Por Óscar Domínguez Giraldo
El Niño Dios tuvo niñez, infancia, adolescencia. Poco se sabe de ellas. Y fue el primer yupi. A los 33 años se las sabía todas. Papá Noel, como Don Fulgencio, el de las tiras cómicas, prefirió ahorrarse la infancia. Nació veterano de una vez. Se saltó varias vidas. Allí está la clave de su espléndida generosidad.
El Niño Dios y Papá Noel no nacieron para pedir, sino para regalar, para darse, un oficio que deberían enseñar desde preescolar.
Jesús fue hijo único, con las arandelas que ello implica. Los hijos únicos se tienen que inventar su propio mundo, dice uno de ellos, Keith Richards, guitarrista de los Rolling Stones que anda enfermo por estos días. (Que te mejores, Keith(. Papá Noel ha sido único en su especie.
Ambos han tenido buena prensa. El Niño Dios tuvo cuatro reporteros (evangelistas) que cubrieron su nacimiento… a posteriori. Papá Noel siempre será noticia de primera página en el corazón de los bípedos que lo admiran.
Los dos tienen casi doce meses para no existir. Como que apagan la luz de sí mismos en diciembre y desaparecen. ¿Para dónde se va la luz cuando se va? ¿Para dónde se van Jesús y Papá Noel cuando se les acaba su cuarto de hora decembrino? Eso no lo sabe ni la omnisapiente Inteligencia Artificial
La primera vez que lo consulté, años ha, del Niño Dios Google ofrecía 5.330.000 entradas. De Papá Noel 2.480.000. Dios es Dios.
De Niño, Jesús, o Chucho, para entrar en confianza, hacía de todo, como cualquier muchacho de su edad. Eso sí, a todo le metía teología, para ir haciendo la tarea que le fue encomendada. Papá Noel, con caminado de agnóstico, nunca se ha complicado la vida. Se dedica a ser papá ficticio. Y adiós.
Para un niño, el Niño Dios es un colega más. Desde su mundo, el menudo asume que el Niño Dios y él, son iguales. Papá Noel no se complica con la religión. Se limita a tener en los niños la razón de su sinrazón de existir.

La tierra vista por mi nieta Sofia a los diez años.
Al Niño Dios primero lo anunciaron los profetas. Todo salió como estaba escrito. No faltó ni la estrella que hizo las veces de linterna que alumbró a los tres Reyes Magos. Los historiadores decembrinos ven en San Nicolás, obispo de Bari, o de Myra, ciudad del Asia Menor, el antecedente más antiguo de Papá Noel.
San Nicolás, nacido a finales del siglo tercero y cuyo día se celebra el 6 de diciembre, tenía el palito para regalar. Nadie que le pidiera algo se iba con las manos vacías. Se le conoce como la cuota inicial de Papá Noel.
Todo el mundo conoce hasta el nombre de los padres del Niño Dios (José, buena persona pero mal carpintero como todos los de su gremio, y simplemente María). Papá Noel nació por generación espontánea.
El Niño Dios es el Niño Dios y punto. Papá Noel, en cambio, es creación de un teólogo y de un caricaturista. El teólogo Dr. Clement C. Moore escribió en 1822 un poema titulado Una visita de San Nicolás. Allí describía al personaje (Papá Noel) al cual le daría vida el caricaturista Thomas Mast, dibujante de la revista Harper’s weekly. Sus ilustraciones publicadas décadas antes de la Guerra Civil norteamericana pegaron… y “habemus Papá Noel”.
Nació el Niño y los tres Reyes Magos le llevaron oro, incienso y mirra. Era lo que Fenalco de la época sugería regalar. Papá Noel ofrece un menú de regalos más variado.
Cuando irrumpió Jesús en medio de “pobres y humildes pajas”, ya existía la costumbre romana de regalar. Si lo dice el historiador Suetonio póngale la firma.
Papá Noel, con su barba como la del fallecido exmagistrado Carlos Gaviria Díaz, y su pinta roja y blanca, puso desde un principio las cartas sobre la mesa. “Ego sum qui sum”, se identificó desde un principio y listo.
El arte de regalar le lleva tres años a cualquier lote de engorde. El mentado Suetonio precisa que los regalos ya eran una costumbre romana en tiempos de Jesús. También regalaban miel, frutas, faroles y monedas de oro.
Tad Tuleja, Suetonio de nuestros días, en sus “Costumbre curiosas”, asegura que la tradición de regalar que llegó con Papá Noel, se remonta al siglo XVIII.
Antes de ser Niño, Dios se hacía llamar Jehová, Yavé y similares. Papá Noel no se quedó atrás y desde que irrumpió le dicen Père Noel, en Francia, Father Christmas, en Inglaterra, Santa (¿) Claus, en Estados Unidos.
Muchos niños perdimos la inocencia teológica cuando el más listo de la cuadra proclamaba “urbi et orbi” en la mañana del 25 de diciembre: El Niño Dios es papá.
En el principio, el sitio obligado para dejar los regalos era debajo de la almohada. Nos dormíamos con un ojo abierto a la espera del amanecer que llegaba con regalo. Hoy la almohada solo se utiliza como siquiatra nocturno. ¡Cómo cambian los tiempos! Feliz Navidad y muchos regalos.
Los niños hablan de Dios
En la siguiente antología que he ido coleccionando a través de los tiempos, los bajitos hablan de Dios.
La madre le sugiere a Martín, cuatro años, que se acueste porque ya viene el Niño Dios con los traídos: “No conozco a ese niño y no quiero que entre en mi cuarto”.
Pregunta Luisa: “Mamá, ¿a vos te tocó la matanza del Niño Dios?”.
Era navidad y le habíamos regalado un corte de tela a la mamá de Sebastián, 6 años. Una tía le preguntó: ¿Qué le trajo el Niño Jesús a tu mamá? Respuesta: Un vestido sin hacer
En pleno diciembre estábamos hablando de los traídos del niño Dios. Estefanía (5 años) y nos dice muy seria: «¿Si el niño Dios es un niño porqué lo dejan salir solo a entregar regalos?
Marcus (6 años), le puso en paquete de manimoto al Niño Jesús en el pesebre. «¿Si a Papá Noel le dejamos leche con galletas, cómo no le dejamos nada al niño, abuelita?»
José Luis realiza un viaje a pie con un filósofo aficionado, campo adentro. El párvulo escucha que su abuelo le habla bellezas del viento: «Mira cómo se mueve…!».
Quién dijo miedo. El hombre que desertó de los pañales replica: «El viento no se ve. El viento se siente, pero no se ve. El viento es como Papá Dios. Papá Dios se siente pero no se ve. Es como los fantasmas que se sienten pero no se ven».
– ¿Quién te enseñó eso?, pregunta el perplejo abuelo, convertido en alumno de su nieto.
– Me lo enseñó mi papá . Pero Papá Dios se deja ver con magia.
– ¿Qué es magia para ti, José Luis?
– Magia es sacar un conejo de un sombrero. Abuelito: ¿tú puedes sacar a Dios de un sombrero?
Laura, 6 años, intrigada, le dice a su mamá: “Mami, me gustaría algún día conocer a Dios”. ¿Y qué le dirías? “Nada, mami: sólo quiero saber qué tan grande es”.
La maestra se acerca a la alumna y le pregunta qué está dibujando. “Estoy dibujando a Dios”, es la respuesta. “¡Pero nadie sabe cómo es Dios!”. La alumnita replica: “Lo sabrás dentro de un minuto”.
A los diez años, Luis Ernesto reflexionaba en diálogo con su padre: “Pero Dios existe, ¿no es cierto? ¡Porque a Dios sí no me lo pierdo!”.
Para Laura, 6 años, Dios “es el alma de nosotros, es como si fuera el viento”. (Del libro “Casa de Estrellas”).
