Los Danieles. El testigo asesinado

Daniel Coronell

Daniel Coronell

La juez Claudia Marcela Castro ordenó esta semana que “se investigue a Álvaro Uribe Vélez, Santiago Uribe Vélez y al general Ospina como presuntos determinadores del homicidio de los ciudadanos Jorge Eduardo Umaña Mendoza y Jesús María Valle Jaramillo”. La orden es parte de la sentencia que condena a 28 años de cárcel al exsubdirector del DAS, José Miguel Narváez, por el secuestro de Piedad Córdoba a manos de los paramilitares. Narváez, además, purga una pena de 30 años de cárcel por el asesinato de Jaime Garzón. 

La condena señala que se puede inferir la existencia de una estructura organizada que mató a los abogados defensores de derechos humanos Umaña y Valle, al senador Manuel Cepeda Vargas y al humorista Jaime Garzón. El fallo judicial dice que la organización criminal actuaba “en coordinación con actores estatales y operadores ideológicos”. La juez cita el testimonio del paramilitar Francisco Villalba. 

Inmediatamente, el expresidente Uribe calificó la decisión de la juez de “miserable” y aseguró que el testimonio de Villalba ya fue desechado por la justicia. La verdad es distinta. Las declaraciones del paramilitar asesinado siguen siendo fundamentales para la investigación de estos crímenes y de la masacre de El Aro. 

Villalba, un paramilitar y antiguo sicario, confesó que fue uno de los ejecutores de la terrible matanza de 17 personas en el pequeño corregimiento donde también violaron mujeres frente a sus hijos, torturaron y mutilaron al tendero del pueblo a quien ataron a un palo, le arrancaron los testículos, los ojos y después el corazón. Según su testimonio, mientras todo esto pasaba, dos helicópteros sobrevolaban para apoyar al grupo criminal. Uno pertenecía a los paramilitares. El otro era de la Gobernación de Antioquia, un aparato pintado de amarillo.  

El gobernador de ese momento, Álvaro Uribe, afirma que las bitácoras oficiales no registran que un helicóptero de la gobernación hubiera transitado por esa zona, el día de la masacre. En cambio, Salvatore Mancuso me confirmó, en una entrevista para La W, que uno de los helicópteros de la gobernación sobrevoló El Aro mientras tenía lugar la sangrienta operación. Rosa María Posada, sobreviviente de la masacre, también declaró haber visto el helicóptero amarillo el día del asesinato masivo. 

Villalba afirmó que antes de la matanza hubo una reunión a la que asistieron “Álvaro Uribe y Santiago Uribe, el señor Mancuso, Cobra, Noventa, Carlos Castaño, mi persona, Junior y los 22 hombres que yo tenía bajo mi mando”. 

Poco después de su declaración, en 2008, durante el segundo período presidencial de Uribe, llegó a manos del entonces jefe de Estado una carta con firma y huella de Francisco Villalba. En el escrito, con buena caligrafía, el paramilitar prácticamente iletrado firmaba un texto en el que se retractaba en términos pomposos: “Quiero pedirle perdón a usted por haber mancillado su nombre y ponerlo en la palestra pública”.  

Con satisfacción, Uribe hizo pública la comunicación. Lo que jamás pudo explicar es cómo llegó la carta a la Casa de Nariño. No tenía ningún registro de radicación, ni había sido enviada por correo. 

Villalba le dijo al periodista Arnulfo Méndez, de Noticias Uno, que él no era el autor de la carta. Contó que le había firmado una hoja en blanco a su compañero de reclusión, Jesús Amado Sarria, porque le había dicho que la usaría para pedir el traslado a un mejor lugar. La letra era idéntica a la de otros escritos de Sarria, quien, además, tenía una amiga en común con el secretario jurídico del presidente, Edmundo del Castillo, recientemente condenado por el caso de las chuzadas.  

Aunque Francisco Villalba cumplía una condena de 33 años, salió de la cárcel de Itagüí por una polémica decisión de un juez de ejecución de penas. Solo disfrutó 23 días de su detención domiciliaria. Lo mataron a tiros de pistola con silenciador.

Las circunstancias de su muerte se repitieron –calcadas– unos años después con otro testigo llamado Carlos Enrique Areiza. La Corte Suprema de Justicia había pedido protección especial para él y para Juan Guillermo Monsalve, cuando abrió la investigación contra el expresidente Uribe.  

Areiza declaró que le firmó unas hojas en blanco a Jaime Restrepo, un militante de la extrema derecha conocido con el alias de “El Patriota”, cuando fue a verlo enviado por José Obdulio Gaviria a quien había llamado a pedirle ayuda. Según el testimonio, le dijo a Restrepo: “Hermano, yo estoy de verdad atemorizado, estoy cagado del susto, yo no quiero más esta persecución. ¿Qué tengo que hacer para que se pare todo esto? Entonces, él me dijo, ‘yo vengo en representación de las personas a las que usted llamó, entonces si usted nos quiere dar una muestra de confianza, entonces fírmeme las hojas y listo, y yo miro a ver qué hago con esto’”. 

Las hojas en blanco terminaron siendo una carta sindicando falsamente al senador Iván Cepeda de haberle ofrecido prebendas para que declarara contra el exgobernador de Antioquia Luis Alfredo Ramos.  

Imagen incluida en el artículo 'EL TESTIGO ASESINADO'

A Areiza lo sacaron de la cárcel sin ninguna protección. Dos meses después lo acribillaron en Bello, Antioquia. 

A propósito de su asesinato, el expresidente Uribe publicó un mensaje de Twitter que decía: “Comunidad. Carlos Areiza era un bandido. Murió en su ley. Areiza es un buen muerto. Si no, que lo diga Cepeda”. 

Imagen incluida en el artículo 'EL TESTIGO ASESINADO'

Mejor suerte ha corrido José Orlando Moncada Zapata, alias Tasmania, quien también le firmó hojas en blanco a un abogado llamado Sergio González, muy cercano a Santiago Uribe. Esas hojas fueron usadas para hacer una carta contra el entonces magistrado investigador de la parapolítica Iván Velásquez. Tasmania me contó en la cárcel de Palogordo que jamás había escrito eso.

Parece que hay un patrón en estos casos. Hasta ahora no hay ningún resultado en las investigaciones por los asesinatos de Villalba y Areiza. José Orlando Moncada, alias Tasmania, quien ya está libre, grabó un video que considera su seguro de vida. Su contenido se conocerá únicamente si atentan contra él.

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