Martes de la luenga lengua.  Le-les, trasegar, minga, juez-jueza

Ilustración Adobe

QUISQUILLAS DE ALGUNA IMPORTANCIA

por  Efraim Osorio López.

eolo1056 @yahoo.com

Los diccionarios son un auxiliar indispensable para los que nos dedicamos a escribir.  

El pronombre personal de tercera persona ‘le’ (dativo o complemento indirecto) es invariable en género, pero no en número. Su plural es ‘les’. A pesar de lo elemental de esta norma gramatical, son muchos los que la infringen, como en el siguiente ejemplo: “Siempre he querido demostrarle a los demás que uno puede hacer cualquier cosa…” (LA PATRIA, ‘He dicho’, Iara Mariana Monsalve Vanegas, artista de Villamaría, 1/8/2025). De acuerdo con la norma, “…demostrarles a los demás…”, porque alude a un nombre plural. En el ejemplo citado, el pronombre es ‘enclítico’, es decir, que se une a la palabra anterior para formar con ella una sola. ***

Hay palabras que tienen un atractivo especial, una especie de encanto, para escritores en general, y para columnistas en especial, que las emplean sin saber su significado. Es el caso del verbo ‘trasegar’, empleado por ellos con el sinónimo de ‘recorrer’. Una muestra: “Los edificios como las ciudades tienen historia, esta hace parte de su trasegar en el tiempo e incluyen la búsqueda para adaptarse a las exigencias, siempre cambiantes, de la civilización” (LA PATRIA, Jorge Alberto Gutiérrez Jaramillo, 3/8/2025). Imagino que quiso decir “…que hace parte de su recorrido en el tiempo…”, idea que no expresa el término ‘trasegar’. Éste, originalmente, según J. Corominas, significaba ‘rozar frecuentemente, manosear’, y luego, ‘llevar de acá para allá’. Actualmente, según El Diccionario, sus acepciones son las siguientes: “Trastornar, revolver. // 2. Mudar las cosas de un lugar a otro, y en especial un líquido de una vasija a otra. // 3. Beber en cantidad vino y licores”. Sus sinónimos, ‘trasbordar; trastornar, revolver, confundir’. Los diccionarios son un auxiliar indispensable para los que nos dedicamos a escribir. *** 

Hay palabras que damos por conocidas, pero que a la hora de definirlas nos dejan mudos. Me sucedió con el sustantivo ‘minga’. A la pregunta de un amigo, no muy convencido, e influenciado por lo visto en televisión, le respondí que era ‘una manifestación de indígenas para pedir algo’. Mi ignorancia me llevó a los diccionarios, y encontré que es un regionalismo de Colombia y otros países de Suramérica, definido así por Alario di Filipo: “Reunión de amigos y vecinos para hacer algún trabajo en común, sin más remuneración que la comilona y el aguardiente que les da el dueño cuando lo terminan. Es voz quechua aceptada por la Academia” (Lexicón de colombianismos)Convite. El diccionario de colombianismos del Instituto Caro y Cuervo da otra definición: “Reunión de amigos y vecinos entre los indígenas y campesinos que realizan trabajos y actividades diversas en beneficio de la comunidad”. Quedamos, pues, informados, mi amigo y yo. ***

El periodista Juan Lozano escribió: “…de pedirle a la señora juez que fallara en derecho”  (El Tiempo, 4/8/2025). El mismo día y en el mismo diario, la columnista Yolanda Reyes tituló su artículo así: “Dos hombres, y una jueza en el medio”. ¿Juez o jueza? A lo largo de los años, este sustantivo ha sufrido variaciones sensibles: hasta la decimonovena edición de El Diccionario (1970) pertenecía únicamente al género masculino. En esa edición aparece como sustantivo común, es decir, que se distinguía sólo por el artículo (‘el juez’, ‘la juez’). Así, hasta la vigesimotercera edición (2014), en la que está asentado de la siguiente manera: “Juez-za.”, con la siguiente acepción: “Persona que tiene autoridad y potestad para juzgar y sentenciar”. Pero anota que para el género femenino se puede emplear también el masculino, con lo que estoy muy de acuerdo, pues me parece que la ‘a’ le quita su fuerza expresiva. 

DESCACHADAS IDIOMÁTICAS

Por Jairo Cala Otero / Especialista en comunicación correcta

  1.  «Joven fue asesinado en peluquería mientras se cortaba el cabello». Según lo que dice este título de una noticia en el diario Vanguardia (Bucaramanga), la víctima del ataque tenía habilidades para motilar; y él mismo se hacía el corte. Anque tal tarea pudo haberla hecho en su casa, así habría evitado el ataque del que fue víctima. Pero el asunto es de otro nivel, no de aptitud de peluquero del hombre atacado; fue falla del redactor, que usó mal el pronombre personal reflexivo ‘se’. «Peluqueado» y «peinado» el título era: «Joven fue asesinado en peluquería mientras le cortaban el cabello». 

2.- «(…) ha surgido con fuerza un nuevo enemigo que corre los cimientos de la democracia ilustrada: la burricia». En un artículo titulado «¡Arriba la burricia!», en la revista Cambio, Daniel Samper Pizano usó cuatro veces la palabra ‘burricia’ en referencia a personas de reconocida torpeza. En una de las citas, agregaba: «Donald Trump es la más evidente encarnación de la burricia». Ese vocablo no es castizo, el que sí está asentado en el diccionario es burricie, de género femenino, que significa: «Cualidad de burro, torpeza, rudeza». Las menciones de Samper Pizano debieron decir la burricie, palabra de la que son sinónimos: burrez, torpeza, rudeza y tosquedad. Además, la burricie no «corre» los cimientos de la democracia, sino que los corroe.

3.- «Revelan quiénes son los heridos del fuerte accidente aéreo cerca de Bogotá y cómo están». Ningún accidente es suavecito, si lo fuese, no sería accidente; sería lo más parecido a una caricia. Por lo general, todos los accidentes son fuertes o estremecedores. En algunos casos son fatales (cuando hay personas muertas). Por la manía de usar adjetivos en algunas oraciones gramaticales, cuando no son necesarios, se califica mal alguna situación de apremio, como lo hicieron en el periódico virtual Pulzo con este título noticioso. Sin adjetivo: «Revelan quiénes son los heridos del accidente aéreo cerca de Bogotá, y cómo están».

4.- «Alcalde de Cúcuta rechazó plan de Panamá de recibir venezolanos deportados: “La ciudad no está en condiciones”». Este título del diario antioqueño El Colombiano confunde, porque pareciera que la afectada con recibir a venezolanos deportados de Estados Unidos fuese Panamá, pero no es así. La noticia decía que el Gobierno panameño ofreció recibirlos y enviarlos enseguida a Cúcuta, Colombia. Es, entonces, cuando sí cobra sentido que el alcalde de esa ciudad se queje por no tener condiciones para recibirlos. Sin trastornos por deportaciones, el título era: «Alcalde de Cúcuta rechazó propuesta de Panamá de reenviar venezolanos deportados a esa ciudad colombiana: “No estamos en condiciones de recibirlos”». Otro: «Por no tener cómo recibir a venezolanos deportados, Alcaldía de Cúcuta declina ofrecimiento de Panamá para mediar».

5.- «Bus cayó a un abismo con un saldo de un muerto y 14 heridos». Generalmente, los accidentes dejan como consecuencia muertos o heridos, o muertos y heridos; pero, según dice este título noticioso del diario Vanguardia (Bucaramanga), el bus se accidentó «con un saldo de 1 muerto y 14 heridos» incluidos. O sea que ¡la consecuencia estaba adelantada! Es decir, cuando ocurrió el accidente, 1 pasajero estaba muerto y 14 más estaban heridos. Ese absurdo e inverosímil suceso solamente ocurre por una mala redacción, claro. Además, es incorrecta la combinación de palabras y números en las cifras; debe haber uniformidad. Corrección: «Bus cayó a un abismo y provocó 1 muerto y 14 heridos».

6.- «¿Qué pasó con la asistencia a las marchas? Expertos hacen balance tras baja afluencia en dos días de paro nacional». Titular en el periódico El Tiempo. Se abordan aquí dos asuntos opuestos: las marchas son caminatas de personas con un fin determinado; no implican parálisis de ninguna actividad. Paro es: «1.- Interrupción de actividades colectivas por iniciativa de algún grupo social o de una autoridad. 2.- Huelga, interrupción de la actividad laboral por parte de los trabajadores». (DRAE). En Colombia no hubo paro alguno, sino unas marchas (lánguidas, por cierto) de unas minorías, lo cual no paraliza ni a las moscas. Son dos conceptos abismalmente opuestos, pero la prensa colombiana no hace diferenciación de ellos, con lo cual se trata de hacer creer que el deseo de unos pocos se ha cumplido. Hay paro (parálisis) cuando no funcionan: transporte, comercio, instituciones gubernamentales, escuelas, colegios, universidades, plazas de mercado; nada, nada funciona, ni los hampones, porque no hay gente en las calles para asaltar. Título reparado: «Expertos hicieron un balance de la baja afluencia a las marchas de dos días».

7.- «Se legalizó la contratación por horas, una práctica que reduce los ingresos reales de las y los trabajadores y profundiza la desigualdad». Si la matraca que una minoría agita sobre «igualdad de género» tuviese asidero lingüístico, Horacio Duque debía haber escrito en Las 2 Orillas: «las trabajadoras y los trabajadores». Como lo hizo, falta notoriamente al discurso refrito sobre la duplicación de artículos determinantes y de sustantivos para diferenciar géneros gramaticales. Es como tratar de nivelar una mesa coja recortando otra de sus patas. Al derecho y con ajuste lingüístico: «Se legalizó la contratación por horas, una práctica que reduce los ingresos reales de los trabajadores y profundiza la desigualdad». El sustantivo plural trabajadores incluye a las mujeres, sin que signifique que hay dominio de un sexo sobre el otro; las palabras tienen género y los humanos tenemos sexo, que es lo que todavía no entienden unos pocos.

8.- «(…) la noticia de su asesinato tomó por sorpresa a sus clientes y aquellos que la habían visto ganarse la vida honestamente». «Ganarse la vida» es una frase cliché, por consiguiente, sin fuerza lingüística y sin sentido común (del que tantos dicen que abunda). El diario Vanguardia la usó en una noticia sobre el asesinato de una vendedora de empanadas en Floridablanca (Santander). La realidad, sin embargo, nos demuestra que la vida no se gana trabajando, sino ser concebidos por los progenitores; lo que sí se gana con el trabajo es el sustento para la vida que se tiene. Entonces: «(…) la noticia de su asesinato tomó por sorpresa a sus clientes y aquellos que la habían visto ganarse su sustento honestamente».

9.- «En Medellín, este año han muerto 23 extranjeros en hechos que son investigados por la policía judicial; hay decesos causados por sobredosis». Aunque la mayoría de los delitos perpetrados quedan sin castigo para sus autores, las autoridades deben investigarlos todos, sin excepción; luego sobra advertir en las noticias que tales delitos «son investigados por la Policía Judicial». Además, se escribe mal (en minúsculas iniciales) el nombre de esa división judicial de la Policía Nacional, como se hizo en la página del canal Teleantioquia (Medellín). En síntesis: «En Medellín, este año han muerto 17 extranjeros en diversos hechos; algunas muertes fueron causadas por sobredosis de alucinógenos».

10.- «La Verónica, enfrenta la horda y enjuaga el rostro de Jesús padeciente». Título de una nota en la página Gaudium Press. En el texto: «Una mujer, que movida por el amor, enjuagó el rostro más hermoso del Universo. Cristo la premió con su imagen». El verbo enjuagar, como escribieron en la citada página, significa: «1. Limpiar la boca y dentadura con un líquido adecuado. 2. Aclarar y limpiar con agua lo que se ha jabonado o fregado». En aquel breve descanso de Jesús, mientras cargaba la cruz hasta el monte Gólgota, no hubo enjuague alguno. Lo que sí secedió fue que Verónica enjugó el rostro del Nazareno con un paño, es decir, le secó la sangre que corría por su cara. La leyenda en la página Gaudium Press era: «La Verónica, enfrenta la horda y enjuga el rostro de Jesús padeciente». Del verbo enjugar anota el diccionario: 1. Quitar la humedad superficial de algo absorbiéndola con un paño, una esponja, etc.; 2. Limpiar la humedad que echa de sí el cuerpo, o la que recibe mojándose. Enjugar las lágrimas, el sudor. 

11.- «(…) Se estima que un General, la máxima autoridad uniformada, percibirá aproximadamente $32.406.609 al mes; un Mayor General pasaría a ganar alrededor de $24.359.600 mensuales (…)». Estas cifras corresponden a los sueldos en la Policía de Colombia, según los rangos, después del aumento del 7 % aprobado por el Gobierno para sus integrantes. En la información, todos los demás rangos citados y las cifras mantenían el mismo error: mayúsculas iniciales y puntos entre cifras; ambas grafías son equivocadas. La nota de RCN Televisión era: «(…) Se estima que un general, la máxima autoridad uniformada, percibirá aproximadamente $32 406 609 al mes; un mayor general pasaría a ganar alrededor de $24 359 600 mensuales (…)».

12.- «A tan solo tres años del escándalo que destapó uno de los mayores fraudes al sistema de salud en la historia de Chile, nuevamente el país se ve sacudido por un caso que involucra a médicos colombianos». Según la visión futurista de quien redactó esta expresión en el periódico El Colombiano, los fraudes al sistema de salud en Chile sucederán dentro de tres años. Lo más probable es que ese redactor trabaje ayudado por una bola de cristal para vaticinar los sucesos del futuro. Esa premisa se desprende de la locución «a tan sólo tres años del escándalo»; o sea, faltan tres años para que el escándalo ocurra. Sin adivinaciones ni mentiras (porque ese hecho ya ocurrió): «Tres años después del escándalo que destapó uno de los mayores fraudes al sistema de salud en la historia de Chile, nuevamente el país se ve sacudido por un caso que involucra a médicos colombianos».

13.- «Te cuento que XN me terminó». Expresión de una mujer que le comunicaba a otra persona el fin de su relación amorosa con su novio. En el lenguaje coloquial son comunes esa y otras expresiones que apuntan al mismo mensaje. Semánticamente, sin embargo, la frase encarna una equivocación: nadie es incompleto, todos estamos terminados, bien hechos, en condición de vivir sin limitaciones. Por consiguiente, decir «me terminó» no resulta apropiado en una persona completa, «terminada». Corrección: «Te cuento que XN rompió su relación conmigo». Otra posible: «XN dio por terminada su relación conmigo». Si el rompimiento es de consenso: «Fulano y yo terminamos nuestra relación».

14.- ««Muy conmovedor lo que vivimos hoy en el Departamento junto al Alcalde (…): las voces de la sociedadAntioqueña en oración por Miguel Uribe Turbay. Se expresaron maestros, firmantes de paz, jóvenes, deportistas, artistas, académicos, indígenas, afros, líderes sociales (…)». Del gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón, en su cuenta de X. El mandatario antioqueño usa mayúsculas cuando no se requieren: 1.- Se escribe departamento, noDepartamento. 2.- Lo correcto es escribir alcalde, no Alcalde. 3.- Los gentilicios, todos sin excepción, no llevan mayúscula; por tanto, se escribe antioqueña, no Antioqueña.

Sobre Revista Corrientes 5473 artículos
Directores Orlando Cadavid Correa (Q.E.P.D.) y William Giraldo Ceballos. Exprese sus opiniones o comentarios a través del correo: williamgiraldo@revistacorrientes.com