
Daniel Samper Pizano
Decía con vehemencia Groucho, el primo de Karl Marx: “Estos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros”. Los Grouchos abundan en el trópico. Cuando la represión de la palabra corre a cargo de la derecha, son fervorosos creyentes en la libertad de prensa. Pero si el microscopio examina a un gobierno de izquierda, sus principios cambian.
El portal La Silla Vacía, como toda empresa humana, tiene fallas y comete errores. Pero pienso que se esfuerza por vigilar el poder desde la prensa y esculcar los hechos ocultos bajo las apariencias.
Si el escrutinio destapa las mañas de la derecha, su misión recibe aplausos de ciertos grupos progresistas. Pero en cuanto la vigilancia recae sobre una administración de izquierda, los principios dan un volantín. Así, el actual gobierno colombiano, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, falta al pluralismo informativo, cae en “la creciente estigmatización de la prensa por funcionarios públicos” (en especial el presidente Petro) y destina recursos públicos a la propaganda política oficial.
La peste de Groucho, en suma, es un surtidor de paradojas.
Golpes y golpecitos
Y, hablando de paradojas, Estados Unidos, el país de los sueños realizados, el espejo de democracias, ha visto asesinar a cuatro presidentes a lo largo de su historia: Abraham Lincoln (1865), James Garfield (1881), William McKinley (1901) y John F. Kennedy (1963).
Otros nueve gobernantes sobrevivieron a atentados; entre ellos, en tiempos recientes, Richard Nixon (1974), Gerald Ford (1975), Jimmy Carter (1979), Ronald Reagan (1981) y Donald Trump, dos en 2024 y otro más la semana que termina.
Muchos candidatos han caído abaleados. El más célebre, Robert F. Kennedy, en 1968. También fueron asesinados líderes negros (Martin Luther King, Malcolm X) y personajes populares, como del beatle John Lennon.
Colombia, con fama universal por su incesante violencia y una larga lista de asesinatos políticos, desde Antonio José de Sucre (1830) hasta Miguel Uribe Turbay (2025), no ha tenido que lamentar, curiosa y afortunadamente, ningún homicidio presidencial. Varios intentos de golpe y alteraciones de la normalidad institucional, sí. Y también el asesinato de compatriotas que podrían haber llegado a la presidencia, como Rafael Uribe Uribe (1914), Jorge Eliécer Gaitán (1948), Luis Carlos Galán (1989) y Álvaro Gómez Hurtado (1995).
Elegido y preso. La primera víctima de una grave alteración republicana en el mando fue quizás Antonio Nariño cuando, en su calidad de presidente de las Provincias Unidas (primer borrador de Colombia), se marchó al frente del ejército a Pasto, confiado en dominar a este pueblo bravo, rebelde y realista. En 1814 cayó Nariño en manos del mariscal español que aún gobernaba la región y estuvo a punto de ser fusilado. Acabó expatriado a España donde vivió largo y doloroso exilio.
Noche de septiembre. El golpe de Estado frustrado por antonomasia es, en nuestra historia, el que enemigos políticos intentaron propinar al Libertador en septiembre de 1828. Salvado Bolívar de morir en el actual palacio de San Carlos gracias a Manuela Sáenz, ordenó pasar por las armas a los conjurados. Incluyó entre ellos, injustamente, al almirante José Prudencio Padilla y en cambio perdonó la vida a Francisco de Paula Santander, promotor del atentado, quien años antes había protegido a Bolívar de otro atentado en un baile bogotano.
Santander, fusilánime. Elegido presidente de la república en 1832, Santander tuvo que enfrentar en 1833 una conspiración encabezada por el general de origen español José Sardá. El intento de golpe se saldó con el fusilamiento de diecisiete sublevados y el posterior asesinato del cabecilla.
El golpe de Melo. El primer golpe de Estado exitoso de nuestra historia lo protagonizó el general José María Melo contra el presidente José María Obando en 1854. Fue una breve dictablanda de seis meses, tras la cual Melo fue deportado a México, donde murió en combate.
Derrocado Mosquera. Tomás Cipriano de Mosquera ocupó cuatro veces la jefatura del Estado. Su última elección se produjo en 1866 y apenas unos meses más tarde, en mayo de 1867, un piquete de soldados lo apresó en su propia cama, y tras un juicio en el Senado fue destituido y desterrado a Lima.
Sin clemencia. Treinta y tres años después, otro presidente, Manuel Antonio Sanclemente, fue suavemente depuesto por el vicepresidente José Manuel Marroquín, con respaldo del ejército y el Partido Conservador. En septiembre de 1901, Marroquín tuvo que debelar una conspiración de sus propios copartidarios.
La embarrada. El general Rafael Reyes, elegido presidente en 1904, solía pasear en coche con su familia por la desolada zona de Barrocolorado, que hoy ocupa la Universidad Javeriana (carrera 7.ª, calles 40 a 45). Allí lo esperaban el 10 de febrero de 1906 unos golpistas que disparan contra él sin acertar un solo tiro. Capturados los delincuentes, fueron fusilados en público en la última aplicación legal de la pena de muerte.
Cómo no tumbar a un gobierno. El intento de derrocar al presidente Alfonso López Pumarejo en julio de 1944 es un tratado acerca de cómo no dar un golpe de Estado. Militares sediciosos amarraron en Pasto al mandatario y le exigieron la renuncia. Según parece, López los convenció de que, para ser válida, la dimisión debía presentarse en papel sellado. Mientras los golpistas lo buscaban, les cayeron encima los militares leales, liberaron a López y amarraron a los sublevados.
Herido Turbay. El 16 de marzo de 1946, manifestantes conservadores atacaron e hirieron en Cali al candidato liberal Gabriel Turbay.
Hoyo en uno. En 1953 cayó Laureano Gómez y subió al poder el general Gustavo Rojas Pinilla. El 8 de enero de 1956 manos anónimas dispararon sin éxito sobre Alberto Lleras Camargo, jefe de la oposición, cuando jugaba golf.
Todos juntos. Un golpe de opinión expulsó a Rojas Pinilla en 1957 y las riendas del país quedaron en manos de una junta de cinco militares. El 1.º de mayo de 1958, unos oficiales de baja graduación apresaron a cuatro de los cinco generales y al candidato Lleras Camargo. El golpe falló convenientemente. El 11 de octubre de 1961 algunos de los oficiales comprometidos intentaron repetir el libreto y fallaron de nuevo.
En las décadas siguientes han abundado las denuncias sobre conspiraciones y atentados contra todos los presidentes. Algunas son exageradas, otras fracasan y, al final, como dicen los políticos, “los dioses de Colombia extienden sobre la patria su manto protector”.

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