Contraplano: Los goces de los crucigramas

Alberto Restrepo. Foto Pantallazos

Por Orlando Cadavid Correa

Vamos a evocar la memoria de la cuadriculada existencia de Alberto Restrepo Restrepo, quien partió de este mundo terrenal a los 85 años por culpa del cigarrillo, que no perdona. El finado crucigramista fue el único provinciano que le dio la talla en el siglo pasado, en sus niveles de dificultad y gracia, al bogotano Federico Rivas Aldana, el inolvidable Fraylejón.

Este paisa de todo el maíz –que en familia era apodado cariñosamente “Nengo” y que en los bebederos de guaro del centro de la urbe recibía el amistoso mote de “El Pisco”– estaba felizmente pensionado tras 30 años de servicios en El Colombiano, diario al que se vinculó una mañana (atraído por un aviso clasificado) como corrector de pruebas, figura que infortunadamente dejó de existir en todas las redacciones periodísticas.

Antes de entregarse por completo al regocijante ejercicio de las palabras horizontales y verticales para su “Pensagrama” (así se llamaba su crucigrama, que salía en la última página del suplemento dominical del periódico de sus entretelas), Restrepo fue editor, primero, de las noticias nacionales (las de Colombia Press y Colprensa) y, luego, de las internacionales, que mandaban sin descanso por los teletipos los redactores invisibles de las agencias de prensa desde los cinco Continentes. Algunas veces, a pedido de sus patrones, ofició como cronista y reportero o asesor de los entonces jefes de redacción, Juan José García y Luis Eduardo Muñoz.

Este ‘Fraylejón’ paisa, fiel confeccionador de semanales retos para su clientela, se deleitaba con fruición resolviendo sabiamente el crucigrama de su vida. Supo pasarla bien en los 85 almanaques que duró su tránsito por este mundo que a veces consideró “un acabadero de ropa”. Quiso todo lo que hizo e hizo todo lo que quiso. Molió periodismo a su manera, y  amó, bebió, leyó, paseó y divirtió con su singular estilo a los miles de crucigramistas que lo seguíamos devotamente en el diario de los antioqueños.

Hé aquí algunos de los chispazos cuadriculados de uno de los hijos más queridos de Ciudad Bolívar, su amado terruño del suroeste antioqueño, que limita con el departamento de Caldas:

1) No es sino grande y salado, de tres letras: Mar.  2) La primera horizontal, también de tres: Eva. 3) La eterna novia de Jesucristo: Sor. 4) Una más para la religiosa: Que no debe tener bebés. 5)  El que atiende por las dos ventanillas: bisexual. 6)   Por si las moscas, de tres: DDT. 6) Hija de Bolívar que se fue con Sucre, de cuatro: Tolú. 7) El padre a lo paisa: Apá. 8) La madre, Amá.  9) Baile de nuestras costas que es casi la representación del acto sexual: Mapalé. 10) De manubrio y contrapedal: vuelve y juega el bisexual.

El ex ministro, ex gobernador y ex alcalde Juan Gómez Martínez, que, como director del  periódico de su familia, lo tuvo en su planta de redactores, expresó así su sentimiento de pesar por la triste partida de este paisa ejemplar:

“La muerte de Alberto Restrepo me ha dolido por lo que él fue, por lo que representó en este diario cuando nos entretenía y en casos que nos desafiaba para resolver sus geniales “Pensagramas” que publicaba cada domingo. Eran unas preguntas o definiciones que planteaba para las horizontales y verticales en sus crucigramas que nos ponían a pensar de verdad, de allí su nombre…  Así era Alberto: familiar, alegre, de una inteligencia tal, que era capaz de inventar la pregunta para poner al lector a pensar y llegar a una respuesta cierta, sacada de su inteligencia suspicaz”.

La apostilla: Así se la puso algún domingo en su  “Pensagrama”, Alberto Restrepo, “El Pisco”, a la clientela de su crucigrama: De nueve letras: “Hacía programa con el Libertador Simón Bolívar y con el Padre Rafael García Herreros”. Respuesta, Manuelita

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