Una página de Fabio Castillo

Fabio Castillo (Q.E.P.D.) en una fotografía de los años 80 de El Espectador. Fabio escribió con lealtad hacia don Guillermo Cano Isaza

El colega periodista Óscar Domínguez, envió a los colombianos esta carta del recién fallecido periodista Fabio Castillo:

No me puedo quedar callado con respecto a un incidente que se te pasó recordar, porque hace parte de la historia de esta profesión que tú y yo profesamos, y que queremos tanto.Me refiero a cuando el dictador López Michelsen, como presidente de la República, le exigió a Hernando Santos que callara a los Caballero o que él renunciaba.

La conocida valentía de HerSan se resolvió, claro, censurando a Klim y a todos sus parientes columnistas, un portento en la opinión criteriosa y bien informada. Todos. De inmediato Guillermo Cano los buscó -yo trabajaba ya en ese momento en su El Espectador- y les abrió sus páginas de opinión a todos ellos.

Fue un punto de relanzamiento del diario de los Cano, cuya situación con respecto al diario de los Santos, la daría años más tarde el propio Antonio Caballero -otro de los censurados por LópezM-: si usted quiere vender huevos, ponga el aviso en El Tiempo, pero si los huevos le salen podridos, llame a El Espectador.

Fue un acto de soberana valentía de don Guillermo porque entonces, no sé si es todavía práctica común, si un medio despedía a un periodista no lo podía contratar otro, porque alentaba la competencia. Pero ese es otro tema, aunque también relevante.

Los Caballero entraron entonces todos con su columna propia en El Espectador, y hay ahí otro tema: no era el dinero -tal vez recuerdes que a los dueños del periódico los llamábamos con afecto Los TaCanos- hasta el punto que en el primer diciembre que estuvieron en el diario, le llegó a Guillermo Cano una nota de Klim, «Guille, aclárame por favor si la única prima que hay en El Espectador es la nena Cano».Eso lo contó, de manera jocosa pero real, don Guillermo en una de sus célebres Libreta de Apuntes, que terminó por acabar con su tan admirable vida.

Ningún periodista en El Espectador pedía aumento de sueldo, porque se conocía la respuesta desde antes, «mijo, si aquí trabajó García Márquez por ese sueldo, imagínese usted que apenas arranca…!»

La censura de los Caballero tiene como escenario, claro, El Mesías de Handel, pero también el robo de los López de la Fábrica de Tejidos e Hilados de San José de Suaita, de propiedad de los Caballero.Ese tema lo recuperé yo en una serie de investigación en El Espectador en plena campaña de López Michelsen con Belisario Betancur, porque llegó a mi escritorio una carta de los pensionados de esa empresa, ya administrada por Juan Manuel López Caballero -sí, el que funge hoy como luchador de los derechos humanos-, en la que pedían ayuda con la divulgación de su situación porque después de 50 años de trabajo, les acababan de robar la pensión, y Juan Manuel los había amenazado que si le contaban a alguien de su situación, su papá Alfonso mandaría un avión a bombardear el pueblo.

Todo eso está contado en las páginas de El Espectador de Los Cano y, claro, no encontrarás ni una línea de esa historia en El Tiempo de Los Santos, por las razones obvias. Fue tan dramática la historia de esos trabajadores y pensionados de la fábrica, que un grupo de abogados laboralistas al servicio de los trabajadores se apersonaron del caso y lo llevaron a los tribunales, porque los López habían desfalcado la empresa para eludir el pago de las prestaciones.

El juez que conoció del caso abrió una investigación penal por fraude contra los administradores, y cuando Juan Manuel -que acababa de robarse Soceagro, otro escándalo, pero esa también es otra historia- se sentó a rendir indagatoria, presentó un acta de asamblea de socios, donde se designaba a su mamá, Cecilia Caballero de López, la Niña Ceci, como representante legal, y que entonces el juez la llamara a ella a indagatoria…!Ahí quedó la historia porque en esa Colombia machista de los años 80s del siglo pasado, no había un juez capaz de mandar a la cárcel a una ex primera dama, así lo fuera de un López dictador.Apuntes para un contexto de periodismo y de un dictador.

Un abrazote, con el afecto de siempre,Fabio

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