
Enrique Santos Calderón
No es asunto de poca monta la elección como alcalde de Nueva York de un barbudo socialdemócrata musulmán de 34 años, nacido en Uganda, criado en India y naturalizado en 2018 como estadounidense. Es un acontecimiento político de alto impacto que sacudió de manera particular al neoyorquino Donald Trump, que es la cara opuesta de un Zohran Mamdani. El hecho ha sido señalado como “un nuevo amanecer” para el Partido Demócrata, aunque no necesariamente un trampolín hacia la presidencia.
Recientes alcaldes famosos de esa ciudad, como Lindsay, Giuliani o Bloomberg, no lograron proyectarse más allá de la Gran Manzana. Pero el caso de Mamdani, un hombre de orígenes y perfil diferentes, dotado de especial carisma —basta observarlo en la tele—, podría resultar otro cuento. Haber aglutinado a casi cien mil voluntarios para su campaña demuestra la acogida entre la juventud, y sus agudas respuestas a los ataques de Trump han resonado entre un público fatigado de la retórica insultante que sale sin cesar de la Casa Blanca.
Lo cual no indica que Trump vaya a moderar su lenguaje. Por el contrario, considera a Mamdani como un blanco perfecto y lo ha vapuleado hace tiempo como un extremista peligroso. Ahora, ante su triunfo, se pregunta con teatral angustia “cómo le irá a Nueva York con un comunista” y ofrece a la Florida, donde él vive, como “el refugio para los que huyan”. Aunque también sugirió —porque es un jodidazo— que le “podría ayudar un poco”, lo que se atribuye a los grandes negocios financieros e inmobiliarios que el presidente tiene en la ciudad.
Pero no hay forma de disimular el revés que estas elecciones locales en varios estados significaron para su gobierno. Lo deja notar en su semblante y en las explicaciones poco convincentes que ha dado, que se convertirán en ataques cada vez más frontales contra este atípico rival —“¿cómo es que se llama?”, pregunta— que le ha surgido. Mamdani tendrá que demostrar temple y madurez frente a la arremetida trumpista y republicana que ya se le vino encima.
Arrancaron con acusaciones de que es antisemita y partidario de Hamás porque critica a Netanyahu y ha cuestionado la actuación de Israel en Gaza. Y no se puede subestimar el peso de estas críticas en una ciudad como N.Y., con la mayor y más influyente población judía del mundo. En Tel Aviv, la elección de Mamdani cayó muy mal, y el ministro de Seguridad ha dicho que este “apoya a Hamás, odia a Israel y es un declarado antisemita”. De poco valen los desmentidos del alcalde electo, y todo indica que el nuevo jefe de la capital intelectual y financiera de los EE. UU. no contará con la simpatía del electorado judío. Algo ciertamente novedoso en la política neoyorquina.
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Zohran Mamdani tiene cuatro años para probarse, y lo único seguro es que concentrará la atención de todo el país en su gestión. Hay notoria expectativa sobre su capacidad de ejecución, y revistas como The Economist expresan inquietudes sobre la experiencia administrativa del “encantador socialista de Nueva York” y le sugieren mucha moderación. Lo rodea una imagen de radical que han alimentado medios de la derecha, pero también sus propias posturas progresistas, que poco calan entre una opinión conservadora que no se reconcilia con la figura de un joven musulmán izquierdoso al frente de los destinos de la principal ciudad del país.
Se abre, pues, un capítulo interesante y original en el devenir político de la primera potencia, que no deja de sorprender por un dinamismo democrático que puede desinflar el embrujo autoritario que sobre la nación ejerce su primer mandatario. Los recientes comicios locales son un síntoma diciente, pero aún falta mucho. La pregunta es si se lograrán frenar las pretensiones imperiales que muestra en el Caribe y que nos tocan muy de cerca.
La historia enseña que armar “guerritas” convenientes es un recurso habitual de gobernantes con popularidad desfalleciente, y preocupan su obsesión con Venezuela y las crecientes alusiones a Colombia como responsables del narcotráfico que amenaza y envenena a los americanos. Pero algo va del dicho al hecho, y cabe esperar que Trump no pase de sus sanciones comerciales y amenazas altisonantes. Cualquier incursión militar terrestre traería un escalamiento de consecuencias impredecibles.
Ah, y falta ver qué opina de estos temas la nueva estrella de la política gringa: el interesante y, para mí, aún inescrutable Zohran Mamdani.
PS.1: A todos nos persigue el recuerdo de esos desgarradores días de noviembre de 1985. Para siempre quedarán grabados el tanque entrando a roquetazos al Palacio de Justicia, la suplicante voz del presidente de la Corte Suprema, Alfonso Reyes Echandía, clamando por un cese al fuego, el rostro descompuesto del presidente Betancur, desbordado por los acontecimientos, el Palacio ardiendo durante horas con cien personas adentro…
Y la pregunta de siempre: ¿quién ordenó retirar, la víspera, la seguridad del Palacio? ¿Todos a una, como en Fuenteovejuna?
PS.2: Después del masivo lanzamiento en el Movistar Arena del antiguo “destripador de la izquierda” y ahora “tigre de la derecha”, Abelardo de la Espriella, muchos se preguntan cuándo recibirá el guiño de Álvaro Uribe, jefe indiscutible de esta corriente. ¿O se inclinará el supremo líder por el exministro de Defensa Juan Carlos Pinzón, que no se cansa de pedirle perdón por haber sido ministro de Santos? Los respaldará a ambos por ahora, porque si algo sabe Uribe es que la política es el arte de sumar fuerzas. Y luego veremos.
