Los Danieles. Un lánguido remate de año

Enrique Santos Calderón

Enrique Santos Calderón

Hacer un balance de este agonizante 2025, escoger los personajes del año, nombrar los acontecimientos más destacados, recordar las frases más célebres es un ejercicio periodístico tan rutinario como fútil. Por arbitrario o por obvio. 

Las guerras en Ucrania o en Gaza, el fenómeno de Donald Trump, el creciente y aún imprevisible impacto de la inteligencia artificial, la galopante crisis climática son todos hechos de mucho peso —difíciles de jerarquizar— en el devenir de este vapuleado planeta. 

En lo que concierne a nuestro hemisferio, lo más impactante han sido los ataques de Estados Unidos en el Caribe y el Pacífico contra embarcaciones sospechosas de transportar droga, con un saldo que ya pasa de cien muertos. Por todo lo que este hecho plantea para las relaciones interamericanas y el rol aún más beligerante que en estas se propone desempeñar el jefe de la Casa Blanca. 

Casi todos los gobiernos latinoamericanos han coincidido en su condena al régimen dictatorial de Nicolás Maduro, pero esto no ha significado un aval a la pretensión trumpista de avasallar militarmente a Venezuela, ni de regresar a la diplomacia de las cañoneras o a la política del «gran garrote», de la época en que Washington quitaba y ponía gobiernos a su antojo o fomentaba secesiones, como la que nos arrebató a Panamá, que también fue producto de la torpeza y miopía de nuestros gobernantes de entonces. Como el muy culto y bogotano presidente José Manuel Marroquín, quien se ufanaba de no conocer el mar y, ante la separación de Panamá, comentó: «¿De qué se quejan? Me entregaron un país y les devuelvo dos». 

Donald Trump no ha disimulado sus ganas de controlar de nuevo el Canal de Panamá. Es más: en días pasados anunció su intención de reclamarlo y volvió sobre el tema de la insostenibilidad del régimen madurista. Reiteró, además, que Estados Unidos no tolerará desafíos a su hegemonía continental, lo que indica que algo quiere hacer —y pronto— para que sobre esto no quede duda. ¿Será que aún no se ha producido la noticia del año? 

******* 

En Colombia, 2025 termina con indicadores económicos aceptables en medio de un recrudecimiento de la violencia subversiva. El país de las paradojas, definitivamente. 

Los jurásicos del ELN lanzan otro de sus “paros armados”, con militares asesinados, vehículos incendiados, vías bloqueadas y comunidades confinadas, mientras que las narcotizadas disidencias de las FARC insisten en su vieja lucha armada (aunque ahora con drones), esta vez contra un gobierno de izquierda.  

Unas guerrillas anacrónicas, fanáticas y psicorrígidas, incapaces de entender el entorno político nacional, ajenas al internacional, atrapadas por su pasado y que llevan sesenta años en lo mismo: en la simple supervivencia armada. Una vigencia derivada tanto de la extorsión y del saqueo de las rentas del Estado como de la amplia cobertura mediática de la que gozan. Y es que también viven del generoso despliegue televisivo que reciben sus acciones. 

Otra paradoja nacional es el efecto casi nulo que han tenido las iniciativas de paz de un presidente que les ha dado estatus político a estos grupos armados. 2025 no trajo nada nuevo en este frente, lo que confirma el lánguido remate de año para un gobierno que, además de la detención de sus exministros de Gobierno y Hacienda por desvío de fondos, también vio hundirse dos de sus proyectos clave: las reformas tributaria y de la salud. Quedaron en el aire la reforma rural, que debería aprobarse, y la que crea el Ministerio de la Igualdad, que merece sepultura definitiva. 

Y prepararnos para lo que viene. 

P.S.1: Impactante y positiva la captura de nueve oficiales del Ejército por corrupción y nexos con grupos armados ilegales. Impacta porque son varios y el fenómeno es repetido, pero reconforta que la contrainteligencia del Estado —y de los propios militares— detecte a tiempo a estas “manzanas podridas”. 

P.S.2: Un puñado de escritores han dicho que no asistirán al Hay Festival de Cartagena porque fue invitada María Corina Machado, quien dedicó su Premio Nobel de Paz a Donald Trump. Dedicatoria tal vez innecesaria y equivocada, pero no significa que deba vetarse a quien ha sufrido implacable persecución en la lucha por restaurar la democracia en su país. Bienvenida, María Corina, y ojalá la veamos en Cartagena. 

Feliz Navidad y Año Nuevo les deseo a los lectores de esta columna, que reaparecerá a fines de enero.

Sobre Revista Corrientes 5008 artículos
Directores Orlando Cadavid Correa (Q.E.P.D.) y William Giraldo Ceballos. Exprese sus opiniones o comentarios a través del correo: williamgiraldo@revistacorrientes.com