Por Senén González Vélez
Toronto, Canadá
Nada más absurdo y fuera del sentido común, que ver las oposiciones entre sí, haciéndose oposición.
Eso demuestra a las claras, que la arrogancia tiene más poder que el patriotismo y…, no me refiero a ningún sector de oposición en particular, es a todos en general, sin excepción. Además, resulta irresponsable que, ante tanta evidencia del descalabro social y económico que muestra el balance en todos sus frentes, y la pérdida de las buenas relaciones internacionales, sumidas por un enfermizo sentido personal y político que es un hazmerreír en el concierto mundial, ahora se le abra paso a otro gobierno comunista, sabidos de la gran tragedia que Gustavo Petro nos ha llevado, y en la que nos terminaría de hundir el senador y aspirante a presidente, Iván Cepeda Castro, que arrastra en su haber y prontuario de vida, conspiración, odios, amargura y venganza.
Entonces ¿qué se puede esperar ante un panorama que está visiblemente identificado como nefasto y peligroso?
Nos está pasando lo mismo que al burro, que de una patada en la cabeza deja tendido en la tierra al león. No convencido del peligro, el burro, domado por la curiosidad, se regresa para ver si aun estaba inconsciente su enemigo y cuando llegó al lugar, se lo comió el león.
Moraleja: no hagan el papel del burro, convirtámonos todos en tigres; Iván está suelto de madrina y Petro también, y los terroristas nos están gobernando, ¿qué más evidencia quieren, por favor?
El maldito ego, ese que no se ve pero que se siente, los hace ver como rivales viscerales entre sí, y más, ante la presencia de un nuevo personaje, como Abelardo De la Espriella, que, como novato y sin ínfulas de político de ninguna naturaleza pero con dimensiones serias en principios y determinación, lo vieron como un soñador utópico, y sin las agallas para llegar donde hoy está, en medio de la inmensa acogida popular que ha generado su nombre y su presencia en la próxima contienda electoral.
Solo los egoístas y ciegos, no son capaces de ver estos fenómenos, de aceptarlos, de acogerlos como se merecen, bien porque tienen mente de mediocres, tercos, o bien porque el ego les impide reconocer y ser humildes para acoger la grandeza del contrincante, al que hay que admirar, apoyar y estimular, en busca de la unidad necesaria e indispensable en estos momentos tan difíciles de nuestra democracia.
Hace más de dos décadas, el doctor Álvaro Uribe Vélez, empezó apenas con el 2% de favorabilidad entre los colombianos, en su camino a la presidencia del 2002, y terminó derrotando al doctor, Horacio Serpa, un ‘cucaracho’ del mismo costal del desleal, Juan Manuel Santos Calderón.
Pero les aseguro que si Serpa hubiese triunfado en esa contienda, le seguía Santos como sucesor, y ahora estaríamos, no lo duden un instante, peor que Venezuela.
El doctor Uribe Vélez los quebró con estrategias que calaron hondamente en la percepción ciudadana, y por eso se demoró el traicionero de Santos en llegar al poder. Lo curioso es que siendo Uribe Vélez un hombre tan inteligente, capaz y sagaz, pecó, por confiar en quien no debió, y en cambio, ahora sí desconfía de los que no debiera, porque le son leales y críticos de buena fe.
A los duchos de siempre, les preocupa tremendamente el no entender por qué asciende vertiginosamente un personaje como Abelardo, que trasciende como un fenómeno político, y antes, por el contrario, lo ven como un estorbo. Y no entienden porque son los mecenas del desastre de la Nación. Hoy buena parte de los políticos sufren además de ‘’bipolaridad ideológica’’, también de ‘diabetes’, por la tendencia corrupta de negociar con mermelada, a base de puestos con el gobierno, así este sea este gobierno un auspiciador del narco, del terrorismo o de la pauperización del país, lo cual parece importarles un bledo.
Tenemos a un Petro y sus satélites, que nos ganaron el poder limpia o suciamente, pero triunfaron y está a punto de atornillarse en el poder.
Ante ese hecho cumplido, y ya gobernados por Petro, aun así, ¿no somos capaces de entender a qué se debió nuestra derrota, que no fue otra cosa que por la falta de unión y el exceso de peregrinaje, para reconocer a quien lleva la delantera en ese momento?
Y lo más grave del cuento es que, a sabiendas del error, seguimos disputándonos entre nosotros mismos, todas las posibilidades de poder derrotar al comunismo de un tajo, ojalá en primera vuelta, porque no queremos aceptar y menos reconocer a quienes están en ventaja y con apoyo popular enorme.
Aquí no está en juego la Copa América. No, aquí está en la UCI (Unidad de Cuidados Intensivos, metafóricamente hablando) ) la vida de la democracia y la salud mental del pueblo colombiano, lo que nos parece que está muy mal, por no decir descabellado.
Solo nos podemos salvar si ocurren cuatro sucesos:
Primero: la unión auténtica de todos contra Iván Cepeda Castro, el candidato comunista de las Farc y sus grupos afines, y desde luego, de Gustavo Petro. Eso tiene que quedarnos bien claro.
Segundo: la intervención del presidente, Donald Trump de Estados Unidos en Venezuela, que, al desestabilizar la mafia de los soles, se descarrile por efecto colateral, el tren de Aragua y todos sus efectos que hacen parte de ese conglomerado delincuencial.
Tercero: unas Fuerzas Armadas y Policiales, que entren en sana y democrática reflexión, para que apliquen la CONSTITUCIÓN y la ley, en toda la extensión de la palabra, antes de que sea demasiado tarde para el país y para nuestra democracia.
Y cuarto: Si Abelardo dentro de la oposición sobresale, hay que adicionarle los votos y porcentajes de cada uno de los otros aspirantes, que sumados todos, daría pie para arrasar en la segunda vuelta, si es que, por deslizamiento, sumamos más, y sorprendemos en la primera ronda, para derrotar a Cepeda Castro y sus áulicos.
Todo está en manos de Dios, del pueblo y de la estricta vigilancia del sistema electoral con las Fuerzas Armadas, que no deben doblegarse ante el canto de sirenas y propuestas mal habidas.
Sería más que interesante y oportuno, una fuerte e imparcial veeduría del exterior, en los próximos comicios electorales colombianos. ¡Ojo con eso!
¡O nos unimos, o nos jodimos!

Interesante y positivo análisis dr Senen