
Por Óscar Domínguez Giraldo
Siguen los ecos del encuentro Trump-Petro en Washington, una ciudad donde nadie es importante.
Si quieres ablandar al hombre que usa los aranceles como arma de guerra y tiene acceso al botón nuclear, métete primero tu dosis personal de nietoterapia. La fórmula la patentó el abuelo Petro, o Gustavo, como terminó llamando confianzudamente al presidente su anfitrión en el Despacho Oval, Donald Trump. Antes de su charla con Trump, Petro publicó en las redes una tierna foto con su nieta canadiense de dos meses, Mailé, voz de origen hawaiano que significa flor o regalo del mar. Quien ennietece queda inspirado de por vida. “Un abrazo fundamental antes de la reunión con Trump”, escribió Petro en sus redes. El resto fue pan comido.
Sin preguntarle a la bebé de dos meses qué hará cuando sea grande, su “abu” le puso tarea: “Ya pertenece a la nueva humanidad que luchará hasta lo más profundo de la vida propia y por la existencia”. Un poco enredado el legado como sus trinos, pero se le vale.
Al final, Petro hizo bien la tarea. Regresó ganador. Convenció a su anfitrión de que hay que perseguir a los cacaos del narcotráfico y ayudar a los campesinos colombianos a vivir del pan comer, no del pan aspirar: la hoja de coca, que será erradicada con las uñas.
Petro nos hizo quedar bien a sus paisanos que temíamos que su contradictor lo pusiera a compartir celda con Maduro. Llegó con insólita puntualidad, correctamente trajeado. Nada de ropa comprada en san Victorino ni escaparse en el camino con algún arrocito en bajo gringo. Trump no lo recibió a la entrada principal pero mantuvo lejos a los mastines de la ICE, la migra gringa que atropella migrantes y estadounidenses; aceptó los argumentos de Petro y al final le regaló su gorra de campaña a quien antes le había recomendando que se cuidara el trasero. Petro usó el precario inglés de Duolingo que maneja para agregarle una “s” a la gorra (Make America´S great again) para tratar de significar que hay que hacer grande a América, no solo a Estados Unidos. El apunte es tan ingenioso que parece mío.
Viendo y oyendo a Petro tan manso quedé al borde de un ataque de petrismo. Casi le pido que me preste plata o que me presente a las amigas de Benedetti. Si repite la dosis de ternura en Colombia y cambia de tono como lo hizo en Washington sin renunciar a sus convicciones viviremos en el mejor de los mundos. Su candidato que se las arregle sin la bronca al “americano feo” que tantos votos da. Gracias, pequeña Mailé por volver cómplices a estos descomunales egos.
