Los Danieles. Camus y el balón

Daniel Samper Pizano

Daniel Samper Pizano

Luego de muchos años en que el mundo me ha ofrecido numerosas experiencias, puedo decir finalmente y con toda seguridad que cuanto sé sobre la moral y las obligaciones humanas lo aprendí en el fútbol. 

Albert Camus

La frase anterior, pronunciada en un ciclo de conferencias políticas en Argel, cambió el fútbol. O, mejor, cambió la manera como la sociedad mira el fútbol. El episodio ocurrió hace setenta años, el 22 de enero de 1956, y reveló la pasión de un gran intelectual por un juego que muchos consideraban plebeyo y zafio, en contraste con la elegancia del polo, el prestigio grecorromano del atletismo o la gracia del tenis. 

Albert Camus disparó estas palabras con la fuerza y tino de quien tira un penalti. Él era ya un escritor destacado por sus obras que exploran el absurdo de la existencia y la tenacidad del ser humano al sobreponerse a su destino. Tenía entonces cuarenta y dos años; estaba a dos de recibir el Premio Nobel de Literatura y a cuatro de morir a mil por hora en una carretera próxima a París.  

Había nacido en una familia de escasos recursos en Argelia, país africano de la costa mediterránea que se resistía a seguir siendo colonia francesa. Desde chiquito el balón fue su mejor amigo, como aún sucede con la mayoría de los niños del mundo, pese a consolas y videojuegos. Durante un tiempo Albert se desempeñó como un aceptable atacante, pero los retratos de quinceañero ya lo muestran ataviado con las prendas características del portero: boina, rodilleras, guantes, buzo… Resulta lógico que hubiera buscado el difícil puesto, pues el arco constituye frecuente refugio de sujetos raros que pasan buena parte del partido apoyados contra un palo mirando correr a sus compañeros pero listos para ejercer el privilegio de golpear la pelota con manos y pies. 

No son pocos los escritores, filósofos y versificadores que, siguiendo el ejemplo de Camus, incorporaron el fútbol a su temario. Ahí están los poemas de Miguel Hernández y Vinicius de Moraes; sabrosas columnas, como las de Jorge Barraza, Juan Villoro y Jorge Valdano; cuentos y crónicas de elevado nivel literario, como los del Negro Fontanarrosa, Ricardo Silva y Nick Hornby. Camus derribó el cerco antiséptico al mostrar su cariño por la popular y universal materia prima de sueños. Conocidos músicos y autores inspirados por él se alinean con el número uno a la espalda: Joan Manuel Serrat, Vladimir Nabokov, Mario Benedetti, Álex Grijelmo, Julio Iglesias, José Alfredo Jiménez…  

Prisionero en los pocos metros cuadrados de arena o pasto que son la patria del arquero, el niño argelino avanzó en el arte de las patadas y formó parte, entre 1928 y 1930, de la escuadra juvenil del Racing Universitario de Alger (RUA). Quizás la primera vez que confesó la trascendencia del fútbol en su vida fue poco antes de dictar aquella conferencia política en 1956. Entrevistado por una revista precaria afirmó: “Lo que aprendí sobre la moral y los deberes me lo enseñó sobre todo el RUA”. 

Consta en las reseñas que fue un buen portero, generalmente, por encima del nivel del equipo. Un boletín de 1930 reseña cierto partido en que el RUA perdió por uno a cero. “El mejor de todos fue Camus —dice el periódico—. Realizó una espléndida exhibición y solo lo batieron por un enredo en el área”. 

La mala salud, menos compasiva, lo apartó pronto de la cancha. Una tuberculosis lo forzó a abandonar la práctica del fútbol, pero al mismo tiempo le sirvió de ábrete sésamo a los libros. Obligado a convalecer del mal en casa de un pariente suyo que gozaba de buena biblioteca, descubrió en ella el camino que lo condujo al premio más valioso de las letras y a un lugar eminente entre los autores del siglo XX. Sesenta y cinco años después del accidente que acabó con su vida, Camus continúa ejerciendo poderosa influencia en la literatura y el pensamiento contemporáneos. 

Camus, sentado al centro, fue el portero del Racing de Argel.
Camus, sentado al centro, fue el portero del Racing de Argel.

Cuando emigró a Francia y se volvió escritor famoso, el argelino depositó su afición en otro equipo de nombre y colores semejantes al de su infancia: el Racing de París. Regularmente lo veían animándolo en el estadio, “el único sitio, con el teatro, donde me siento inocente”. 

En su tierra, muchos argelinos humildes lo recordaban más por el guante que por la pluma. Dice uno de sus biógrafos que Albert visitó Argel siendo ya autor célebre, y un taxista se quedó mirándolo y le preguntó: “Oye, ¿no eres tú Camus, el que atajaba goles en el Racing?”. El nobel asintió, más orgulloso que si le hubiera preguntado por su último libro. 

En muchos sentidos, no solo en el deportivo, Camus marcó pautas para la Europa herida tras la II Guerra Mundial. La suya fue una voz que buscó afincar la esperanza y entendía que si la vida no es absurda al menos lo absurdo es parte clave de la vida. Tal vez pensaba en los guardavallas cuando sostenía que “toda grandeza tiene sus raíces en el riesgo”. Y en su papel en la sociedad al declarar que “Escribir es disconformidad, no estar de acuerdo”.  

Camus fue un demócrata de izquierda y un pacifista. Durante la lucha de independencia argelina alguien intentó que apoyara la violencia como recurso justo de combate. “Están poniendo bombas en los tranvías —respondió él—. Mi madre podría viajar en uno de esos tranvías. Si eso es justicia, prefiero a mi madre”. 

El novelista pudo dar prueba de su vocación de demócrata en una circunstancia histórica para Colombia. Fue el 7 de diciembre de 1955, cuando pronunció en París un memorable discurso en defensa de la libertad de prensa en nuestro país durante un banquete en honor de Eduardo Santos. Pero, tal como en los partidos de fútbol, este episodio se queda para el segundo tiempo: ¡no se lo pierda el próximo domingo!  

ESQUIRLA. Recomiendo el excelente discurso de Yolanda Ruiz al ganar el Premio de Periodismo Simón Bolívar en la edición de 50 años. Medio siglo…O sea que el premio también es menopáusico, como el podcast de Yolanda y María Elvira Samper.

Sobre Revista Corrientes 4863 artículos
Directores Orlando Cadavid Correa (Q.E.P.D.) y William Giraldo Ceballos. Exprese sus opiniones o comentarios a través del correo: williamgiraldo@revistacorrientes.com