
Daniel Coronell
Un observador cuidadoso se dará cuenta de que se rompieron todas las reglas de la perspectiva. La portada de Semana está hecha para crear la falsa sensación de que quien va ganando es el segundo. El montaje fotográfico altera las proporciones, muestra al líder de la encuesta, Iván Cepeda, como si fuera de menor estatura que Abelardo de la Espriella, y a la tercera, Paloma Valencia, con los hombros más bajos que el anterior.

Ahí no termina la manipulación. Los resultados de la llamada encuesta de AtlasIntel –38 % para Cepeda, 29.9 % para De la Espriella y 21.2 % para Valencia– sobrepuestos a la imagen de cada candidato tienen una inexplicable composición: el número del segundo está un poquito más alto que los del primero y la tercera.
La pretendida encuesta que publica Semana es en realidad un sondeo digital que no cumple con la ley ni la resolución reglamentaria del Consejo Nacional Electoral. Las irregularidades son múltiples, pero solo mencionaré el sesgo omisivo de uno de los puntos del cuestionario.
La pregunta 4, presentada a los navegantes por internet, es la siguiente: “Entre Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella ¿A cuál de ellos rechaza más como posible presidente de Colombia?”.

Noten que no preguntaron por ningún otro candidato. Ni por Paloma, ni por Sergio Fajardo, ni por Claudia López, ni por los demás que están en el tarjetón.
¿Cómo explicar esa omisión? ¿Sabían, antes de hacer la encuesta, quiénes resultarían primero y segundo? ¿Por qué no hicieron la comparación con otros candidatos? ¿No querían que viéramos si otra candidata, o candidato, tiene menos rechazo comparativo que De la Espriella? ¿Buscan que sus lectores crean que la carrera es solamente entre dos?
Las juguetonas portadas de Semana se han dedicado a favorecer a Abelardo de la Espriella y a golpear a Paloma Valencia.
En la edición anterior, la revista de Gilinski puso en su carátula una foto de Paloma Valencia, rodeada de políticos cuestionados. El título era: “Las alianzas de Paloma” y sentenciaba “La candidata presidencial Paloma Valencia les abrió la puerta a santistas y a los partidos tradicionales”.

Nada dice Semana sobre los aliados de Abelardo. No se menciona el respaldo del clan Char a su campaña, uno de cuyos miembros, el exsenador Arturo Char, es procesado por la Corte Suprema por los presuntos delitos de concierto para delinquir y corrupción al elector. Aída Merlano declaró que Álex Char está involucrado en los mismos hechos. Tampoco se dice una palabra del exsenador Iván Díaz Mateus, condenado por la yidispolítica. No hay una sola mención de los numerosos políticos tradicionales que están con De la Espriella. Lina Barrera, Lina Garrido y Miguel Polo Polo, entre otros.
Contrasta la severa portada contra Paloma con la regalada a su rival por la candidatura de la derecha. Bajo el título “Las propuestas del Tigre” anuncian una entrevista en la que propuso que no hubiera consultas, sino una encuesta.

Y es que las consultas no eran del agrado de De la Espriella ni del dueño de Semana. Una semana antes de su celebración, en marzo, la revista presagió que fracasarían.

El resultado fue diferente al vaticinio de la portada. Paloma Valencia salió fortalecida del proceso. Su consulta tuvo cerca de seis millones de votos, de los cuales más de 3.200.000 fueron para ella. La conformación de la fórmula con Juan Daniel Oviedo parecía funcionar, sus números iban subiendo considerablemente y muchos esperaban que, por esta época, estuviera consolidada en el segundo lugar.
Sin embargo, todas las encuestas –las rigurosas y las que no lo son– empiezan a mostrar un rezago de Paloma a cuatro semanas de las elecciones. Es probable que no le esté resultando la estrategia de pintarse como uribista y centrista al mismo tiempo. Lo seguro es que Semana, el más uribista de los medios, ha hecho todo lo que puede para que le vaya mal.
La tentación de influir en lo que pasa, más que conformarse con informarlo, se volvió costumbre en esa publicación. Hace cuatro años aseguraron que la carrera sería entre Gustavo Petro y Federico Gutiérrez.

Al hoy alcalde de Medellín, Semana lo presentaba como el genuino candidato del pueblo, el hombre que trabajaría para los más necesitados.

Como los que pasaron a segunda vuelta fueron Gustavo Petro y Rodolfo Hernández, Semana optó por la fórmula del miedo. En su edición previa a las elecciones tituló: “¿Exguerrillero o ingeniero?”.

Una publicación frívola, pobremente escrita y dedicada a perseguir a sus contradictores, tiene la pretensión de conducir las decisiones de los colombianos. Lo increíble es que, a veces, lo logra, al menos parcialmente.

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