
Jonathan Bock
Las rayas del tigre no son un adorno: definen su identidad, su biología y su estrategia. De la Espriella ha iniciado al menos 109 procesos por los delitos de injuria y calumnia. Esos casos tampoco son un adorno; por el contrario, desnudan las intenciones del candidato presidencial. Él no quiere corregir hechos: busca dominar a quien piensa distinto.
Conocí a Abelardo De la Espriella hace nueve años. Ocurrió en una Casa de Justicia, durante una audiencia de conciliación. Entró al despacho dando gritos. Recuerdo con precisión que dijo: “Tuve que venir en mi avión desde Miami” solo porque “este sujeto con cara de drogadicto” cree que puede decir lo que quiera sin consecuencias.
El sujeto era yo. Acudí a la cita porque quien hoy es candidato presidencial me había denunciado por injuria. El motivo fue una columna publicada en agosto de 2016 en Semana, titulada Better Call Abelardo. En esa época mi trabajo consistía en documentar agresiones contra periodistas en la FLIP y, con cierta frecuencia, escribir una columna en la revista.
Iniciada la audiencia, la fiscal le preguntó qué información quería que rectificara, pero De la Espriella no tenía ninguna exigencia concreta. Su pretensión era que yo escribiera otra columna, igual de extensa, pidiéndole perdón y aclarando que no tenía certeza alguna sobre lo que había escrito.
En mi texto no había mentiras ni datos imprecisos, o al menos él nunca pudo probar que los hubiera. La columna describía los engaños evidentes que su bufete de abogados promocionaba bajo una nueva línea de negocio: Clean Ups. Ofrecía borrar “cualquier información negativa” de internet, medios impresos y televisión, y crear otra que beneficiara al cliente. Promesas inviables, engañosas. Sin embargo, su rabia no tenía que ver con la columna en sí, sino con haberlo comparado con Saul Goodman, el caricaturesco abogado defensor de mafiosos de la serie Breaking Bad.
La audiencia fue una coreografía de poder. Conmigo, amenazas: “Te voy a quitar a ti y a tu familia hasta el último centavo”. Con la fiscal, su discurso se teñía de indignación moral, de defensor de la verdad: “Señora fiscal, alguien tiene que ponerle límites a los periodistas que se creen intocables, que se sienten con libertad de mentir y acabar moralmente con las personas”. El cierre fue físico: empujó a mi abogado, amagó con golpearlo y fue retirado por su propio escolta. Hoy sé que la comparación fue injusta… para Saul Goodman, que, aunque tiene un código ético torcido, es humanamente reconocible y siente genuina empatía por los marginados, por quienes no tienen poder.
Años después, como director de la FLIP, entendí que mi caso no fue una anécdota aislada. Era un patrón. Según datos de la Fiscalía General, entre 2008 y 2019 existieron 109 procesos en los que De la Espriella fue denunciante por los delitos de calumnia e injuria. Aún a la espera de saber cuántos nuevos casos han ocurrido desde 2019 en adelante, y de acuerdo con los archivos públicos disponibles, ningún abogado en Colombia se acerca a este récord.
La mayoría de esas 109 denuncias, como la mía, terminaron archivadas, dejando claro que los denunciados ejercieron su derecho sin cometer ningún abuso.
En las primeras semanas de 2026, De la Espriella volvió a amenazar con acciones contra periodistas y abogados, esta vez contra La Silla Vacía y Ana Bejarano. En una entrevista con Caracol Televisión se justificó así: “¿Tú has visto cómo se refieren a mí todo ese combo de periodistas, o de politiqueros disfrazados de periodistas? Yo no me la voy a dejar montar de la FLIP, con quien he tenido una discusión histórica, porque eso es un directorio político. Yo respeto a la prensa seria, no a los tramadores. Yo no tengo problema en que pregunten, en que digan; lo único que pido es que no digan mentiras. ¿Es eso mucho pedir?”.
Al finalizar, sonrió, cerró con un “no más preguntas, su señoría” y extendió el puño hacia la periodista, socarrón.
El tigre no necesita explicar sus rayas. Las muestra. Abelardo ha demostrado, durante años, que desprecia a quien piensa diferente; que no duda en utilizar el sistema judicial como mecanismo de hostigamiento; que los periodistas que lo cuestionan serán blanco de ataques. Como dicta el libreto de toda campaña presidencial, De la Espriella asegura respetar la libertad de prensa. Sin embargo, su expediente, lleno de casos contra periodistas, habla más claro que sus anuncios de campaña: si llega al poder, el costo de hablar libremente será alto.
Jonathan Bock, periodista
*Ocupó la dirección de la FLIP hasta mayo del 2025

Este periodista Jonatan Bock,que hasta ahora lo veo actuar, como publica tener conocimiento de 109 procesos por injuria y calumnia, iniciados por el precandidato Abelardo De la Espuiella,debería también decir cuantos fueron concluidos. Tambien decir si este abogado ha tenido sanciones disciplinarias o ha sido sentenciado por manejos indebidos en el ejercicio de su profesión de abogodo.