Punta de lanza. Trump tiene en la mira el Caribe y el Paralelo 10

El presidente de Colombia Gustavo Petro durante la polémica protesta de la semana pasada en Nueva York. RFI

Por Senén González Vélez

Toronto, Canadá

Un breve preámbulo:

Gustavo Petro se enloqueció en la Gran Manzana.

Este señor del «pacto diabólico», después de su discurso pronunciado en la ONU a las honorables sillas vacías, que por cierto estuvieron muy atentas tomando apuntes, sufrió una reacción de histeria y esquizofrenia aguda, asumiendo una posición agresiva verbal contra el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

Él pensó que estaba en la plaza Mayor cercano a la catedral de San Jerónimo de Ciénaga de Oro, Córdoba, y pronunció un acalorado discurso a voz en cuello, contra el presidente Trump y en contra de Israel, en Nueva York.

Utilizando un megáfono de los manifestantes pro Palestina, que desaforadamente gritaban en esa zona de la Gran Manzana, el Petro de Colombia, agarró el aparato, y propuso conformar un ejército de salvación, para lo cual invitó a los colombianos a luchar por la liberación de GAZA. Además, debido a su alzado ego y narcisismo, creyó que, como jefe supremo de las Fuerzas Armadas de Colombia, podía ordenarle a la Fuerzas Armadas y Policiales de los Estados Unidos, que desobedecieran la orden del presidente Trump. Como regalo, ya le cancelaron la visa a Petro. Ojo, porque si no regresa pronto, se podría quedar de color naranja.

Esta actitud esquizofrénica del Presidente Colombiano, me dibuja su futura vestimenta, que pronto tendrá un cambio de guayabera blanca, por una camisa de color naranja, como dije antes, y con un pectoral de reseña, identificado con el número 666.

Dejando de lado ese tema, que nos pareció fuera de todo contexto, me centro ahora en el de los alucinógenos, porque es oportuno hacer un breve recuento de la droga y su libre tránsito en el país.

El asunto del microtráfico y consumo de drogas, vivía en la mente de mi nación colombiana, y en especial de Cartagena como puerto turístico, pero poco se notaba por lo incipiente, y esto se vio desde antes de los años 60s y después, se notaba mucho más, en los estratos sociales bajos.

El Estado nunca se percató o se hizo el desentendido, por lo que en cierto modo, es culpable del daño mental, por la falta de una política estatal para su control. Con el tiempo, fue adquiriendo posición social, hasta que tocó fondo, y de un prolongado espacio hasta la fecha, permeóla mente de algunos compatriotas con poder político, y por ello, se disparó exponencialmente, hasta asomarnos a la configuración de un Estado dentro de otro Estado, haciendo imposible la aplicación de las leyes, porque la causa y efecto, se fusionaron para construir «el todo se vale».

El honor y la desvergüenza se aliaron como cómplices, para aplicarlo a un nuevo modelo de vida, que es denigrante, y que tiene que acabarse.

El mal de la droga, ciertamente estaba en potencialmente infiltrado en la sociedad colombiana, como un cáncer encapsulado, pero salió del clóset e hizo metástasis, cuando los narcotraficantes extranjeros se dieron cuenta de la situación geográfica privilegiada de Colombia y, en especial,del Caribe, escogida como la zona indicada para ser centro de contacto, y por ello, posteriormente, se elige el interior del país, con haciendas para el cultivo y las operaciones del tráfico, y es elegida la Costa Caribe, para las relaciones públicas.

Definido el mapa de la corrupción, salen los clanes del mal, con el liderazgo de Pablo Escobar, Ël Mexicano, Gonzalo Rodríguez Gacha, los hermanos Rodríguez Orejuela, y otros de menor poder, que se filtraron en todos los estamentos del Estado y terminaron aliados con elterrorismo, y con nuestros vecinos fronterizos, con el apoyo del gobierno de Fidel Castro de Cuba, que se le media a todo. Y luego aparece en el escenario las mafias de México, Europa, Medio Oriente, y los países asiáticos, que se encargaron de internacionalizar el negocio y mostrar como atractiva la imagen para el mercadeo con Colombia, por ser tierra fértil para la siembra, la buena calidad del producto y para darle fama a la hoja de coca que, según los expertos, brilla por su excelencia y también por la fácil complicidad para traficarla. Ese disparado impulso que triplica el cultivo ilícito, lo logró Petro, y por eso lo descertificaron.

En este, su último cuarto de hora en el Gobierno, tratará de hacer más locuras, como el de la Gran Manzana, cosa peligrosa para él, porque está en la mira y la lupa del presidente Trump, como enemigo y posible objetivo militar.

No tengo dudas que en este escenario del crimen organizado estépresente “La Ndrangheta” de Calabria, Italia, que opera desde el siglo XlX, con extensión en Europa, África, América, Asia y Oceanía. Dentro de esa organización, están los grupos terroristas de Colombia, Farc, ELN, Cartel del Golfo, y, por ende, los carteles de México, Venezuela, Nicaragua y Cuba.

De modo que quienes piensan que el presidente Donald Trump solo va por Maduro, como capo máximo del Cartel de los Soles, se equivocan. Las Fuerzas Armadas de USA, van por toda la red de narcotraficantes, y de todos los que estén asociados directa o indirectamente al negocio, en el que Petro, está al parecer involucrado, y más, después de haberse quitado la máscara ante las Naciones Unidas, y haber hecho una defensa a las mafias, como también atacó al principal socio de Colombia, como son los Estados Unidos. Dañó las relaciones con ese gran país amigo, y seguirá dañando muchas relaciones más, como ha ocurrido con Israel.

La oposición en colombiana tiene el deber histórico de evitar las polarizaciones y renunciar a los egos, porque está en juego la libertad y la democracia.

Si ganamos las elecciones, superaremos la crisis moral que está en picada en el país, y cesados los horribles cuatro años del mal llamado «progresismo», el país exige a gritos, la renovación de una clase política interesada en el bien colectivo, más que en sus propios intereses. Vale advertir, que no por excelente y sabio que sea un candidato, si es pobre en principios, es propenso a corromperse. Se requiere de ambas condiciones, no lo duden.

Lo que hoy vive el país lo pronosticamos en Cartagena, en 1974, de la mano del general, José Joaquín Matallana Bermúdez, y del abogado, el mayor del Ejército, Hernán Arbeláez Arbeláez, sobreviviente y gran amigo. Entre los tres, hicimos una campaña para declarar en alerta al país sobre la siembra, consumo y tráfico de droga, y de nada valieron nuestros esfuerzos, cuando para entonces, el presidente, Alfonso López Michelsen, gran pensador y sabio, debió tener en cuenta nuestra saludable inquietud y propuesta, para volverla política de Estado como medio de protección mental, moral y ética de la Nación, y lo que hizo, por el contrario, fue darle vigor a la famosa  «ventanilla siniestra», que no era otra cosa, que una forma disimulada de lavar dinero sucio, proveniente de los líderes de la mafia, que para entonces estaba de moda la marihuana.

Lo peor fue que el banco central o emisor, acogió esa política. Es decir, todo se permeó y comenzó a dañar moralmente el alma y espíritu de la Nación.

Entonces, como el prestigio de Petro está pringado por todos los lados, le quedó fácil retomar el defecto de otros gobernantes que, pese a su mínima escala de errores, los volvió su causa, los aumentó, los falseó, para justificarse y triplicarlos en un cínico descaro de holgura y sinvergüencería, convirtiéndolos en filosofía de gobierno, y aplicar el refrán que dice: mal de muchos, consuelo de bobos, esto para aceptar que todo lo malo que haga, se vea plenamente justificado.

!Al carajo quienes piensen así!

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