‘Polo Polo abrió heridas que el país le cobró en las urnas’: Óscar Benavides, representante electo que logró histórica votación de la curul afro al Congreso

Óscar Benavides, líder afro y congresista para el periodo 2026-2030. Crédito: Facebook - Óscar Benavides.

Con una campaña financiada con un crédito bancario y librada, en su mayoría, por redes sociales, este abogado tumaqueño obtuvo la votación más alta de la historia por la curul afro. Conozca cómo ha sido su vida entre la pobreza y las amenazas, su estrategia política para sacar a Miguel Polo Polo del Congreso y sus planes para legislar.

Por: Juan David Cano

El 8 de marzo, Óscar David Benavides Angulo estaba en su casa, en pantaloneta y chanclas, cuando los boletines de la Registraduría empezaron a confirmar lo que él había prometido: sacar a Miguel Polo Polo de la curul especial afro en la Cámara de Representantes. Con 150.414 votos, el 28,85 por ciento del total de la circunscripción, este abogado oriundo de Tumaco no solo derrotó a su rival por más de 100.000 sufragios, sino que escribió un récord histórico: ninguna persona afrodescendiente había alcanzado una votación tan alta por esa curul especial en el Congreso colombiano.

La historia de Benavides es la de alguien que conoce el abandono del Estado desde adentro. Creció en una vereda del Pacífico nariñense con cuadernos compartidos entre hermanos, aprendió a leer antes que algunos de sus vecinos adultos y llegó a Bogotá huyendo de amenazas. En la capital barrió las calles, fue vendedor ambulante y estudió en las noches mientras trabajaba de día. Esa trayectoria fue, a la vez, su biografía y su campaña.

Con un crédito bancario pequeño y una estrategia basada en redes sociales, convirtió el hashtag #SaquemosAPoloPolo en el eje de una candidatura que, según él, los caciques políticos daban por perdida, pero que terminó conquistando a los colombianos. CAMBIO habló con él sobre su infancia en Tumaco, las amenazas que sufrió y sus planes legislativos ahora que ocupará un lugar en el Congreso. Además, también confesó qué le diría a Polo Polo si se lo encontrara de frente tras su derrota.

Óscar Benavides en las playas de Tumaco, Nariño. Crédito: Cortesía Óscar Benavides
Óscar Benavides en las playas de Tumaco, Nariño. Crédito: Cortesía Óscar Benavides

CAMBIO: Usted nació y creció en Tumaco, un territorio atravesado por la violencia, pero también por la resistencia y la cultura afro. ¿Cómo fue su infancia?

Cuando yo tenía ocho años me hacía una pregunta: si mi maestra, que tenía 62 años, sabía leer, escribir y sumar, ¿por qué muchos de mis vecinos no sabían? Después entendí que el diseño del Estado no le permite a mucha gente en el territorio educarse. Hay personas que nacen y mueren sin aprender a leer ni escribir. Pero yo no me quedé ahí. Agarré mi cartilla de Nacho Lee y, a mi manera, les enseñaba a leer y escribir a mis viejos. Ese es de los recuerdos más felices que tengo: ver a doña Antonia deletrear, ver a doña Ofelia (dos de sus vecinas) escribir su nombre por primera vez en medio de ese contexto. 

Pero mi infancia también estuvo marcada por dificultades. En lo económico hubo muchas limitaciones. Yo no me crie con mi papá biológico, sino con un padrastro que siempre respondió por nosotros. Aun así, eran tiempos duros. Muchas veces no teníamos completos los útiles escolares. Me crie con dos hermanas y, entre los tres, usábamos un mismo cuaderno para varias materias. Cuando tenía 13 años, tomé la iniciativa de irme a trabajar en vacaciones. Fui a una empresa vinculada a CorpoICA, donde un contratista nos llevaba a llenar bolsas para el cultivo de palma de aceite. Trabajé una semana y con ese dinero compré un balde de manteca para venderla por cucharadas en la vereda. La gente me compraba y así empecé a rebuscarme para graduarme como bachiller.

CAMBIO: ¿En algún momento fue víctima directa del conflicto o la violencia?

Ó.B.: Cuando tenía 15 o 16 años viví una situación muy dura. Antes de graduarme, me convertí en personero de la institución. Y como personero identifiqué el robo del Programa de Alimentación Escolar en el territorio. Tomé la decisión de denunciar y eso trajo un sinnúmero de amenazas contra mi vida. Llegó un punto en que tuvimos que tomar una decisión: o me quedaba o me iba. Finalmente, decidieron que me graduara por ventanilla. Salí del territorio por esas amenazas.

En ese momento tenía dos caminos: irme a una ciudad a lucharla o irme al Ejército. Pero yo nunca estuve de acuerdo con el Ejército. Siempre me hacía una pregunta: ¿por qué los hijos de los pobres tienen que ser la carnada de la guerra? Yo no fui al Ejército porque fui testigo de cómo compañeros míos se salían del aula para irse a las filas de los actores armados. Y yo decía: el Ejército combate a la guerrilla, o sea que imagínese yo empuñando un arma en contra de mis propios compañeros de colegio.

Entonces, junto con mi mamá, decidimos que me venía para Bogotá. Antes de tener un empleo formal, vendí BonIce, Vive 100 y helados en parques; también tuve un puesto de comida rápida en el Portal del 80. Mi primer empleo formal fue durante la alcaldía de Gustavo Petro: entré como operario de barrido y recolección de residuos sólidos. Barría la Séptima con 19, y lo digo con orgullo. Fue ahí donde tomé la decisión de educarme. Trabajaba de 6:00 de la mañana a 2:00 de la tarde y estudiaba Derecho de 6:00 a 10:00 de la noche. Ese fue mi ritmo durante casi cinco años.

Crédito: Facebook - Óscar Benavides
Crédito: Facebook – Óscar Benavides

En ese proceso, la empresa Aguas de Bogotá me dio la oportunidad de ascender. Pasé de barrer calles a ser supervisor de personal. Ya no estaba en el barrido, sino supervisando obras públicas de acueducto y alcantarillado, y la limpieza de canales, quebradas y cuencas hídricas.

CAMBIO: Y en medio de todo este escenario de cambios en su vida, ¿cuál fue el momento exacto en que decidió: “me voy a meter a la política”?

O.B.: Yo ya me había graduado como abogado y tomé la decisión de hablar con mi esposa —soy padre de una niña de nueve años— y decirle que quería irme a Tumaco a aspirar a la Alcaldía. Me fui con ese sueño. Pero en el territorio las dinámicas son muy complejas: allá, quien no tiene plata, no prevalece.

En medio de esa campaña me hicieron un atentado. Eso me limitó mucho para seguir recorriendo el territorio. Perdimos las elecciones. Pero yo siempre le decía a la gente que para generar incidencia no necesariamente hay que ser alcalde. Entonces tomé la iniciativa de venir al Gobierno nacional. Toqué puertas en el Ministerio de Vivienda, porque el déficit de vivienda en Tumaco es muy fuerte. Me dieron la oportunidad de postular hogares a un programa llamado Cambia Mi Casa. A través de ese programa, hoy 1.600 familias tienen su vivienda mejorada. Eso dignifica la vida de la gente. Y yo continué con mi trabajo social y político.

Crédito: Cortesía Óscar Benavides
Crédito: Cortesía Óscar Benavides

CAMBIO: Después de perder la Alcaldía, hizo esta campaña al Congreso, pero sin padrinos políticos. ¿Cómo se financió, cómo se organizó y cómo se sostiene una candidatura que nace prácticamente desde cero?

O.B.: En el mes de noviembre, revisando la aplicación de Bancolombia, me di cuenta de que tenía un crédito preaprobado. Yo estaba en esa intención de lanzarme y tomé la decisión de acceder a ese crédito para financiar mi campaña. Decidí endeudarme. Me prestaron alrededor de 79 u 80 millones de pesos y, además, tenía unos 10 millones ahorrados. En total, mi campaña no pasó de 85 o 90 millones de pesos. Fue una campaña principalmente digital, muy apoyada en redes sociales. No tenía maquinarias tradicionales ni grandes estructuras detrás. Fue una campaña desde cero, con la gente que creyó en el proyecto. Y esa apuesta me permitió estar hoy donde estoy, con más de 150.000 votos.

CAMBIO: ¿Cuál fue el momento más difícil de la campaña?

O.B.: Lo más difícil fue ganarles a las estructuras políticas. Porque en esa campaña había muchos caciques con sus propios candidatos, y todo el mundo me decía: “Usted va a perder, esa gente tiene mucha plata”. Pero yo siempre tuve en la mente que la política había cambiado. Yo decía: las maquinarias se van a estrellar, porque las redes sociales sí ponen votos. Ellos dicen que no. Así que seguí concentrado en mi trabajo y ahí está el resultado.

CAMBIO: Más de 150.000 votos en una circunscripción especial es una cifra contundente. ¿Qué cree que expresan esos votos? ¿Esperanza, cansancio, organización?

O.B.: Esos votos lo que me dicen es que había esperanza. La población colombiana depositó una esperanza en mí. Y eso me da un honor muy grande, pero también una responsabilidad enorme de hacerlo bien.

Crédito: Facebook - Óscar Benavides
Crédito: Facebook – Óscar Benavides

CAMBIO: Y hablando más de su campaña, uno de sus lemas principales fue #SaquemosaPoloPolo. ¿Cuándo decidió que esa sería su bandera principal? ¿Temió que lo encasillaran como un candidato de un solo tema?

O.B.: No. Lo que yo me puse a pensar fue: este señor había generado tanto daño a la sociedad, que una apuesta es sacarlo del Congreso. Él revictimizó a las madres de Soacha. El pueblo colombiano es más que eso y el pueblo castiga cuando alguien intenta aplastar la dignidad humana. Yo confiaba en que el país nos iba a respaldar. Por eso nuestra apuesta fue clara: saquemos a Polo Polo.

Él se creía ganador porque tenía detrás a un candidato presidencial y una estructura fuerte como Abelardo de la Espriella. Pero yo confié en que la voluntad del pueblo iba a prevalecer por encima de las maquinarias y del dinero de los padrinos políticos. Y ahí está el resultado: más de 150.000 colombianos se levantaron y me dieron la oportunidad de representarlos con dignidad, sin importar el color de piel.

CAMBIO: Polo Polo no se ha pronunciado tras la derrota. Si hoy se lo encontrara frente a frente, ¿qué le diría?

O.B.: Si me lo encontrara, lo primero que le diría es que tiene que aceptar su derrota. Que reflexione sobre el daño que le hizo al país, que se reivindique con las madres de Soacha y que le pida perdón a la sociedad. Porque lo que hizo fue abrir heridas y el país se lo cobró en las urnas.

CAMBIO: Pero ahora que usted ocupa el lugar como líder afro en el Congreso, ¿qué va a hacer distinto? ¿Cómo quiere que lo recuerden al terminar su período?

O.B.: Primero, quiero presentar una ley de la República que he llamado la Ley de la Dignidad y la Justicia Territorial. Lo que busca es que el 5 por ciento del presupuesto nacional, durante 20 años, se destine a la construcción y fortalecimiento de acueductos y alcantarillados en todo el territorio colombiano. En Colombia no podemos hablar de Estado social de derecho si a la gente no se le garantiza el acceso al agua potable. Hoy tenemos territorios donde la gente se está muriendo por enfermedades intestinales porque el agua que consume no es apta. Ahí estamos fallando como sociedad y como país.

CAMBIO: Cuando habla de sus estrategias para gobernar, ¿se siente representante exclusivo del pueblo afro o de todos los colombianos?

O.B.: No quiero ser el congresista solo de los negros: quiero ser el congresista de todos los colombianos, sin importar el color de piel. Bogotá me respaldó con 47.000 votos, y eso es histórico. Eso significa que mi responsabilidad no está únicamente con la población afro, aunque soy representante de las comunidades negras, sino con el país entero. Tengo que hacer un trabajo integral, legislar para todos. Porque esto no es un asunto de color de piel, es un asunto de la raza humana. No se trata de generar más segregación. Los problemas no son de blancos o de negros; son problemas del país, y debemos convocar a la unidad para resolverlos. Por ello, la gente decidió recuperar una curul que estaba secuestrada y permitir que llegara una voz legítima al Congreso.

Benavides recorrió diversos territorios del pacífico para poder hacer su campaña con el pueblo afro. Crédito: Facebook - Óscar Benavides
Benavides recorrió diversos territorios del pacífico para poder hacer su campaña con el pueblo afro. Crédito: Facebook – Óscar Benavides

CAMBIO: Usted también anunció recientemente la creación del Partido Libre. ¿Qué es exactamente ese partido? ¿En qué se diferencia de los movimientos tradicionales?

O.B.: Con la elección como representante de las comunidades negras, tenemos derecho a una personería jurídica. Esa personería será la base del Partido Libre, que es el instrumento que les va a permitir a muchos jóvenes en los territorios acceder a un aval sin que se los vendan y sin que tengan que depender de un padrino político. Este no es un partido de clanes ni una empresa privada. Es un partido de la gente, del pueblo, de la paz. Y desde ahí queremos generar una transformación real en Colombia.

También queremos abrirle la puerta a poblaciones que históricamente han sido segregadas, como la población LGTBI, que muchas veces no ha tenido participación real dentro de los partidos tradicionales. Aquí la idea es que todos los colombianos puedan acceder en igualdad de condiciones. El Partido Libre es el partido de las luchas sociales, pero también es un espacio que convoca al diálogo en medio de las diferencias.

CAMBIO: En el escenario presidencial que viene, ¿a quién acompañará o qué tipo de liderazgo buscará respaldar?

O.B.: Mi visión es claramente progresista. Yo creo en el presidente Gustavo Petro y en el proyecto que su Gobierno viene implementando en los territorios. Pese a que Tumaco todavía no tiene acueducto funcionando plenamente, ya se entregaron los recursos y se está construyendo. Se están haciendo vías terciarias y hay más de 1.600 mejoramientos de vivienda. Yo creo en la continuidad del proyecto del cambio. Creo en un segundo gobierno del cambio para Colombia, y considero que ese liderazgo lo encarna Iván Cepeda.

CAMBIO: ¿Qué mensaje deja a quienes votaron por usted?

O.B.: Estoy inmensamente agradecido con todos los colombianos. De mí nunca van a escuchar un mensaje de segregación por el color de piel. Mi propia historia es reflejo de eso: soy nieto de un indígena y nieto de una mujer negra. Desde ahí nace mi mensaje de unidad entre los pueblos. Somos diferentes, sí, pero pertenecemos a la misma raza humana. Y deberíamos unirnos en torno al bien común, en torno a la dignidad.

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