
Daniel Coronell
Agustín Laje es un politólogo argentino que se ha convertido en la figura más influyente de la ultraderecha en Hispanoamérica. Sus libros están en la lista de los más vendidos en varios países del continente. Su canal de YouTube tiene casi tres millones de suscriptores y, en Instagram, lo siguen 1.300.000 de personas. El presidente Javier Milei, en el prólogo de la última edición del libro de Laje, La Batalla Cultural, manual de la nueva derecha, califica la obra como imprescindible. También dice el mandatario argentino que Laje ha inspirado a su gobierno en “la resistencia cultural”, “el combate al posmarxismo” y “la lucha contra la agenda de género”.
Las expresiones antifeministas y homofóbicas hacen parte de la retórica usual del señor Laje. Dice, además, que el racismo no existe, que el feminicidio es un invento y que los “zurdos”, como llama a quienes discrepan de él, “no son conciudadanos sino enemigos”. Afirma que “una bala de goma que reprima a un zurdo es motivo de regocijo para muchos”.
Este hábil orador se ha ido convirtiendo en el profeta del antifeminismo, el gran adversario de la pretendida ideología de género –un invento acuñado para desacreditar las clases de educación sexual, diciendo que buscan homosexualizar a los niños–, el azote “del wokismo”, y el inclemente desenmascarador de los zurdos. Él mismo define su táctica como una guerrilla que inicia sus ataques en las redes sociales.
La influencia de Laje ha llegado a España y, específicamente, al partido ultraderechista Vox, una agrupación populista, antiinmigrante, xenófoba, contraria a los derechos reproductivos de la mujer, al matrimonio igualitario y a la adopción por parejas del mismo sexo. El escritor argentino es miembro de la Fundación Disenso, el tanque de pensamiento internacional de Vox, con el que buscan articular redes globales de extrema derecha.
Laje fue muy activo en la reciente campaña electoral colombiana. Envió mensajes descalificando a Paloma Valencia y especialmente a Juan Daniel Oviedo, a quien llamó “sujeto despreciable y perverso”; también contra el presidente saliente Gustavo Petro, a quien acusó de querer “hormonizar” a los niños en Colombia; sobre Iván Cepeda dijo que es “amigo de criminales que han secuestrado, violado y asesinado a centenares, a millares de colombianos”.
En contraste, no ahorró elogios para el ahora presidente electo Abelardo de la Espriella, a quien invitó a su canal de YouTube durante la campaña. La conversación, más que una entrevista, fue una adhesión. El entonces candidato agradeció calurosamente el apoyo y dijo que esperaba contar con él para “la batalla cultural”, afirmó que sería de gran ayuda para implementar “la contrarrevolución cultural para sacar de los salones la ideología de género y regresar a Dios de donde nunca debió salir”.

La ayuda no se quedó en palabras. En una reciente entrevista, en la que Agustín Laje habló de sus fuentes de financiación y sus actividades internacionales, admitió que había entrenado “influencers” para la campaña política en Colombia.

Los informes de financiación de la campaña, entregados al Consejo Nacional Electoral, no registran pagos a Laje, ni a su fundación. Por ley, ningún extranjero puede hacer aportes a una campaña política ni en dinero, ni en especie.
De lo que sí hay evidencia es de la cercanía de Laje con varios miembros del alto gobierno. Por ejemplo, es coautor del libro Socialismo latinoamericano. Ideologización, corrupción, perversión, que también firman el designado canciller Omar Bula; el denominado asesor presidencial para “la batalla de las ideas”, Enrique Serrano; y el anunciado viceministro de Educación, Camilo Noguera Pardo.
El libro fue editado por la Universidad Sergio Arboleda, de la que el futuro viceministro es directivo.

Paola Holguín, la designada ministra de Cultura, adhirió públicamente a las controvertidas ideas de Laje y a sus métodos. En una columna publicada en El Colombiano aseguró: “Un poco tarde entendimos que la cultura es un campo de batalla político diario, no solo en elecciones. Necesitamos formación intelectual, uso estratégico de redes sociales y acción en todos los entornos”.

La “batalla cultural” no es una sesuda discusión entre académicos. Ellos vienen a acabar con la educación laica, los derechos reproductivos, la legislación sobre violencia diferencial de género y las conquistas que la comunidad LGBTIQ+ ha logrado después de décadas de lucha.

Dejar una contestacion