Minutos después del atentado el sicario que recibió la orden de matar al senador Miguel Uribe gritó a sus captores “fue el man de la olla”, pero las investigaciones se han desviado hacia grupos insurgentes.
Hace poco un general de la Policía Nacional de Colombia dijo que las investigaciones se han orientado a establecer la autoría del atentado a la «La Segunda Marquetalia», un grupo disidente de las FARC.
Las autoridades revelaron también que tanto el arma como las municiones utilizadas en el crimen fueron alteradas, pero no han dicho por qué sus investigaciones se han orientado a grupos armados cuyos modos de operar no tienen similitud alguna con el hecho.

¿Qué pasó con el policía que cuando ya tenían reducido y capturado al niño sicario, le quitó el arma y la guardó entre su uniforme y el chaleco antibalas, como lo vieron los colombianos en los noticieros de televisión con imágenes captadas por testigos directos de los hechos?
Es una mera hipótesis, pero «el man de la olla» podría ser uno de los jefes de las bandas que manejan el consumo y tráfico de drogas en el barrio San Bernardo, en el centro de la capital colombiana.
La gente recuerda que durante la alcaldía de Enrique Peñalosa se dispuso una limpieza de sectores de Bogotá afectados por el consumo y distribución de drogas, la prostitución así como el control máximo sobre establecimientos comerciales vinculados a la compra y reventa de teléfonos celulares y partes para automotores que contribuían al creciente problema de la inseguridad en la capital de la República. Con el producto del robo de celulares, los drogadictos obtenían las dosis para su consumo.
Publicaciones periodísticas y de televisión mostraron a los colombianos el interior de las llamadas “ollas del vicio”, que incluyeron dramáticos testimonios de familiares y drogadictos de todas las edades. Una de esas entrevistas conmovió al país hasta el punto de lograr que uno de los jefes o líderes de la reconocida internacionalmente “calle del cartucho” hablara en tono paternal de la situación de un menor apegado a su oscuro hogar y que se negó a escuchar el clamor de su madre para que regresara a casa.

Drogadictos habitantes de la «Calle del Cartucho» a finales de los años 80. Archivo Alcaldía de Bogotá
El menor, en palabras de éste y otros personajes de la “olla” estaba llevado por la droga. La misma situación de los consumidores, proveedores, vigilantes internos, externos y cobradores armados, que habitaban el interior de ese y otros lugares de la ciudad como el llamado “Bronx”, “San Bernardo” y “María Paz”.
Patéticos testimonios, relatos e imágenes que conmovieron al país y acabaron con la indiferencia oficial.
El alcalde Peñalosa y su Secretario Miguel Uribe lograron coordinar acciones de policía, de una parte, y de organizaciones sociales, profesionales y de asistencia para proceder a la erradicación de esos lugares y emprender tareas de rehabilitación, desarrollo psico-social, hogares para reubicación temporal o transitoria de los drogadictos y ex drogadictos, etc.

Después de erradicar «el Bronx» y la «Calle del Cartucho», el alcalde Enrique Peñalosa, sus secretarios de Gobierno, Miguel Uribe, el de seguridad y oficiales de la Policía Nacional, recorrieron esas zonas para poner en marcha los programas de rehabilitación. Alcaldía
Pero esa acción humanitaria y policial tuvo costos demasiado elevados para las bandas que mueven el negocio de las drogas en la capital colombiana y así como los delincuentes ajustan cuentas entre ellos, igual actúan contra aquellos que amenazan sus actividades.

¿No es esa una pista que debieron seguir los investigadores del atentado a Uribe Turbay?
¿Por qué los organismos de seguridad y los agentes de la Fiscalía se quedan mostrando como un éxito el descubrimiento y captura de los autores materiales, los coordinadores y jamás como los determinadores o autores intelectuales de crímenes, atentados, emboscadas y masacres?
