Punta de Lanza. ¿Será necesario aplicar la pena capital al narcoterrorismo?

Niños y adolescentes que integran las filas guerrilleras de Colombia. Foto ONU

Por Senén González Vélez

Toronto, Canadá

Cuando un estado está bien gobernado, las penalidades fuertes escasean, pero cuando se llega el extremo en que estamos en Colombia, hay que recurrir a las medidas drásticas, como excepción, para poner la casa en orden.

Como creyente, jamás concebiría contrariar la voluntad de Dios, que es el dueño de la vida, pero si dentro de la normativa existe la legitima defensa, también es legítimo aplicarla contra el peligro de quienes la ciegan; es darle la oportunidad a esta, para que el derecho público ceda ante la defensa privada. Por ello, un ciudadano de bien, sin antecedentes, debe portar su arma, porque está reemplazando la incapacidad física del Estado que debe protegerlo.

Iván Duque, como presidente, se abstuvo de dispararle al terrorismo, previendo la posibilidad que se emplearan de escudo, a menores de edad.

Gustavo Petro en oposición violenta, se manifestó contra Duque y como resultado, los facinerosos de la primera línea, se pusieran de ruana la autoridad, y eso les dio fuerza a los sediciosos para desbaratar a Bogotá, como simple ejemplo.

Ahora, Petro bombardea a sus compañeros terroristas, esos que ponen de escudo a menores de edad, y se considera que está bien. Aquí vale la pena hacer una consideración que es válida para Petro, como también lo hubiera sido para Duque.

Y es que, si un menor esta uniformado y tiene un arma en la mano, es tan peligroso como cualquier miliciano, guerrillero o terrorista, y esa situación para las Fuerzas Militares, es considerarlos como enemigo y, por lo tanto, disparar es hacerlo en defensa propia, y muy legítimo en el combate.

La diferencia entre el presidente anterior y el actual, es que a Duque le faltó coraje, y a este le sobra, asociado a la arbitrariedad y violaciones de las leyes.

El que Petro les pida perdón a las madres de los menores, es lo correcto; pero las madres no pueden culpar al Ejército, pero si deben rechazar y denunciar a los terroristas que son quienes los que ponen como ‘carne de cañón’ a sus hijos, que son unos menores, mientras los terroristas van en la retaguardia. Estos facinerosos narcoterroristas les están aplicando a los menores de edad, una pena de muerte disimulada. Entonces, ¿por qué no establecerla mediante una reforma Constitucional, para los terroristas narcotraficantes, que utilizan a los niños de escudo para los combates?

De otra parte, hay que legislar para ponerle freno a los menores, a quienes se les da la gabela de no ser penalizado con severidad, por razones de la edad. Con esas medidas débiles, jamás existirá la tranquilidad pública, porque ese es un fenómeno degenerativo que pasa de generación en generación, en el que prima el factor pobreza, la falta de escuela y de oportunidades, y la guía sicológica de los entes educativos del Estado, por lo que hay que educarlos y controlarlos a tiempo con medidas pedagógicas, con un sistema educativo que debe ser el adecuado en tiempos de crisis moral y la carencia de principios. Se requieren medidas drásticas y sindicatos en el sistema educativo honestos, verticales y alejados de compromisos ideológicos.

No se puede ser niño inocente para unas cosas, y delincuente peligroso, para otras. La droga tiene mucha incidencia en estos comportamientos demenciales, por ello, la presión del presidente Donald Trump, de Estados Unidos, está enfocada en exterminar las mafias, y quien no ayude, se convierte en cómplice y, por ende, en enemigo de USA.

La situación jurídica del presidente Petro, es grave, por decir lo menos, razón para que ya esté modificando a regaña dientes sus posturas. Ojalá que colabore en favor de una causa sana para la humanidad, como es ayudar a acabar con el tráfico de drogas.

Volviendo al tema del uso de los menores para sacrificarlos como carne de cañón en el campo de batalla, valdría la pena pensar en la posibilidad de presentar una reforma constitucional en relación a la PENA DE MUERTE, en aras de proteger la vida, honra y derechos de los niños, para que no los utilicen de escudo en la guerra contra el terrorismo y otras atrocidades que vulneran su honor y derechos. Se trataría de una norma de excepción específica y clara para estos casos.

Cuando los terroristas le dan un arma a un niño, es porque ya lo adiestraron para disparar, por lo tanto, se transforma en una persona peligrosa para un soldado, o infante de marina, o un policía, y se tipifica de inmediato, la legitima defensa, como lo exprese antes.

Los terroristas por el solo hecho de poner al frente de batalla a niños, ya se les están aplicando la pena de muerte. REPITO: ¿por qué no aplicárselas a ellos, previo el cumplimiento de un proceso con todas las formalidades de ley?

El mundo cambio y la delincuencia se perfeccionó, por lo tanto, la ley no se puede quedar detrás de los avances delincuenciales que se especializa en tecnología para delinquir con precisión.

La figura de la pena de muerte aún existe en algunos países. Amnistía internacional registró en el año 2022, más de 2.016 penas de muerte en 52 países.

Estados Unidos, Irán, Arabia Saudita, Egipto, Singapur, Somalia, Kuwait, Sudan del Sur, aplican la Pena Capital.

Cuando una nación no tiene formas de corregir a un ser humano, cuya patología no resiste regeneración alguna, se convierte en un peligro potencial y permanente para la sociedad y más cuando, si esos criminales tienen gran capacidad mental y aguda para aplicar la estrategia de delinquir, que supera la defensa de la seguridad que el Estado debe darnos, queda pequeña.

De otra parte, el modelo de las cárceles colombianas, no son garantía, pero si son vías de conexión, para dirigir sus mafias a través de las comunicaciones y las comodidades que tienen en las cárceles, por la clara influencia de la corrupción que pulula en los centros penitenciaros.

La Biblia tanto en el Antiguo como el Nuevo Testamento, habla de la pena de muerte, como el asesinato, secuestro. También recomienda tener misericordia y el deber de las autoridades de administrar justicia. Vida por vida. Levítico 24: 17.-

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