Por Gabriel Ortíz
Nunca se había visto a los colombianos madrugar y correr con tanto ímpetu, como lo hicieron la madrugada de este 31 de mayo, para escapar de Petro y el M19 que los constriñen desde el 2022. Petro alegremente anunció muy temprano su voto por Cepeda, pero sus ojos se fueron encharcando y goteando, cuando empezaron a conocerse los resultados electorales.
Como nadie quería perder el derecho al voto que, la democracia y la Constitución, aún les conservan, procedieron a buscar afanosamente las urnas que los lleven de nuevo a esa Colombia, que los llenaba de vida, bienestar, progreso, seguridad, salud, prosperidad, trabajo, éxito y razones de existir.
Buscaban el candidato de salvación: ese que los librara del “petrismo” y ese oprobioso M19 que cada día ha roto el país en mil pedazos destruyendo lo que existía y preparándonos para la hecatombe que nos convierta en Cubas, Venezuelas y demás pueblos en donde imponen las más despóticas dictaduras. Esos cesarismos, rituales y fascismos, están en las cartillas que Petro y sus conserjes tienen listas para aplicar a partir del 7 de agosto, con Cepeda o sin él.
La valentía de los colombianos, está malogrando y sepultando las plañideras pretensiones del hasta hoy presidente. No tiene cómo engrifarnos a su desorientada izquierda nutrida de rituales y herejías para deshonrar, humillar e infamar.
A Petro, y a su funesto gobierno, se les fue el hueso al pozo. Está a punto de renunciar y asumir la dirección de la campaña de Cepeda, pero perdería las ansias y extravíos de su cargo. Y ya, sin ese inalcanzable salario y demás prebendas, que le aportan avión privado, fortunas de sus separadas amigas, fondos que tiene en la “lista Clinton”, aquellos que dicen poseer encaletados en cajas fuertes de los Emiratos árabes, y tantas gabelas más, quedaría como la pobre viejecita de la fábula.
La enganchada y bravata del domingo, se agigantó cuando le notificaron que no tenía autoridad alguna para calificar de fraude electoral al evento transparente y limpio, que motivó a un país a correr hacia las urnas para elegir presidente y gritar: “fuera Petro”.
Fueron millonadas las que sustrajo y expolió al presupuesto nacional, para intervenir ilegalmente en política, comprar votos, firmar contratos y financiar concentraciones de él y Cepeda. Con caravanas de buses, comida, dinero efectivo y cuanto se les ocurría, promocionaban al candidato.
Sus conserjes parecen haberlo “tumbado” con los contratos para repletar las urnas con votos a favor de Cepeda, quien perdió.
Nadie obedeció a Petro sus aciagas intenciones de llevar a Cepeda a la Casa de Nariño, para disfrutar y mantener los jugosos contratos y negociaciones con el Estado, para prohibir la exploración y explotación de hidrocarburos, la perforación y excavación minera y cuanto más se les ocurriera.
Si de elecciones limpias, o de fraude se habla, ni Petro ni nadie ha justificado el triunfo en 2022, cuando superó en millones los topes durante la campaña que lo llevó al poder. Cosas así se denominan fraude, engaño, falsedad y trampa.
Petro, el de la lágrima floja, el derrotado, debe estar absorto ante los resultados en materia económica, social, respaldo político, recuperación de la paz, la salud y tatos temas más que florecen en el país, tras los resultados de las elecciones del 31 de mayo.
BLANCO: Los medios han impedido que Petro arme un fraude ficticio que ni Cepeda encuentra. La MOE-UE y otras organizaciones internacionales, otorgaron a la Prensa privada colombiana reconocimientos por su gestión objetiva, imparcial y neutral durante la campaña electoral, mientras la oficial estuvo plegada totalmente al gobierno.
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