
En caso de que Abelardo de la Espriella gane las elecciones, ¿qué significa para la soberanía colombiana tener un mandatario con pasaporte estadounidense y otro italiano? ¿En qué queda el juramento que él hizo al Tío Sam de siempre defender sus intereses por encima de todo?
Por: Armando Neira
Hace unos días le preguntaron a Ana Lucía Pineda, esposa del candidato Abelardo de la Espriella, qué pasaría con la pareja en caso de perder las elecciones, y ella respondió con la mayor naturalidad: “Si perdemos, no pasa nada, porque ya tenemos una vida resuelta. Vivimos maravilloso, trabajamos juntos, nuestros hijos, estamos en otro país. Si queremos vamos a Colombia, si no, no”.
Se refería a Florencia, Italia —considerada la cuna del Renacimiento y el epicentro de la transición de la Edad Media a la Edad Moderna—, ciudad donde la pareja fijó su residencia hace un par de años.
El candidato ha relatado su fascinación por este país, donde obtuvo su tercera nacionalidad, que se sumó a la estadounidense y, naturalmente, a la colombiana.
Estos hechos abren un interrogante natural: en caso de que De la Espriella gane las elecciones, ¿qué significa para la soberanía colombiana tener un mandatario con pasaporte estadounidense más otro italiano?
En el caso del italiano la situación puede quedar en un tema marginal porque Petro también dice que lo tiene. Y va a acabar su Gobierno y a nadie parece haberle importado más allá de unos esporádicos memes.
¿Qué implica que él tenga un pasaporte de Estados Unidos? Los analistas internacionales señalan que la respuesta pasa por varios niveles. En un posible conflicto de interés, se pondrá sobre la mesa el Juramento de Lealtad (Oath of Allegiance) que pronuncia un extranjero al naturalizarse como ciudadano de ese país y que exige una renuncia total a cualquier lealtad previa y un compromiso supremo con Estados Unidos.
Se trata, entonces, de un asunto de enorme trascendencia y de ahí la pregunta que ahora se le hace al candidato. ¿Va a renunciar De la Espriella a la nacionalidad gringa? De lo contrario, ¿qué intereses va a defender a la hora de los enfrentamientos de intereses entre los dos países, que son múltiples? Por ejemplo, el de la lucha contra el narcotráfico, el Tratado de Libre Comercio, los aranceles, entre otros. Sin duda, es un tema político álgido porque el juramento no deja lugar a dudas: ese beneficio lo obliga a que en adelante prevalezca la defensa de los intereses de Estados Unidos.

El texto oficial, administrado por el Servicio de Ciudadanía e Inmigración (USCIS), comienza con una declaración contundente:
“Por la presente declaro, bajo juramento, que absoluta y enteramente renuncio y abjuro a toda lealtad y fidelidad a cualquier príncipe, potentado, estado o soberanía extranjera, de quien o de lo cual haya sido hasta ahora sujeto o ciudadano; que apoyaré y defenderé la Constitución y las leyes de los Estados Unidos de América contra todos los enemigos, extranjeros y nacionales; que guardaré verdadera fe y lealtad a los mismos…”
Lealtad a los Estados Unidos de América
Es decir, el peso legal del juramento implica, en primer lugar, la supremacía de la ley estadounidense: al jurar defender la Constitución y las leyes de Estados Unidos “contra todos los enemigos, extranjeros y nacionales”, el nuevo ciudadano asume que, en caso de conflicto entre Estados Unidos y su país de origen, su obligación legal y civil está con Estados Unidos.
No obstante, existe un matiz importante en torno a la doble nacionalidad. Estados Unidos reconoce y permite de facto la múltiple nacionalidad —es decir, no exige que el naturalizando vaya a la embajada de su país de origen a renunciar formalmente a su otra ciudadanía ni le retira el pasaporte anterior—.
Sin embargo, para el gobierno estadounidense, la persona es única y exclusivamente ciudadana de Estados Unidos desde el momento del juramento. Si viajara a su país de origen y actuara en favor de los intereses de esa nación de una manera que vulnere las leyes estadounidenses o implique un acto de traición, el juramento opera como la base legal para juzgarla como ciudadano estadounidense bajo cargos federales.
Como se han visto las cosas hasta ahora y en caso de que De la Espriella llegará a la Casa de Nariño tendría una sintonía plena con Trump como lo han demostrado de lado y lado. Pero, con una relación tan importante con el principal socio comercial, económico y con quienes hay tantos desafíos conjuntos como la lucha contra el crimen, el asunto es al menos llamativo por no decir bastante complejo.
En el Juramento que hizo De la Espriella, codificados en la Sección 337(a) de la Ley de Inmigración y Nacionalidad (INA), el primer punto es apoyar la Constitución de Estados Unidos.

En el caso del pasaporte de Italia el conflicto de intereses es menos evidente y las consecuencias son distintas como se vislumbró esta semana.
Precisamente, tras su triunfo en la primera vuelta recibió mensajes de felicitación de los jefes de Estado de esas dos naciones. De la Espriella sostuvo una conversación telefónica con la presidenta del Consejo de Ministros de Italia, Giorgia Meloni, que presentó como el inicio de una agenda de cooperación bilateral centrada en comercio, seguridad y lucha contra el crimen organizado.
“He sostenido una muy fructífera y cordial conversación telefónica con la presidenta del Gobierno de Italia, Giorgia Meloni, a quien le expresé mi firme intención de construir una estrecha relación de cooperación entre Colombia e Italia, fortaleciendo el comercio, la seguridad y la lucha conjunta contra el crimen organizado”, relató.
Trump entra en la campaña
El diálogo fue criticado por el presidente Gustavo Petro. Le pidió a ella “respeto” por Colombia e hizo una comparación histórica entre el fascismo italiano y los movimientos antifascistas. “Meloni, te digo desde Colombia: o Mussolini o las brigadas de Giuseppe Garibaldi. Nosotros somos de camisas rojas de Garibaldi. Respete a Colombia”, manifestó.
Meloni, conocida por sus posturas conservadoras, euroescépticas y soberanistas, es aliada del presidente Donald Trump, el otro mandatario que también tuvo un intercambio de mensajes con De la Espriella. “Es un honor darle mi apoyo”, le escribió el republicano a través de una publicación en Truth Social.
“Como presidente, Abelardo tendría un éxito tremendo al liderar a Colombia para hacer crecer la economía, crear empleo, promover el comercio, detener la inmigración ilegal, tomar medidas enérgicas contra el crimen y las drogas, y restablecer la ley y el orden”, escribió Trump.
Y sin nombrarlo, describió a su rival, Iván Cepeda, como “un marxista de la izquierda radical”. Por si fuera poco, afirmó que el resultado de la elección será “muy importante” para las relaciones entre Colombia y Estados Unidos. Una injerencia del republicano en la campaña sin pudor.

Este mensaje también tomó por sorpresa al presidente Petro. “Cuando un país interviene en las decisiones de otro país, muere la libertad. Invito a toda Colombia a votar en plena libertad y a no volvernos ni esclavos ni colonia de nadie”, aseguró.
Petro confesó sentirse traicionado al considerar que su homólogo estadounidense rompió un pacto de no intervenir en las elecciones. “Amenazó con misiles, yo fui a hablar, creo que salimos como amigos; debe dejar al pueblo colombiano libre de votar, de escoger”, afirmó Petro. “Si Colombia quiere cambiar de bandera, pues que cambie. Yo creo que la mayoría de colombianos no la cambia por otra”, añadió.
Conflicto de intereses
En esta línea, ¿está obligado De la Espriella a renunciar a sus otras nacionalidades? La respuesta jurídica es clara: no. Rodrigo Uprimny, abogado constitucionalista, ha confirmado que poseer más de una nacionalidad no impide aspirar a la Presidencia de Colombia desde la Constitución de 1991.
El artículo 191 establece que los únicos requisitos son ser colombiano por nacimiento, ciudadano en ejercicio y mayor de 30 años, sin exigir la renuncia a otras nacionalidades. En constituciones anteriores la situación era distinta: la Carta de 1886 disponía que la calidad de nacional colombiano se perdía al adquirir carta de naturaleza en país extranjero. Hoy esa restricción no existe.
El exembajador de Colombia en Estados Unidos, Luis Gilberto Murillo, esta es esta orilla: “La persona sí puede tener doble —o triple— nacionalidad y ser presidente de Colombia”.
El caso abre, eso sí, una caja con argumentos para los opositores. Porque como se ha dicho, desde el lado estadounidense, la legislación tampoco obliga a un ciudadano a renunciar a su ciudadanía por asumir un cargo de gobierno en otro país, aunque en la práctica varios presidentes latinoamericanos han debido hacerlo “voluntariamente” por razones políticas o de imagen.
El politólogo y experto en relaciones exteriores Manuel Camilo González Vides advierte que el asunto va más allá de lo jurídico. “Obviamente habría muchos cuestionamientos respecto a las otras nacionalidades, en el sentido de que simbólicamente la ciudadanía genera interrogantes sobre a qué país se siente más afín y cuyos intereses representaría”.
Munición para la oposición
En ese punto, dice el experto, la triple nacionalidad se convertiría en un activo de la oposición durante los días que restan de campaña y, eventualmente en caso de ganar, en un argumento para sustentar posibles mociones de censura o manifestaciones que pusieran en duda la soberanía del mandato, un tema que para la izquierda es esencial. Un factor que suele mover las pasiones políticas en la región es el de la soberanía.

El caso más ilustrativo se vio en la campaña de 2011 en Perú. Pedro Pablo Kuczynski, quien también tenía la nacionalidad estadounidense, informó haber renunciado a esa nacionalidad; aunque meses después la recuperó, y en 2015, antes de su segunda candidatura presidencial, renunció definitivamente. “Tengo la convicción de que el presidente del Perú solo debe tener una nacionalidad”, afirmó en esa ocasión. La ley peruana no lo obligaba a dar ese paso, pero la presión política y el cuestionamiento sobre su patriotismo lo llevaron a hacerlo.
En las antípodas de esa renuncia al pasaporte de Estados Unidos, está Daniel Noboa, presidente de Ecuador. Él nació en 1987 en Miami y posee doble nacionalidad, ecuatoriana y estadounidense. Es presidente desde noviembre de 2023. La Constitución ecuatoriana no le exigió renunciar a ninguna de sus dos ciudadanías, y así ejerce la presidencia.
Noboa tiene línea abierta con De la Espriella. En la noche previa a la primera vuelta sostuvo con él una videollamada en la que anunció la eliminación de aranceles a las importaciones desde Colombia. “Lo estoy haciendo como una señal de buena voluntad, de cariño, de esperanza”, declaró el presidente ecuatoriano, quien además se mostró abiertamente partidario de la candidatura: “Estoy convencido de que, con su fuerza, lo va a lograr este fin de semana”. En realidad debía hacerlo cumpliendo una resolución de la Comunidad Andina de Naciones (CAN).
Estos ejemplos muestran que, al margen de los pasaportes que tenga el candidato, lo que resulta evidente es que, en caso de ganar las elecciones, los mandatarios afines a la ideología de De la Espriella serán auténticos protagonistas de las relaciones exteriores de Colombia y que los opositores tendrán munición para atacarlo.
La campaña de De la Espriella no se ha pronunciado sobre si el candidato renunciaría a su ciudadanía estadounidense en caso de resultar elegido. Eso sí, en sus redes hay muchas fotos de la vida en el exterior que él presume orgulloso.
