Otraparte. Érase una vez…

Por Oscar Dominguez Giraldo

El peor revés que he sufrido  en los últimos años se lo debo a mis nietas adolescentes Sofía  Mo, carioquita, e Ilona Lu, rola, ala, que me destituyeron como lector porque era el primero en dormirme. “Abu, no te duermEs”, me pedía Sofía que empezaba a conjugar verbos.

Completan el contingente de nietos los mellizos australianos Mateo y Patrick George, de quince abriles residentes en Melbourne. Los vimos crecer por Skipe y aprendimos a disfrutarlos, ¡ay!, a través de ese periódico sin rotativa llamado wasap. Como  no hay mal que por bien no venga gracias a la nietitud debuté como  cuentista.

Con otros  noventa colegas que “ennietecemos” a paso de ganso recibimos obligante y coqueta invitación a escribir cuentos para divertir a nuestros nietos. El gancho era el mejor: Las regalías del libro “Los abuelos cuentan”, editado por Planeta, serán donadas a las fundaciones DEBRA COLOMBIA Y SANAR que apoyan a niños de escasos recursos que padecen cáncer o tienen la piel  de mariposa. Alientan las fundaciones los abuelos-cuentistas María Elvira Samper y el Paisa Luis Guillermo Ángel, hermano de Héctor, presidente en  la sombra de la Asociación Colombiana de Colecionistas de Datos Inútiles, ASOCODI; yo soy el vicepresidente con secretaría perpetua de Javier Galileo Aristizábal Villa.

Responsable  de la idea del libro de abuelos que escriben cuentos es la compiladora vallecaucana,  María Inés Pantoja, abuela, exnotaria, cuentista y periodista.  El patojo Juan Esteban Constaín escribió el prólogo.

“Editorial Planeta ha querido publicarla como un homenaje a los abuelos contemporáneos: hombres y mujeres activos, comprometidos y llenos de vida, que por un momento dejaron sus múltiples ocupaciones para dar rienda suelta a la imaginación, creando personajes y mundos maravillosos, tejidos con la ternura y el afecto. Gracias a la participación, dedicación y entusiasmo de cada uno de ustedes, este libro se ha hecho realidad. Su talento y su generosidad han dado forma a una obra que celebra el vínculo más puro: el que une a los abuelos con sus nietos a través de la palabra y la memoria”,  nos escribió María Inés cuando todo esta consumado.

Para definir quiénes iban en el primer libro  como  que se copiaron de mi profesor de preceptiva literaria: Tiraron los cuentos al azar y los que cayeron encima de la cama fueron los publicados. El mío cayó en el suelo. Si Nerón dijo antes de suicidarse “qué gran artista pierde el mundo”, yo digo qué cuentista de media petaca se ahorraron los lectores.

La obra,  bellamente editada,  incluye cuentistas como Marujita Iragorri, Amparo Sinisterra de Carvajal, Aura Lucía Mera, Ana Marta de Pizarro, Gloria Luz Gutiérrez, Claudia Samper, Moisés Wasserman, Willington Ortiz, Carlos Lemoine, Jean Claude Bessudo, José Luis Diaz-Granados y Daniel Samper, viejo. También una vendedora de rosas, un  reciclador, un vigilante y un taxista.

Interesados en leer mi cuento desde ya sin esperar a febrero cuando circularán los demás, por favor, consignen cien mil pesitos… en las cuentas de SANAR  y DEBRA y feliz les enviaré mi ladrillo. Sospecho que mi ficción literaria no será la primera piedra para aguantar frío en Estocolmo donde entregan el Nobel de Literatura, pero ayudarán a dos buenas causas.

Y ya para terminar por este año, me despido con esta frase del empresario y cuentista antioqueño, Juan Manuel del Corral: “Si hubiéramos sabido cómo eran los nietos, nos habríamos saltado a los hijos”.

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