Tanto el Centro Democrático como otros sectores afines a la derecha se unieron en bloque para rechazar la decisión de la jueza Sandra Heredia y pidieron a sus seguidores prepararse para buscar una victoria en las urnas que reivindique al expresidente Uribe. ¿Lo lograrán? Análisis.

Por: Armando Neira
A escasos siete meses de las elecciones -para el Congreso serán el 8 de marzo de 2026-, los sectores de derecha enfrentan dos realidades indiscutibles: Álvaro Uribe Vélez, su principal líder, fue hallado culpable por la justicia por soborno a testigos y fraude procesal; y Miguel Uribe Turbay, su joven promesa, lucha por sobrevivir en una unidad de cuidados intensivos tras un atentado a bala.
Se trata de hechos radicalmente distintos, pero que, según varios dirigentes del uribismo, podrían resultar complementarios en el relato hacia el electorado: son perseguidos, son víctimas.
De hecho, en las reacciones en la noche de este lunes, rechazaron las invitaciones de su contraparte, Iván Cepeda, senador del Pacto Histórico, para buscar puntos en común y llegar a un acuerdo nacional que, al menos, deje atrás la polarización. Por lo visto en las redes y en las declaraciones públicas, la confrontación está al rojo vivo.
Por ahora, esa puerta para tender puentes se ve cerrada. Y aunque muchas voces pidieron separar las actuaciones políticas de las decisiones judiciales, hicieron caso omiso y, por el contrario, insistieron en que el fallo fue producto de una persecución contra su líder, quien, desde el punto de vista personal, atraviesa sus horas más difíciles.
El expresidente Álvaro Uribe Vélez, a la salida de la instalaciones de los juzgados de Paloquemao, posterior a su declaración en el juicio por presunto soborno y manipulación de testigos. FOTO: Colprensa – Cristian Bayona.
El propósito del uribismo es mostrarle a la gente que su líder no es un delincuente sino una víctima de un complot preparado por sus enemigos que no le perdonan que él haya salvado el país de caer en manos de la guerrilla de las Farc. Una posición, naturalmente discutible, pero es el hilo que empezaron a mover.
Un voto emocional
En Colombia existe un sentimiento muy extendido entre los votantes de respaldar en las urnas a líderes que han emergido de situaciones traumáticas.
César Gaviria Trujillo recibió las banderas de Luis Carlos Galán en un cementerio recién sepultado, con las cuales alcanzó la presidencia en 1990. Andrés Pastrana Arango ganó la alcaldía de Bogotá en 1988, poco después de ser liberado del secuestro en el que lo mantenía Pablo Escobar. Uribe eligió como fórmula vicepresidencial a Francisco Santos, también víctima del secuestro, quien fundó País Libre y movilizó a diez millones de colombianos en marchas contra este crimen atroz.
Hoy, en la encuesta más reciente sobre intención de voto a la presidencia, el senador Uribe Turbay, de 38 años, ocupa el primer lugar. Desde el atentado del 7 de junio, pasó de estar dentro del margen de error a encabezar la lista de 70 aspirantes.
Ya en vísperas de que la jueza Sandra Heredia emitiera su veredicto, Uribe Vélez, en particular, y el uribismo en general, buscaban imponer su narrativa de que en su caso se está cometiendo una injusticia.
La jueza, después de once horas continuas de lectura del contexto que la llevó a tomar su decisión, lo declaró culpable de soborno a testigos en actuación penal y fraude procesal.
El expresidente Álvaro Uribe Vélez. FOTO: Colprensa.
Según la sentencia, Uribe habría instruido a su abogado, Diego Cadena, para ofrecer beneficios a personas como el exparamilitar Juan Guillermo Monsalve, con el objetivo de manipular testimonios en su favor y en contra del senador Cepeda.
Uribe sabía
Heredia sostuvo que “Uribe sabía del carácter ilícito de su actuar”, en abierta contradicción con la defensa del expresidente, que sostiene que su abogado actuó sin su conocimiento. Y aunque la sentencia es de primera instancia y susceptible de apelación, marca un hito, ya que es la primera vez en la historia republicana que un expresidente es condenado.
Se trata, además, de un líder que cuenta con un respaldo considerable y cuya voz ha influido de forma directa en las elecciones de los últimos 25 años en el país, desde las presidenciales, pasando por el plebiscito por la paz, hasta los comicios en pequeños y olvidados pueblos de la Colombia profunda.
La audiencia fue transmitida en vivo durante todo el día, captando la atención de buena parte del país, lo que muestra el interés que genera su figura. La jueza detalló minuciosamente cada uno de los hechos para blindar su decisión. Sin embargo, para muchos uribistas, eso no cuenta. Esta tesis no solo es local, sino que viene desde el exterior.
“El único crimen del expresidente ha sido luchar sin descanso por su país. La instrumentalización de la justicia por jueces radicales ahora tiene un precedente preocupante”, dijo el influyente y muy poderoso secretario de Estado de Estados Unidos Marco Rubio.
El secretario de Estado, Marco Rubio, quien ha sido crítico del presidente Gustavo Petro, dijo que el “único crimen del expresidente ha sido luchar sin cansancio por su país. La instrumentalización de la rama judicial en Colombia por jueces radicales ahora tiene un precedente preocupante”.
La congresista republicana María Elvira Salazar añadió: “Se consumó una infamia contra Álvaro Uribe, el hombre que enfrentó a las Farc cuando nadie más se atrevía”. La dirigente opositora en Venezuela, María Corina Machado, también expresó su consternación.
En defensa de la jueza
Aunque, desde la otra orilla, la judicatura respaldó el actuar de la jueza Heredia, su mensaje puede quedar sepultado por la agitación política. “Los fallos de los jueces gozan de presunción de legalidad y acierto; son resultado de la ponderación y análisis de pruebas conforme a la sana crítica”, indicaron en un comunicado oficial.
El exvicepresidente Francisco Santos aseguró: “Presidente Uribe, usted salvó a Colombia de ser un Estado fallido. Todos los jefes paramilitares fueron extraditados. Hoy le quieren pasar factura en un proceso lleno de irregularidades”. Y fue más allá al pedir al secretario Rubio que alistara las “sanciones contra quienes desde 2010 fraguaron este complot judicial. Yo le ayudo con los nombres”.
La senadora María Fernanda Cabal calificó la sentencia como “el fallo de la infamia”. Y hasta el exdirector del Dapre y exministro de Petro, Mauricio Lizcano manifestó: “Toda mi solidaridad y respeto hacia el expresidente”. El ahora candidato presidencial dijo que “su aporte a la democracia y a la seguridad de este país ha sido innegable.”
“El señor Álvaro Uribe Vélez sabía lo ilícito de su actuar”: Sandra Heredia, la jueza que encontró culpable al líder del Centro Democrático de los delitos de fraude procesal y soborno en actuación penal, tras determinar su participación en calidad de determinador. FOTO: Captura de pantalla.
Así las cosas, ¿podrá en este escenario el uribismo resurgir y tener la fortaleza electoral como cuando Uribe figuraba en los tarjetones? Carlos Arias, analista político, considera que sí: “Uribe puede levantarse, y con él, el uribismo”, dice.
Mensaje para las bases
Y explica que, como es natural, la defensa apelará. Incluso si se ratifica el fallo, “esta situación puede ser aprovechada por candidatos de derecha como un símbolo de persecución política y revanchismo ideológico, reavivando el fervor de sus bases y de sectores críticos del gobierno de Gustavo Petro”.
Y es que el veredicto judicial contra Uribe Vélez ha sido recibido por muchos como un golpe significativo para su figura política. Sin embargo, en el terreno de la comunicación política y la estrategia electoral, no toda crisis representa una derrota definitiva. “De hecho, si se maneja adecuadamente, puede convertirse en una oportunidad para reorganizar fuerzas, reavivar pasiones y relanzar narrativas ideológicas”, agrega Arias.
Esta idea, que no es nueva para el uribismo, podría cobrar nueva fuerza en el contexto actual. La percepción de que Uribe es víctima de una revancha histórica e ideológica podría activar emocionalmente a un sector de la población que, aunque no necesariamente se identifica con el Centro Democrático, sí rechaza con vehemencia al petrismo y lo que consideran una mala gestión del gobierno actual.
«Llegó el día de la justicia. A pesar de inmensas presiones políticas y mediáticas, la jueza Sandra Heredia ha proferido una decisión de carácter histórico»: Iván Cepeda. FOTO: Colprensa.
Más allá de Uribe como individuo, esta coyuntura podría marcar el renacer del uribismo como movimiento ideológico.
Varios precandidatos presidenciales y aspirantes al Congreso, tanto dentro del Centro Democrático como en otras fuerzas de derecha, podrían apropiarse del símbolo Uribe para levantar banderas contra el oficialismo.
Una derrota convertida en victoria
No es necesario que sean uribistas de línea dura; basta con que representen los valores que históricamente ha defendido ese sector: seguridad, orden, oposición al populismo de izquierda y rechazo al comunismo.
En términos de estrategia política, lo que a simple vista puede parecer una derrota puede convertirse en una herramienta de movilización. Las emociones —particularmente la indignación, el agravio y el sentimiento de persecución— son poderosos catalizadores en campañas electorales.
Este fenómeno, además, encuentra terreno fértil en un contexto donde el gobierno actual enfrenta crecientes críticas por su capacidad de gestión. De esta forma, lo que algunos podrían interpretar como el final del ciclo uribista, podría en realidad ser el comienzo de una nueva etapa: más plural, menos centralizada en una sola figura, pero igualmente efectiva en su capacidad de agitación y resistencia.
Es decir que el impacto del fallo no se limita al expresidente. Se proyecta como un catalizador de unidad en los sectores de centro y derecha, otorgando cohesión en torno a una causa común: resistir el avance del gobierno de Petro, cuya creciente radicalización ha empezado a movilizar sectores del electorado que buscan una alternativa más moderada o institucional.
La redención política
“En ese sentido, la coyuntura también se ve reforzada por casos como el de Miguel Uribe Turbay y por el desgaste progresivo del gobierno en materia de seguridad, gobernabilidad y gestión”, dice la analista María Jimena Escandón.
«Simpatizantes o no del expresidente Uribe, deben respetar esa justicia. Lo demás es la bestialidad. Y Colombia debe ser sabia»: Gustavo Petro.
Víctor Solano, experto en comunicación, opina que, aunque el golpe anímico es fuerte, el fallo puede convertirse en una plataforma electoral si se canaliza adecuadamente con un mensaje de redención política.
“Este proceso cohesiona a los sectores de centro y derecha y fortalece las listas parlamentarias del uribismo. También puede redefinir el liderazgo de Uribe dentro de la coalición opositora sin que necesariamente él sea el candidato”, subraya Escandón.
Sin embargo, su gobierno también estuvo marcado por escándalos como los llamados falsos positivos, que dejaron al menos 6.402 jóvenes asesinados, y una larga lista de funcionarios investigados y condenados.
El triunfo del plebiscito
Uribe también fue el gran opositor del proceso de paz con las Farc liderado por su sucesor, Juan Manuel Santos. Lideró el voto por el “NO” en el plebiscito de 2016 y ganó a pesar de que las encuestas pronosticaban una victoria de 3 a 1. Además, apoyó la campaña de Iván Duque en 2018, quien ganó la presidencia con fuerte respaldo del Centro Democrático.
Pese a su influencia, en las elecciones de 2022 el uribismo sufrió un revés: no logró posicionar un candidato competitivo y perdió terreno en el Congreso frente al Pacto Histórico y otras fuerzas políticas. Y su máximo rival, Petro, alcanzó la presidencia.
Hoy en el horizonte se vislumbran varios nubarrones. Se aproximan las elecciones, y hay una fractura interna. Líderes como María Fernanda Cabal, Paloma Valencia y Paola Holguín buscan la candidatura. Uribe, en cambio, parecía inclinarse por Uribe Turbay, que ahora está una situación de extrema gravedad por el atentado. Iván Duque está fuera del panorama, y Óscar Iván Zuluaga enfrenta un proceso judicial.
Y el expresidente enfrenta hoy su etapa más difícil. El caso se remonta a 2014, cuando Uribe, en medio de un debate en el Congreso, denunció al senador Cepeda. Sin embargo, la Corte Suprema determinó que quien buscaba manipular testigos era el propio Uribe, a través de su abogado Diego Cadena.
¿Será este el final del uribismo? Es difícil de anticipar. Si algo ha demostrado la política colombiana es que las caídas no siempre son definitivas, y los liderazgos, por controvertidos que sean, pueden reinventarse. El 8 de marzo de 2026 será la fecha clave para saber si el uribismo aún tiene fuerza en las urnas o si este capítulo marca su ocaso definitivo.
Y es que como le dijo Uribe Vélez a la periodista Patricia Lara en una entrevista en 2002 cuando apenas tenía un 3 por ciento en las encuestas: “¡Yo me hago moler!”
