Por Salvador Álvarez
El último periodo de cuatro años en las dos cámaras del Congreso de la República estuvo poblado de payasos, malabaristas, domadores y tramposos y por eso la actual campaña electoral reviste la mayor importancia para que los colombianos elijan ahora personas que restablezcan el decoro de la rama legislativa del poder público.
Hay quienes argumentan que allí está representado el país, pero qué mal está representado. Cada cosa tiene su lugar y el Congreso de la República no puede seguir como escenario para marionetas o malabaristas políticos que desde el Congreso atacan al gobierno de turno y desde el gabinete ministerial empujan la maleta de la corrupción para financiar su reelección con las ferias de contratos como las que ahora es necesario atajar.
La historia cuenta que para 1818, Bolívar en busca de un gobierno de base popular, le pide al Consejo de Estado– -creado el 5 de noviembre de 1817– que nombre una comisión para que estudie la forma de realizar elecciones para un Congreso Constituyente. Y Germán Roscio es el encargado de establecer un reglamento para adelantar elecciones, incluso en sitios próximos a donde se libraban batallas. A finales de 1818, bajo la base de que Venezuela y Colombia formen una sola república, se convoca a escrutinios y con los diputados que se pueden elegir en mitad de la guerra, se instala solemnemente el 15 de febrero de 1819, bajo la presidencia de Francisco Antonio Zea. Para darle fuerza a las instituciones del Congreso, se hace necesario que el trabajo continúe en Angostura y Cúcuta, donde es aprobada la Constitución de 1821.
Este Congreso fue muy laborioso sus miembros no percibían salario alguno por su labor legislativa, realizaba sesiones de lunes a sábado, de las 9 de la mañana a las 2 de la tarde. Precisamente , en la sesión del 12 de mayo del año siguiente, se aprueban las famosas dietas parlamentarias y se adjudica para cada miembro la suma de tres pesos diarios. Su primera Ley una vez sancionada la nueva Constitución el 6 de octubre de 1821, se dicta para crear el Escudo Nacional, igualmente, le da vida a las Asambleas Electorales de Parroquia y Provincia para el voto directo, con la participación de ciudadanos mayores de 21 años, o casados que supieran leer y escribir y tuvieran una propiedad por valor de 4.000 pesos, o en su defecto fuera profesor de alguna ciencia.
El período de los Senadores se fijó en 8 años y el de los Representantes en 4 años. La inmunidad parlamentaria también es tratada y cada congresista tenía derecho a ella mientras estuviera en sesiones y mientras hiciera el trayecto de su casa a la plenaria, tanto de ida como de regreso; esto generó muchas críticas de parte de la opinión pública.
Historia de una institución que le dio lustre, decoro, cultura y ética a una democracia que estaba en pañales pero no ensuciaba ni apenaba al Estado. Hoy da pena ajena ver agrias y hasta enojadas diatribas de quienes quieren demostrar con vulgaridad la arrogancia de haber sido elegidos con el maquillaje de las redes sociales y la maquinaria de las falsas noticias para dañar la reputación de personas que pudieron haber jugado un mejor papel del poder legislativo.
Hoy esa inmunidad es usada por yotuberes o «influensers» , ganaderos y caballistas y «señoras bien» o de la alta sociedad, elegidos como Congresistas pero que se dedicaron fue a insultar, despotricar, humillar y calumniar a los gobernantes, a los ministros, a los magistrados de las altas cortes, incluso a simples ciudadanos que no estén de acuerdo con sus puntos de vista «tesis» o principios políticos aunque no siempre ideológicos, amparándose en el inmerecido fuero de las personas públicas que deben trabajar para la República y no para sus agendas personales.
En la pista circense el trofeo que puede exhibir el congreso que agoniza es haber cerrado las puertas al pueblo que los eligió en la búsqueda de reformas económicas, políticas y sociales para un país hundido en la indiferencia de sus legisladores, la pobreza, la corrupción y los odios personales de quienes prometieron legislar por un mejor país.
Economistas, abogados, ingenieros, arquitectos, médicos, administradores, psicólogos, técnicos y tecnólogos, son muchos de los que tienen formación ética, profesional y moral para asumir la representación de los colombianos en una de las instituciones que le han dado mucho o poco, pero dentro de los cauces constitucionales y legales al país.
No se trata de decir que votar a la derecha o a la izquierda es acertado y bueno. Hay que pensar quiénes merecen llevar la representación democrática del o de los electores.
A votar para elegir bien.
