
Enrique Santos Calderon
Menos mal se echo para atrás. Pero la sola advertencia no tiene precedentes. Amenazar con aniquilar a todo un país –Irán– y “destruir su civilización” no se le ocurrió ni a Hitler, ni a Stalin en sus peores delirios totalitarios. Noventa minutos antes de la hora de su ultimátum –8 de la noche del martes– sorpresivamente habló de un cese del fuego de 14 días para buscarle una salida negociada a la nueva guerra que se le está complicando.
Esas amenazas apocalípticas recuerdan otras arrogancias de poder que han llevado a Estados Unidos a momentos trágicos y dolorosos. La frase de bombardear al adversario “hasta la edad de piedra” la soltó hace 50 años en Vietnam el general Westmoreland y hay que ver cómo les fue. Terminó nada menos que en la primera derrota militar de su historia, a manos de un ejército de campesinos descalzos.
El cambio de actitud obedeció a la mancomunada presión de muchos estados –de China al Vaticano– sobre Trump para desescalar un conflicto que puede desembocar en una guerra mundial. Hasta su compatriota el papa León XIV, en un pronunciamiento inusualmente fuerte, calificó como “inaceptable” el comentario de Trump de bombardear sin compasión la infraestructura civil de la república islámica. Pero lo más inaceptable fue la respuesta grotescamente amenazante del subsecretario de Defensa, Elbridge Colby.
“Estados Unidos tiene el poder militar para hacer lo quiera en el mundo (…) y más vale que la Iglesia católica este de su lado” advirtió el alto funcionario de Trump. Todo el mundo quedó estupefacto. Nunca antes se había registrado un pronunciamiento de esta índole, que ha tensionado aún más las relaciones entre la Casa Blanca y la Santa Sede.
Pero mas allá de los ruegos y gestiones internacionales, pienso que en el reversazo de Trump primó el temor de que EE.UU. pueda terminar empantanado una vez más en una guerra eterna, costosa e inganable. Algo que como candidato juró que nunca haría.
Los bombardeos no han producido la capitulación de Irán y el control del estrecho de Ormuz, por donde fluye gran parte del petróleo que consume el mundo, requeriría una masiva presencia militar (estimada en cerca de 40 mil efectivos) y una permanencia sobre el terreno que la opinión estadounidense no parece dispuesta a respaldar. El fantasma de Vietnam pesa mucho.
Puede resultar una operación indefinida según expertos militares y no hay indicios de que el país tenga la voluntad o el ánimo para asumirla. “Nunca pensamos que duraríamos tanto tiempo en Vietnam, o que estuviéramos metidos 20 años en Afganistán o en Iraq” recordó un alto oficial del Pentágono. Y todos también recuerdan cómo en los pantanos vietnamitas se ahogó la popularidad del presidente Lyndon Johnson. Algo que un político tan sagaz como Trump tiene muy en cuenta, pues las bravuconadas bélicas en medio oriente ya están golpeando la suya.
En esa época, en la selva asiática cada semana morían por decenas los jóvenes soldados gringos; más de 50 mil fue el saldo final, lo que hoy resultaría inconcebible. En los tres meses que lleva la “Operación Furia Épica” contra Irán han caído 13 militares de EE. UU. y esa cifra ya ha sido problemática para el gobierno Trump, que Irán y sus aliados asumen no tiene la paciencia, disciplina o vocación para encontrarle salida digna a un conflicto cada vez más delicado y complejo.
¿Estamos ante un recurrente e interminable “choque de civilizaciones” e ideologías? ¿De un problema que se puede resolver con inteligencias artificiales, drones y bombardeos aéreos? ¿O de la oportunidad para que los poderes en conflicto demuestren que si se puede negociar de buena fe y acordar salidas pacíficas? Ojalá sea esto ultimo y ojalá sea pronto. Porque las tensiones aumentan y nunca se sabe por dónde brinca la liebre…
*****
Resulta inconcebible, por decir lo menos, que aún no se haya solucionado el lío de los pasaportes. Es más, que se haya agravado. Son miles los colombianos perjudicados, aquí y en el exterior, por el despelote de la Cancillería y la incapacidad del alto gobierno –del Estado en realidad– para solucionar un problema originado en la plataforma tecnológica del ministerio, que viene de tiempo atrás. Desde 2023 los empleados del Ministerio advirtieron sobre su gravedad y no se tomaron medidas.
Da grima pensar en la angustia y zozobra de tantos ciudadanos —menores, viejos, discapacitados—que esperan largas horas para que les digan que “se cayó el sistema” y vuelvan otro día. Una absoluta falta de seriedad y de compromiso con la gente, que raya en lo abusivo. En el exterior viven cerca de seis millones de compatriotas, los que mandan las remesas que mantienen a flote la economía y deben soportar la indolencia de gobiernos que poco se interesan por ellos.
La Fiscalía llamo a juicio al excanciller Álvaro Leyva. Algo tendrá que ver, pero el problema no radica en un individuo sino en la estructura y funcionamiento de una dependencia carcomida hace tiempo por pugnas burocráticas y nombramientos clientelistas. La Cancillería explicó que hay una “amenaza cibernética sobre el sistema tecnológico”. Suena a disculpa escapista que augura que no habrá solución rápida a este lío.
Y pensar que hace algunos años la expedición de pasaportes era admirable por su rapidez y eficiencia. Lo que hoy ocurre es patético síntoma de desbarajuste y retroceso en funciones claves del Estado. Para atrás como el cangrejo se llama esta figura.
P.S: En el Día Nacional de Memoria y Solidaridad con las Víctimas se reveló que mas de medio millón de militares y policías han caído defendiendo a las instituciones durante el conflicto. Una cuota de sacrificio por la democracia que supera con creces a la de cualquier otra fuerza armada del Continente. Algo para tener muy en cuenta.

Dejar una contestacion