William Giraldo Ceballos
La decencia y la indecencia se disputan la actualidad informativa de la política colombiana, y no de ahora, porque muchas veces diarios, televisión y emisoras exaltaron personas con grandes realizaciones y no siempre sus acciones estaban respaldadas con grandes valores morales.
Mientras se destaca en las últimas horas el valor de un general inconforme con las políticas militares del nuevo gobierno se exalta como si se tratarade una hazaña la llegada al Capitolio Nacional de un convicto el senador que regresará a aprobar leyes en Colombia.
El general Walter Giraldo abandona las filas por la designación de generales más jóvenes que él o con menor experiencia. Lo hizo por dignidad y por honor con respeto a la jerarquía militar.
Por su parte el Senador del Partido Conservador Miguel Angel Barreto concurrirá a las sesiones de la cámara alta del Congreso de la República portando un brazalete de convicto del Intituto Nacional Penitenciario, INPEC.
Es una persona cuya conducta moral está en el piso que llega a codearse con quienes fueron elegidos para crear nuevas leyes bajo principios éticos y morales en representación no solo de los colombianos, sino en nombre de la República de Colombia.
Barreto está vinculado al proceso de «Las marionetas» por trafico de influencias y por su «interés indebido» en la celebración de unos contratos del Departamento Administrativo de Prosperidad Social (DPS) y la Empresa Industrial y Comercial del Estado para el Desarrollo Territorial (Proyecta). ¿Es la Corte Suprema de Justicia la culpable de que esto pase porque le autorizó hacerlo a cambio de pagar una fianza?.
Es que, punto aparte, es lo que produce la tierra del Señor de los Milagros que deja en manos de Jesuscristo la solución de una catástrofe como la del 10 de agosto.
Bien lo decía Santos Discepolo: «Qué vas a hacer si hoy murió el criterio, Jesús vale lo mismo que un ladrón»

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