Si bien los atentados del 11 de septiembre de 2001 marcaron la urgencia de las medidas de control en los aeropuertos contra posibles atentados terroristas, algunas de las medidas de seguridad son absurdas y hasta parecen burlarse de los pasajeros.
Aunque nadie ha explicado cómo fueron utilizados los encendedores, las botellas de agua, los perfumes, las correas o cinturones, las monedas, los billetes o los pañuelos en los bolsillos, los agentes de seguridad de las compañías particulares que tienen a su cargo los controles en diversos aeropuertos del mundo, como Prosegur, por ejemplo se convierten en energúmenos vigilantes que ordenan pasar una y otra vez bajo gritos e insultos a los «infractores».

Las filas en los controles antes de abordar los aviones. The New York Times
No es exageración. En España, Alemania o Portugal, las personas asignadas a estas tareas se comportan como los nazis que vemos en las películas aterrorizando judios porque al pasajero se le quedaron unas monedas o unos billetes en los bolsillos o un simple pañuelo. Peor todavía si el olvido es el de un encendedor junto al paquete de cigarrillos en una chaqueta. O la señora elevada que lleva en su mano una botella de agua a medio consumir.
Los agentes de Prosegur se vuelven ogros en España cuando los turistas que han visitado Toledo en donde históricamente se han fabricado floretes, espadas y sables de acero, han comprado como subvenir una replica, una miniespada o un cortapapeles y la llevan en su morral. Los vigilantes las consideran peligrosas armas cortopunzantes y las decomisan. Eso ocurre en la requisa para abordar trenes de Toledo a Madrid, por ejemplo.
¿Qué harían dos o tres «turistas terroristas» con espadas toledanas de 14 centímetros en un tren de Toledo a Madrid? habrá alguna torre que no sea de una iglesia en el camino?
Entonces, ¿para qué turismo, por qué permiten la venta de estos recuerdos o «subvenir» a los turistas?
Hay pasajeros que entran en pánico al no entender el idioma y los alaridos de los vigilantes en una escala en un país con un idioma que no dominan. Ellos -los vigilantes-creen que todo el mundo les tienen que entender las ordenes que imparten porque curiosamente, a pesar de que el turismo es una de las ofertas que los gobiernos hacen en el mundo para incrementar también los ingresos de sus países, lo que se ven en las zonas de seguridad para abordar los aviones es un matoneo a los viajeros.

Aquí podrían ir una terrorífica botella de agua o un peligroso Channel 5
El encendedor, la botella de agua o el perfume son lanzados a las canecas dispuestas para ello, después de la mala cara y el reproche a los pasajeros.
Pero, la burla a los pasajeros o la ineficiencia de estas medidas se confirma una vez superada la zona de seguridad porque la gente encuentra en el «duty free» todo tipo productos «prohibidos» para llevar a bordo: agua, perfumes, licores en botellas de más de 100 mililitros, encendedores, cigarrillos…
Claro, dirán, que es que existe la seguridad de lo que se le expende en los establecimientos de las zonas de embarque y por eso no hay problema con esas ventas.
Al menos, algunas de esas medidas son inocuas
