nueva mayoría”. Se está jugando una carta riesgosa. Y tiene seis meses para ambientarla.   

Es de esperar que su nombre siga convocando a cada vez más colombianos. Hay otros aspirantes con sobradas capacidades para ocupar la jefatura del Estado, como Mauricio Cárdenas, Juan Manuel Galán o Alejandro Gaviria, pero hay que ser realistas y entender cuál es la figura que necesita la Colombia de aquí y de ahora. 

Créanme que Sergio Fajardo es el hombre. 

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Y dele de nuevo con Trump y Petro. Es como si se necesitaran el uno al otro para sus respectivas retóricas. Pero Trump, que lo tiene entre ojos, le gana en prepotencia, agresividad y otras cosas, por supuesto. Después de incautar un enorme carguero petrolero venezolano y decir que, además, se quedará con el petróleo (“un acto de piratería y terrorismo marítimo”, denunció la asfixiada Cuba, que depende del combustible venezolano), procedió a advertir que Petro “es el próximo en la lista si no despabila” (wise up). 

Para un presidente con popularidad en picada como la de Trump, según todas las últimas encuestas, un controvertido mandatario izquierdista como Petro es blanco jugoso para mangonear en la región, a la vez que reafirma su hegemonía y rol de gran guardián del Hemisferio frente a injerencias foráneas. Rusos, chinos y europeos no se muestran dispuestos a desafiar este mandato territorial trumpista. 

Petro lo invitó a venir al país para conocer mejor la lucha de Colombia contra el narcotráfico que, según Trump, el presidente colombiano tolera y alienta. Ilusa pretensión, por supuesto, que fue respondida con otra advertencia: la de una nueva “fase terrestre” de su ofensiva militar, con todo lo que esto puede significar. De acuerdo con la Casa Blanca, Maduro tiene “los días contados” y estos conteos regresivos pueden resultar imprevisibles e incluso desastrosos. 

P.S.1: Lastimosa la actitud de los dirigentes del Centro Democrático, comenzando por Álvaro Uribe, que protestaron porque el candidato del Pacto Histórico fue invitado a explicar sus propuestas ante empresarios en la Cámara de Comercio Colombo Americana. ¿Qué clase de jefes políticos rehúyen el debate y la libre confrontación de ideas? ¿O es que Cepeda los va a convencer? 

P.S.2: También lastimosa, por lo ambigua y cargada de puyas, la felicitación de Petro a María Corina Machado por su Premio Nobel de Paz. Lo cortés no quita lo valiente, señor presidente.

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