Sábado de los animales: Los perros de Vargas Lleras (Del portal Kienyke)

Los perros de Vargas Lleras: Entre la oficina, la familia y una pérdida. Foto KienyKe

Por Óscar Domínguez Giraldo

Tras la muerte de Germán Vargas Lleras, volvió a recordarse una faceta menos pública del exvicepresidente: su relación con sus perros. Mancho, Toño, Henry, Urcos y Rex hicieron parte de distintos momentos de su vida familiar.

Los perros que acompañaron a Vargas Lleras

Germán Vargas Lleras fue una de las figuras más visibles de la política colombiana durante las últimas décadas. Fue senador, ministro, vicepresidente, candidato presidencial y líder de Cambio Radical. Sin embargo, fuera de la vida pública, también mantuvo una relación cercana con los perros que lo acompañaron en distintos momentos de su vida.

En sus últimos años, esa historia estuvo marcada por tres bulldogs franceses: Mancho, Toño y Henry (estos últimos estuvieron en las exequias de  Vargas Lleras en la Catedral Primada. En la foto). Mancho fue el primero de ellos y permaneció cerca de Vargas Lleras durante nueve años.

La historia de Toño y Henry llegó después. En 2022, Vargas Lleras publicó que buscaba una novia para Mancho. Meses más tarde, el bulldog francés tuvo una camada de cinco cachorros, entre ellos Toño y Henry, que se quedaron en la familia.

Vargas Lleras llegó a contar en sus redes sociales que los bulldogs lo acompañaban incluso en la oficina. En esa cotidianidad, los perros aparecían como parte de su vida diaria… Sobre Toño dijo que era el más consentido; sobre Henry, que era el más inquieto.

La historia de Mancho

Mancho fue el perro más visible de esa etapa. Su presencia en fotografías y publicaciones terminó mostrando una imagen distinta del dirigente político, usualmente asociado con un carácter fuerte, técnico y disciplinado. Para su familia, sin embargo, esa relación no respondía a una estrategia de imagen, sino a un vínculo real con los animales.

El 9 de junio de 2025, Vargas Lleras informó la muerte de Mancho. En su mensaje señaló que el perro les había alegrado la vida durante nueve años y recordó que le sobrevivían Toño y Henry, sus dos hijos. Hasta ahora, lo que se sabe públicamente es que ambos quedaron como los perros sobrevivientes de esa línea familiar; no hay información confirmada sobre qué pasará con ellos tras la muerte del exvicepresidente.

Urcos y Rex, la pérdida anterior

Antes de Mancho, Toño y Henry, Vargas Lleras tuvo dos pastores alemanes: Urcos y Rex. Los perros fueron un regalo de su entonces esposa, Luz María Zapata, y llegaron desde Berlín. Cuando aún eran cachorros, fueron enviados a un proceso de adiestramiento en la estación de Carabineros de Bogotá.

En 2011, cuando Vargas Lleras se desempeñaba como ministro del Interior, Urcos y Rex murieron en un presunto caso de envenenamiento. El episodio fue uno de los golpes personales más recordados en su relación con los animales.

Después de esa pérdida, le ofrecieron recibir nuevos perros, pero decidió no aceptarlos en ese momento. Años más tarde, Mancho y sus hijos ocuparon ese lugar en su vida cotidiana.

UKROS Y REX

POR GERMAN VARGAS LLERAS

Tomado del libro de Gustavo Castro Caycedo, “Historias humanas de perros y gatos”:


Acostumbrado a hablar de política y de temas de índole público, acepté gustoso a Gustavo castro Caycedo, escribir para su libro, Historias humanas de perros y gatos, porque ello me permite expresar en pocas palabras lo que para mí significan las mascotas, los perros; expresión máxima de lealtad entre los seres vivos.

Como le sucedió en el pasado a infinidad de niños colombianos, y como sigue aconteciendo hoy cuando se conmemoran cien años de la muerte de don Rafael Pombo, (uno de los grandes románticos de América, que escribió historias en verso para la niñez); sus poemas fueron uno de los elementos que más inspiraron en mi el amor por los animales, y especialmente por los perros; Pombo nos ha marcado a muchos colombianos, para quienes su obra es también un vínculo con los recuerdos de la infancia. Hoy llama mi atención y me gusta mucho ver a los niños jugando con sus perros o sus gatos, lo que forma vínculos afectivos fuertes.

El resto del sentimiento por las mascotas es asunto de devoción familiar por ellas; la misma que les profesa mi esposa Luz María, con la que uno de nuestros múltiples gustos comunes, son los perros, porque admiramos su lealtad, su fidelidad y su amor y cariño incondicionales y sin compromiso

Ahora que comienzo a escribir esta historia para el libro de Gustavo, he recordado una interesante frase del ex – presidente de los Estados Unidos, Harry S. Truman, (que tuvo como mascota en la Casa Blanca un perro setter irlandés, llamado Mike), quien dijo: “Los niños y los perros son tan importantes para nuestra nación, como Wall Street y el ferrocarril”.

Truman tenía razón en lo de los niños y los perros,

Truman, el demócrata que enmendó la Constitución para impedir que un presidente fuera elegido para más de dos mandatos, tenía razón en lo de los niños y los perros, aunque no nos haya hablado de su estrecha relación. La riqueza de las naciones, de sus sueños e ilusiones, de sus goces y de su amor, transita en el espíritu de la niñez. En el aprendizaje de la lealtad y del amor en los niños, los perros y las mascotas son un factor fundamental y en la práctica de las expresiones y los sentimientos de cariño, amor, lealtad y solidaridad, las mascotas, y los perros, especialmente,  generan buena parte de la alegría de millones de colombianos que conviven con ellos y los disfrutan en sus hogares. 

Ahora, quiero hablar muy especialmente de Urkos y Rex, dos perros pastores alemanes que estuvieron junto a mi, durante dos años y con los cuales me sentía a gusto, así como ellos conmigo, luego de haber consolidado un afecto, una comunicación y un entendimiento cálidos y sensibles.

A Urkos y Rex los compré en un criadero canino, pocas semanas después de que nacieron. Entre las decenas de cachorros de todas las razas que había allí, los escogí por ser pastores alemanes: me gustan las mascotas grandes, de carácter, amigables y, sobre todo, inteligentes. Y ellos lo eran. Debo confesar que, por mis ocupaciones, debí encargar el entrenamiento diario de Urkos y Rex a personas expertas en esa exigente labor. Pero eso sí, cada fin de semana, en la finca que tengo cerca de Bogotá, no había para mi nada más esperado, agradable y gratificante que verlos correr, saltar y menear la cola, tan pronto llegaba y me oían.

“A mí me gusta trotar y en mis fieles mascotas nunca me perdían el paso”

Como amante del deporte y del ejercicio, hallé en Urkos y Rex a mis mejores compañeros de jornadas de acción física. A mí me gusta trotar y en esa actividad mis fieles mascotas nunca me perdían el paso. Por el contrario, me motivaban a seguir adelante, y eso significaba unos cientos de metros más.

Una de las características positivas de los pastores alemanes es que son perros cuya raza se adapta tanto a la vida del campo como a la de la ciudad. Son unos perros ágiles, vigorosos, llenos de vida, tienen un temperamento equilibrado, y son especialmente fieles con su amo.  En los míos encontré no solo estás cualidades sino además, una nobleza especial que me inspiraba seguridad. Con Urkos y Rex me sentía muy bien, en confianza. 

Aunque ellos eran cachorros de madres distintas, por haber crecido juntos siempre se comportaron como un par de buenos hermanos, aún a pesar de que sus personalidades eran muy diferentes.

Urkos le llevaba 15 días a Rex y quizá por eso, por ser el mayor, la naturaleza lo dotó de una contextura más imponente. Su pelo era más largo y tenía las manos y las patas inmensas. Pero lo que le faltaba a Rex en contextura, lo tenía en vitalidad. Su personalidad era más alegre, hiperactiva. Nunca se cansaba. Desde pequeño jamás le perdió el paso a mi caballo cuando salíamos de cabalgata, y se ganó uno que otro llamado de atención porque en su boca le quedaban las plumas de las gallinas a las que correteaba alegremente. Eran una evidencia de sus travesuras.

Podría decir que Urkos era el más apacible de los dos, el más tranquilo, el menos inquieto físicamente. Sin embargo, uno era el complemento del otro; entre ellos había química, como la había entre ellos y yo. 

Me permitían revolcarme con ellos en el pasto, como un niño” 

Los animales que uno escoge como mascotas, como lo hice yo con estos dos inolvidables amigos, tiene la singularidad de que siempre nos recompensan: con sus lamidos, su ternura, sus mimos, su bondad y con su lealtad a toda prueba. Por esto mismo es preocupante saber que hay muchos animales domésticos no deseados, que son llevados a las perreras o abandonados en potreros, bosques, calles y carreteras, donde quedan expuestos al frío, al hambre, a la falta de cuidados veterinarios, a abusos por parte de gente indolente, y al abandono, generándoles todo tipo de dolores afectivo, entre los cuáles el peor es el sufrimiento por una terrible depresión de soledad.

 Me resulta muy grato recordar cómo mis queridos Urkos y Rex disfrutaban de las galletas en forma de hueso con las que los premiaba por hacerme caso, por invitarme a escapar de la cotidianidad de mi trabajo, por generarme alegría.

 Y también porque me permitían revolcarme con ellos en el pasto, como un niño.  Urkos y Rex eran parte de mi vida y por eso he de confesar que su temprana y absurda partida y la forma como murieron me afectó bastante. Los animales no tienen por qué pagar la irracionalidad del hombre, y ellos, Urkos y Rex, víctimas de la maldad humana, murieron cobardemente envenenados.

Hoy los recuerdo con nostalgia, pero a la vez con cariño y alegría, la misma que tenemos por Lola Vargas, un ejemplar de raza Galgo Italiano, que mi señora adquirió después de la muerte de los dos pastores.

Amores perros por Instagram (Publicado en El Colombiano)

Por Óscar Domínguez

Mancho Vargas Zapata, salud.

Leo en el periódico que tu mascota, el exvicepresidente Vargas Lleras, a través de las redes anda en busca de tu novia perdida. En las mismas me ando yo.

Sin ironías, le deseo que le vaya mejor como casamentero que como candidato en cuerpo ajeno en las pasadas elecciones. Se puede encomendar al patrono de los casamenteros, san Belisario Betancur quien a la muerte de doña Otilia, su  madre, voló a conseguirle compañía a don Rosendo, un soltero cero kilómetros con experiencia: eso es un viudo.

Si por nosotros fuera, estaríamos de apasionado romance septembrino. Pero somos “varones domados”. Perro no come perro. Además, somos alfiles de distinto color: tú, malencarado bulldog francés, y  yo pacífico chihuahua paisa.

Si no salen con nada nuestras mascotas Vargas y  Domínguez, la venganza será que terminarán pareciéndose a nosotros. Ya empezaron.

Como no he bajado bandera sexualmente hablando, en casa me regalaron un juguete erótico con esta peregrina aclaración: Es mejor tener ganas que quitarlas. Hay mucho bobo suelto.

Te cuento que sobre mí pende la espada de Demóstenes, perdón, de Damocles, de la castración para frenar mi tendencia a hacer pipí en cualquier parte. Ignoran que nosotros no hacemos pipí, marcamos territorio.

¿Qué tal si a tu mascota Vargas “Coscorrón” Lleras y a la mía, “Trapito” Domínguez, les hicieran algo remotamente parecido por hacer pipí de pie,  dejando el baño convertido en un etcétera urinario? El “bobo sapiens” que ha domesticado el átomo ha sido incapaz dominar el chorro en sus distintas fases de apertura, medio camino y final.

Entiendo que te han llegado hojas de vida de candidatas de todo el país. Dichoso tú. Supongo que habrá mascotas de empresarios del Sindicato Antioqueño a quienes los Gilinski tienen pasando hojas de vida, con la complicidad de Vargas Lleras. Dicen los cacaos paisas.

No nos quitemos más tiempo, Mancho. Mientras aparece el bisturí que nos graduará de eunucos, démonos el besito insípido de las buenas noches. Tuyo hasta el capullo, Nacho.

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Directores Orlando Cadavid Correa (Q.E.P.D.) y William Giraldo Ceballos. Exprese sus opiniones o comentarios a través del correo: williamgiraldo@revistacorrientes.com

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