Por Mariano Sierra
Ya Gandhi nos recordaba…Que el bien social es inseparable del bien común…
El planeta es la casa común donde el hombre da sentido a la vida humana, se vincula con el otro desarrollando actividad participativa. Allí pernota una comunidad de actores que se desplaza llevando sobre sus hombros realidades que orientan un mundo en transformación, volviéndose incompartible con el desarrollo desafiante.
Conciencias demoniacas hay que se preguntan que necesita nuestra cosmosinteisis para convivir con todo tipo de presiones que obligan a regenerara la vida, si el mundo pierde la tentación de existir. al decir de Cioran. ……Existir tienta, seduce, atropella, condiciona, controla, absorbe, ambiciona, pulsa la codicia…… No se puede negar que el proceso de gobernanza del mundo está sujeto a la acción de franco tiradores de las distintas especies criminales de la orden genocida. Estas agrupaciones de toda naturaleza ejercen sus actos criminales en todas las estructuras de gestión sin límite alguno., desmantelando el orden social, desplomando la cultura y el conocimiento.
El retorno de los brujos no pierde vigencia, pareciera que una vez de ser actores en el mundo de los sometidos, siguieron ejerciendo sus pronósticos conduciéndonos a un mundo inconsciente perdido en la oscuridad de sus recintos embrujados. Estas verdaderas aves del mal agüero rondan avalados por medios diversos, cazadores y forjadores de presagios contra pueblos vivientes en el capitalismo de las emociones y del futuro incierto, donde no se inspira ningún devenir., solo la codicia vacía.
Vivimos o mejor nos viven programando, esclavos de las cosas, de los relativismos que nos conducen por vías algorítmicas en un centro planetario de contradicciones. Estamos y no estamos, nos controlan y deciden por nosotros. Nos enseñan como superar crisis, resistiendo la fuerza de la esperanza, pero no nos enseñan a ser justos ni amar al prójimo. Jesús, esperanza, en su trabajo justo, humanizo el amor para que proyectáramos un plan de vida, presupuesto con sentido. Vivir en armonía es un trazado de amor y filosofía para ubicarnos a conquistar el retorno del sentido, de la razonabilidad que resalte praxis de hechos de emancipación y razón critica.
Los pueblos potencian su poder y la historia entendiendo sus dinámicas. Intentando resistir, persistir el concepto de vida. Otro mundo tendremos cuando el hombre se solidarice, se colectivice de tal manera que se desprenda del yo para formar el nosotros, donde no tiene asiento egoísmo alguno, salvo la codicia mansalvera que no pierde la oportunidad de actuar por parte de aquellos proscritos holísticos que viven a la deriva porque perdieron la estabilidad de los valores transformistas y de la razón.
El debate es pensar en nosotros y el mundo, pensar la historia dentro de líneas de libertad, aunque se torne una utopía que fluye entre lo efímero y el delirio dentro de un ir y venir de palabras en un mundo que piensa sin objetivos claros, esto es, un pensar a la deriva. El desarrollo humano integral atenderá con profundidad, al mando de actores llenos de una condición humana vigorosa, llenos de convicciones solidas ante el complejo estructural de una nación con imagen y semejanza constructora de desafíos.
En esta odisea sentida compete allegar a los instintos todos los paradigmas que con dinámica existen. Con inciertos, hay que decir que el propósito existencial se volvió eco en medio de violencias, llevando al mundo a un activismo muerto. Así las cosas. El mundo registra un enfrentamiento consigo mismo, cerrando todo querer transformador, convirtiendo la vida en un viacrucis, hecho que como muchos otros se volvieron traición política, social, religiosa, deslealtad, enemigos del orden y la paz.
Entiendo que muchas de estas reflexiones se pueden entender como pesimismo. Verdad de apuño nos dice que siempre hemos vivido entre límites y brechas antinómicas, hitos que siguen en la historia con sus desfaces de injusticia social. La mayor y constante aspiración e inspiración de hoy es hacer la guerra sin importar sus efectos, un juego placentero con toda clase de matices…acuerdos, alianzas, debates en medio de hipocresías, convulsiones, discordias, todo sin un objetivo fundamental…. Solo mantener el juego de la guerra, motor de conflictos, cortinas de humo, que al decir de Hannah Arendt es una desesperada confusión perdida.
Los espacios mentales han perdido sus emociones de sano placer, para ser ocupados por la creación de conflictos dentro del sentir de la condición humana. La mayor inspiración y aspiración humana, hoy, es hacer la guerra. Inspirados debates, acuerdos, alianzas le dan vuelta al mundo lo que contradice la hipocresía de otro lado incitando a continuar los conflictos. Para los imperios el juego de la guerra es un encanto que fluye con el don del poder para afianzar cualquier dominio fomentando el dolor, permitiendo crecer la vida hostil, exigiendo renunciar a toda ilusión vana.
La clave humanista está en el quehacer social. Como ley motiv debemos unirnos para lo fundamental con la comunidad, tomando conciencia de la inconciencia buscando devolverle al pueblo sus derechos que entre los imperios le han arrebatado. Volviendo la mirada a los políticos no es dudoso afirmar que dichos grupos carecen del sentido de vida y de pensamiento social, y en tal sentido deben ser considerados actores no gratos para representar al pueblo, un legado roto, una progresiva pérdida social. Trabajar en sentido comunitario nos lleva a proteger el proceso social, de allí que no podemos permitir que la sociedad ruede como una noria a merced de la corrupta política, que le impide a ese pueblo integrarse para la busque de propositos de vida.
Vida en abstracto, silencio de las palabras, fugaz el tiempo que se cruza por el camino divagando sobre el pasado, el presente y hacia el futuro. Hablamos, escribimos, dialogamos sobre lo que sabemos y lo que no y sobre aquello que se opina, pero no lo entendemos porque el vulgo lo recibe de oídas o por un medio falso, que la ignorancia produce. Creemos saber, no aprendemos, entonces no sabemos. Nos nubla la razón tratando de intercambiar la visión del mundo, visión mundana de narrativas dispares que se quedan en inciertos relatos, historias mal narradas. Nula comprensión.
No retornamos a la razón y por eso se escapa la realidad. La condición humana queda sometida a paradigmas cuyos cambios son sometidos a un proceso donde la ciencia ocupa un espacio que lleva a desbloquear conciencias como sugieren Fromm, Freud y Marx para poder despejar el pensamiento formado por parcelas absorbidas por la boyante corrupción. Somos recreacionistas del pasado, difusores del presente y encantadores del futuro, todo en unos diálogos existenciales, quedando el sentido, la razón y la existencia en abstracto. Así va el mundo en el vacío de las almas muertas.
Domar la carne flagelada entre tentaciones son los objetivos del concepto para desviar del camino recto a quienes profesan la vida. Esos manifiestos viciosos, lujuriosos son sus armas para flagelar a los desvalidos cuya razón perdura durante las migraciones homicidas. Migraciones sin retorno, agonía sin fin, fue la pasión de un sueño ansioso con el perdón en sus labios… Padre perdónales porque no saben lo que hacen, palabras que perduran en el mundo ante oídos sordos, Solo el retorno a la verdadera vida, la razón abrirá el sentir del amor en un mundo en tentación existente.
Que pide el mundo en su transitar, de parar toda guerra bajo notas donde el tiempo y los espacios buscan llevar nuevas luces de vida en unos dicentires donde la interioridad humana da todo de si, si no es un lápiz, una libreta y un libro para expresar nuestro pensamiento con criterios que vivifican nuevos ideales, después de divagar realidades o tal vez soportando la hipocresía que destila sinsabores contrahechos ante una libertad en la encrucijada, o unas pasiones sin comprender o por comprender.
No se puede parar el destino, ni el actuar, ni apagar la voz que denuncia, ni dejar en el aire las palabras de la resistencia, ni las convicciones naturales que defienden lo que se piensa. La humanística vive en cada acto humano, no podemos dejar de morir el humanismo, pues allí habita el amor social y el sentir del ser- Solo es posible cambiar y vivir amando, porque el amor es la fuerza en la batalla y paz en el triunfo.
La conciencia social no es otra cosa que formar una sociedad humanista, donde se rompan muchas costumbres codiciosas y egoístas, que han creado una política social de división, donde cada una quiere asumir su papel sin importarle el otro. La conciencia social se forma en las relaciones con el otro. Todos los seres poseemos un ADN que nos realiza en lo físico y lo social. En el mundo predominan entes sociales y políticos carentes de un ADN genuino y de allí su comportamiento des articulador invadiendo la interrelación con alternancias insanas, descalificadas, llenas de síndromes irritables, que corrompen las moléculas de la revolución, cuales mutantes que se propagan distorsionando el orden social, cultural, familiar.
Una genomia social infectada generan políticos con patologías sociales contaminantes de la sociedad, infectando los poderes detrás de los tronos necios perversos atávicos para dar culto al genocidio, a los magnicidios, a las invasiones militares.
El tiempo nos conduce por lugares invisibles donde moran los recuerdos de las hostilidades que han gobernado y mueren las esperanzas, que solo el pueblo las hace renacer como poder primario, El tiempo cambia y con el vibran tantos proscritos, pero quedan los rebeldes de la causa justa que buscan la libertad. La tiranía que viene avivando las cadenas de la desilusión, se rompen con la lucha de la historia cuya memoria pisoteada por el desdén, aun sorprende por sus actos dinámicos de una masa rebelde que no se opaca pues tiene el sello del combate que devora la tiranía.
MARIANO SIERRA S. un residente de la civilización perdida, que escribe en el vacío.
