Vuelta 2020 con Vinos de España: Tempranillo (Ribera del Duero D.O.C., Altos del Terral 2016)

Pascal Ackerman en la vuelta a España. Ganó la etapa por descalificación a Bennet. Foto estilismo.com

Por Juan Carlos Rincón, Londres (www.blog.rincondecata.com)

El velocista alemán Pascal Ackermann heredó la victoria en la novena etapa de la Vuelta a España, primera sobre terreno llano de la segunda semana de competencia, cuando los jueces descalificaron al irlandés de Flandes, Sam Bennett, por conducta antideportiva.

Bennett -quien nació en Bélgica- fue sancionado porque en el último kilómetro cargó intencionalmente con su hombro contra el letón Emil Liepins, perturbando el embalaje final en el que luego superó a sus rivales.

El ecuatoriano Richard Carapaz mantuvo su liderato y la clasificación general no tuvo cambios en el Top-10 después de 157.7 kilómetros a través de las tierras históricas castellanas del Cid Campeador, entre ellas los viñedos de Ribera del Duero, una de las regiones vinícolas más importantes de España, y de las cuales surgen algunos de los vinos de culto más renombrados a nivel mundial como Vega Sicilia y Pingus.

De Ribera del Duero, otra región en la que domina la Tempranillo, llega nuestro décimo invitado a la Vuelta 2020 con Vinos de España: Altos del Terral, un vino de Crianza, varietal 100% con la uva tinta autóctona española más importante y su emblema internacional.

El vino proviene de la pequeña bodega familiar que es la pasión de un gran amigo, Paco Casas, uno de los mejores enólogos españoles y de los pocos estudiados en Burdeos -donde lo conocí hace 14 años- quien regresó a la Ribera del Duero en 1996 para ser el Director técnico y enólogo de la hoy famosa bodega Pago de los Capellanes en Pedrosa del Duero, proyecto en el que estuvo desde su fundación y por 22 años, hasta 2018. Todos los vinos de esta bodega actualmente en el mercado fueron elaborados por Paco, incluyendo los blancos de la uva Godello de la bodega O Luar do Sil en Galicia (D.O.Valdeorras).

Paco es uno de los enólogos más amables y generosos que he conocido, una mina de conocimiento y sinceridad, un amigo de quien he aprendido mucho en el mundo del vino, compartiendo en innumerables ocasiones catas, ferias, concursos y visitas en Burdeos, Londres, Madrid, Valladolid y en muchas bodegas en Francia y España. Gracias a él pude construir mi conocimiento de Ribera del Duero y entender y valorar la fuerza y dinamismo de una Denominación de Origen joven (1982) que produce algunos de los mejores vinos españoles y en la que la uva Tempranillo, a la que llaman Tinta del País, se expresa con increíble vigor y modernidad, gracias al uso mayoritario de barrica francesa, a diferencia de Rioja donde el roble americano con sus notas vanilladas -también se emplea europeo- es parte de su ADN. Dos grandes vinos, una misma uva, dos filosofías diferentes.

La Ribera del Duero se sitúa dentro de la cuenca del río Duero; una franja de 115 kilómetros de larga y 35 de ancha, con ondulaciones entre 750 y 900 metros sobre el nivel del mar, en la confluencia de las provincias españolas de Soria, Burgos, Segovia y Valladolid. En la Denominación de Origen (D.O.) hay cerca de 24.000 hectáreas de viñas plantadas, más de 8 mil viticultores y unas 300 bodegas, pero el área cultivada es apenas el 2% de toda España. La producción es fundamentalmente de vino tinto y Tempranillo es la uva mayoritaria (90%), y están autorizadas para mezcla el Cabernet Sauvignon, Merlot, Malbec y Garnacha. Los vinos blancos, minoritarios, emplean la uva Albillo que también se encuentra en los vinos de Madrid y de Galicia.

La altitud y climatología continental especialmente favorable (lluvias moderadas, veranos largos y secos, inviernos rigurosos y excelente amplitud térmica) permiten que el Tempranillo se exprese diferente y con mayor intensidad que en otras regiones y crear vinos finos de larga guarda y elegancia. En términos enológicos, esta uva crece mejor en altura porque es sensible a las plagas, poco resistente a las sequías y a las temperaturas altas de los veranos mediterráneos. Cuando hay sequía las bayas se contraen y cuando hay humedad se hinchan, con efectos negativos en la calidad (afecta el color). En los terrenos con piedra caliza y arcilla, la tempranillo se desenvuelve mejor que en zonas arenosas. Y las viñas jóvenes de menos de 12 años, con raíces más superficiales, no producen bien.

El sueño inició en 2008. Hoy es una gama de tres excelentes vinos 100% Tempranillo para todo presupuesto.

En 1996, al regresar de estudiar enología en Burdeos, Paco y su esposa Isabel Palomar comenzaron a trabajar en Ribera del Duero, él en Pago de los Capellanes llamado por Paco Roero para dirigir la producción, y ella en diferentes bodegas. El trabajo como enólogos y los recorridos permanentes en la región les permitieron comprender mejor los terrenos y zonas, y encontraron que en el pueblo de La Horra, al sur de Burgos, había aún parcelas antiguas. Se enamoraron de una de ellas: El Terral, en un cerro y con corrientes de aire que la protegen de las plagas. La compraron e iniciaron el sueño.

Los viñedos de Altos del Terral tienen entre 50 y 92 años y están ubicadas entre los municipios de La Horra y Roa de Duero, pero el Pago donde comenzó la aventura, “El Terral”, es una parcela de apenas 2 hectáreas en La Horra, a 900 metros de altura y con las vides más antiguas (92 años) sembradas en el sistema de vaso tradicional.

Decididos a producir un Ribera del Duero con la fuerza de un Burdeos y la elegancia de un Borgoña, le apostaron a la crianza en barrica francesa que proviene de cuatro tonelerías seleccionadas, lo cual permite un mayor control y hacer diferencia. Era lógico que ambos, enólogos bordeleses, dominaran los secretos del roble francés.

En enero de 2010 se embotellaron 3.162 de botellas (10 barricas) del primer vino: ALTOS DEL TERRAL T1, añada 2008. No tuve la fortuna de probarla pero en abril de 2015, aprovechando la invitación a catar en el concurso internacional “Premios Zarcillo” de abril 29 al 2 de mayo, me quedé la semana siguiente para visitar varias bodegas de Ribera del Duero y Paco gentilmente fue mi guía, en un viaje extraordinariamente exitoso.

Gracias a su invaluable generosidad y sus excelentes relaciones tuve la fortuna de visitar Pingus, Vega Sicilia, Dehesa de los Canónigos, Hacienda Monasterio, Pesquera, Viña Sastre y los viñedos de Alonso del Yerro, donde tuvimos la alegría de coincidir con el famoso enólogo consultor francés Stephane Derenoncourt (la competencia de Michel Rolland) y almorzar todos juntos. Por supuesto que también visitamos Pago de los Capellanes y visitamos el hermoso y singular viñedo de “El Terral” con el almendro centenario en la cresta del cerro que domina el paraje desértico. Además probamos los vinos de la Bodega Mauro del gran Mariano García, quien fue por 30 años (1968-1997) el enólogo de Vega Sicilia y creó en 1991 Alión, el vino más vendido de la casa -330.00o botellas anuales- ante la demanda de un Ribera del Duero joven de alta calidad.

Un delicioso Ribera del Duero joven, con toque francés y bien formado.

Después de tantas catas y experiencias, la noche del miércoles 6 de mayo Paco me invitó a cenar en el famoso restaurante de Aranda del Duero, El Lagar de Isilla. Se jugaba la semifinal de la Liga de Campeones entre Barcelona y Bayern Munich y el equipo catalán goleó 3-0 a los muniqueses. En otras ocasiones habíamos coincidido con encuentros de fútbol pero la noche era de vinos y Paco me presentó su Altos del Terral T1, de la extraordinaria cosecha 2010, con la que acompañamos el famoso “lechazo”, uno de los platos típicos de Castilla. En alguna de las cajas de mi último trasteo tengo las notas de cata, pero recuerdo que una de las sorpresas fue la complejidad de fruta y vitalidad de ese vino que tiene crianza de 16 meses en barrica francesa nueva. El lechazo es un plato fuerte y en la noche aún más, pero aquel vino fue sensacional y me alegró mucho conocer su creación. Estaba en proceso de germinación el Gran Vino de la bodega, la Cuvée Julia, nombrado en homenaje a su hija, que sólo se produce en las mejores añadas y pasa 24 meses en barrica francesa y otro año en botella antes de salir a la venta. El último se elaboró en 2015, coincidencialmente el año de mi cena con Paco, de la mano de Isabel.

Paco asumió la dirección de Altos del Terral en 2016, dos años antes de retirarse de Pago de los Capellanes. La bodega produce ahora 18.000 botellas anuales y tiene una gama de tres vinos; Crianza, T1 y su Gran Vino, la Cuvée Julia. Todos son 100% Tempranillo y responden a la misma filosofía de cuidar al máximo los detalles para lograr vinos elegantes, equilibrados, estructurados, complejos y que seduzcan a todos los paladares. Sus precios son muy asequibles: apenas 12€ el crianza, que es el vino básico y del que se producen 18.000 botellas (12 meses en barricas nuevas y seminuevas de roble francés). El vino primigenio, el T1, proviene de viñas de 60 años del Pago de San Cristóbal en La Horra y solo se producen 3,000 botellas anuales con una crianza de 16 meses en barricas nuevas que se venden a 24€. El Gran Vino, la Cuvée Julia, se ofrece a 36€ y es de producción casi confidencial con nivel Grand Cru francés.

Para la etapa de este jueves y una cena “semi española”, descorché el Crianza 2016, de una excelente añada y aún joven. Este vino se elabora a partir de las viñas más “jovenes” (de 50 años!) que se cosechan al final de la vendimia porque están plantadas en viñedos próximos al Río Duero, que son tierras más frescas. No lo sometí a decantación pero las copas se sirvieron media hora antes de comer y se revolvieron (agitaron) en varias ocasiones. Es de color rojo violáceo con excelente densidad, con bouquet de frutos rojos (ciruelas y moras), finas hierbas, notas de café arábiga y aromas terrosos. Ya en boca, el vino es redondo, muy estructurado, con una amalgama de frutos rojos, pimienta blanca y un delicioso sabor de mina de lápiz, mineralidad fresca y picante. Es muy persistente y me atrevo a aconsejar otros 2-3 años de guarda para apreciarlo aún más redondo. Es tema de gusto, pero hay juventudes que merecen ser esperadas y este Crianza 2016 con 14.8%Vol de grado alcohólico que no se sienten debido a su elegancia y equilibrio, es definitivamente un muy buen vino y creo que lo será aún más con otro tiempo de guarda. En este momento le doy 93 puntos y Excelencia en mi escala (equivalencia a 94 Decanter y 16,5/20) pero me temo que en dos años podrá ganar hasta un par de puntos.

En nuestro caso, la botella de Altos del Terral Crianza 2016, acompañó perfecto un guisado de chorizos desgrasados con garbanzos y aceitunas negras, en salsa de tomates frescos rallados y condimentada con romero, orégano, curry y una pisca de sal. Quería acercarme un poco a aquella noche hace cinco años en el número 18 de la Calle Isilla, mientras regreso a Ribera del Duero. Salud!

* Sitio oficial de la Bodega Altos del Terral: www.altosdelterral.com

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