
Daniel Coronell
El patrimonio de uno de los vicepresidentes de Ecopetrol creció inexplicablemente en siete mil millones de pesos. La principal empresa de Colombia paga salarios buenos a sus ejecutivos, pero las cuentas no dan para llegar a esa cifra. La información fue entregada en febrero de este año al presidente de la compañía, Ricardo Roa, por la Unidad de Información y Análisis Finaciero, UIAF. Diez meses después, nada ha pasado. La Fiscalía no ha recibido ninguna denuncia por estos hechos y el funcionario cuestionado sigue tranquilo, y contratando, en uno de los cargos más elevados de la empresa.
El próspero empleado se llama Bernardo Enrique Forero Duarte y es el vicepresidente de Ecopetrol para la región Andina Oriente.
En el momento en que la UIAF informó sobre el considerable aumento de su patrimonio, el ingeniero Forero ya había sido objeto de varios “Reportes de Operaciones Sospechosas (ROS)” que están llenándose de polvo en los archivos de Ecopetrol.
Uno de esos informes relaciona denuncias de 2023, según las cuales el ingeniero Forero habría incurrido en favorecimiento a una empresa de suministro de válvulas y tuberías, a la que le asignó 35 contratos por una suma superior a los 67.000 millones de pesos.
De acuerdo con ese reporte ya existían quejas contra él antes de ser vicepresidente. La multinacional FTI Consulting adelantó una investigación en 2016, por encargo de Ecopetrol, e identificó una alerta de “enriquecimiento sin justa causa por parte del señor Bernardo Forero Duarte”. De eso fue informada la Gerencia de Asuntos Disciplinarios que, en ese momento, decidió archivar la investigación porque, según su análisis, las conductas ya estaban prescritas.
Prescritas o no, esas informaciones eran suficientes para que, de ahí en adelante, se examinaran con lupa las actividades del ingeniero Forero, sobre quien existían dudas éticas desde cuando se desempeñaba como gerente de Operaciones, Desarrollo y Producción.
Otro reporte indica que Bernardo Forero, junto con otro funcionario, “presuntamente en reiteradas ocasiones ejercen presión y/o buscan alianzas con contratistas de la empresa con el fin de recibir dinero a cambio de asignaciones de contratos en procesos de licitación abierta (…) en Caño Sur, Rubiales y la ciudad de Neiva”.
El 11 de marzo de 2024, la dirección Corporativa de Cumplimiento entregó una comunicación entre el ingeniero Forero y una empleada del Banco Pichincha, a quien él le confesó que era el verdadero dueño de la Ladrillera El Encanto, aunque en papeles figurara a nombre de una hermana suya llamada Leidy Katerine Forero Duarte.
La mayor parte de esta información la recibió en la mano el presidente de Ecopetrol Ricardo Roa, el 20 de febrero. A pesar de la gravedad de los informes, no hubo ninguna acción por parte de Roa o de la vicepresidenta corporativa de talento organizacional, Victoria Sepúlveda. Las denuncias fueron rápidamente engavetadas.
Llamé ayer sábado al ingeniero Forero para obtener su versión sobre estas informaciones. Inicialmente no respondió. Pasadas unas horas, recibí una llamada desde su número celular. Cuando me identifiqué, se cortó la comunicación y ya no volvió a contestar.
Es justo decir que Bernardo Enrique Forero Duarte no entró a Ecopetrol en la presidencia de Ricardo Roa. Ingresó a la compañía en 2006. Lo inexcusable es que una persona, sobre la cual pesaban sospechas desde 2016, haya llegado a ser vicepresidente –en 2023– bajo esta administración.
Aún más sorprendente es que sus conductas, presuntamente corruptas, no estén en conocimiento de las autoridades.
La Unidad Investigativa del diario El Tiempo reveló este fin de semana la existencia de una lista de más de cien personas que han sido investigadas por la UIAF por encargo de Ecopetrol.
El objeto de estas investigaciones no parece ser la depuración de la compañía, a juzgar por casos como el del ingeniero Forero que, dicho sea de paso, es muy grande pero no es el único.
Todo indica que la administración de Ecopetrol viene usando a la UIAF, la inteligencia financiera del Estado, para espiar sindicalistas, altos funcionarios e incluso miembros de la junta directiva, potenciales adversarios del actual presidente, no para actuar ejemplarmente, sino para mantenerlos controlados.
