
Enrique Santos Calderón
Me impresionó la cantidad de personas que anhelaban que la reunión de Petro con Trump fuera un gran fracaso. “Desastre anunciado” vaticinaron algunos comentaristas de prensa que se quedaron “con los crespos hechos”, como diría alguna matrona bogotana. Yo también llegué a pensar —no a desear— que no había forma en que eso saliera bien. El primer signo de que el encuentro resultó mejor de lo que se esperaba fue que duró más del doble de lo programado. Dos horas en lugar de cuarenta minutos.
Lo otro fue la actitud de Donald Trump, un hombre siempre imprevisible y volcánico, que sorprendió con su amabilidad con el presidente izquierdista de Colombia, por quien ha profesado una abierta antipatía y al que llegó a calificar de maleante (thug), desequilibrado y benévolo con el narcotráfico. Es legítimo cambiar de opinión sobre las personas, pero en este caso fue poco menos que asombroso.
“I love Colombia” y “eres grande” llegó a decirle, lo que sugiere que Petro fue muy convincente en el compromiso que le ofreció para frenar el flujo de droga hacia Estados Unidos. Y es de esperar que tenga eco su petición a Washington de concentrar la ofensiva contra el tráfico en los “blancos de alto valor”, vale decir, en los grandes capos, más que en la fumigación de cultivos cocaleros de los campesinos.
No todos aquí piensan lo mismo, por supuesto. El exministro y aspirante presidencial Juan Carlos Pinzón habló de que fue una visita “humillante”, pues “lo metieron por la puerta de atrás, no hubo rueda de prensa conjunta, ni comunicado de prensa”. Detalles tal vez ciertos (salvo que la Casa Blanca no tiene puerta de atrás), pero que en nada demeritan el significado del encuentro entre dos mandatarios con posturas tan disímiles sobre todo lo demás. Es conocido el desprecio de Trump por temas ambientales muy caros a Petro y es curioso que no haya aludido a las negociaciones con guerrillas y narcoparamilitares.
Se entiende que la desacertada y errática gestión económica del gobierno haya agudizado la oposición de los gremios, aunque a veces el antipetrismo es tal que empaña el panorama y no deja apreciar toda la película. Que Trump haya dicho que fue una reunión “fantástica” y que “me fue muy bien con él” es algo que distensiona de inmediato una relación que se había vuelto algo más que tirante. Y eso hay que destacarlo. Falta ver cómo se desarrolla este nuevo clima, que de cualquier forma es positivo para el país. Claro que más positivo sería que Donald derogara la descertificación y no hablara tanto de sanciones y aranceles. Pero no hay que pedirle peras al olmo.
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El panorama electoral sigue enrarecido e imprevisible. Los tres presidenciables más opcionados hasta el presente, Iván Cepeda, Sergio Fajardo y Abelardo de la Espriella, irán directo a la primera vuelta. Eso algo aclara. Pero también anunciaron lo mismo Gilberto Murillo, Juan Fernando Cristo, Mauricio Lizcano, Daniel Palacios, Carlos Felipe Córdoba y varios aspirantes más, lo que garantiza un tarjetón abultado y confuso. Imagino la cantidad de votos nulos.
No creo haya pedagogía electoral que pueda aclararle a los ciudadanos cuál es el programa de cada candidato; en qué se parecen o diferencian y cuáles propuestas han tenido más impacto o rechazo. Lo que todo el mundo sí debe entender es que se trata, con consultas o sin ellas, de un primer juicio electoral anticipado sobre el Gobierno. La correlación de fuerzas parlamentarias que emerja de la elección del 8 de marzo será decisiva para medir en qué queda la pretensión del presidente de proyectar su influencia más allá del 2026.
Del lado de la oposición, no me extraña que Paloma Valencia haya ganado la candidatura del Centro Democrático ni que aparezca como favorita en la llamada Gran Consulta por Colombia. Es una mujer frentera, que habla bien y sabe proyectarse. Si le mermara un tanto a ese antizquierdismo tan repetitivo y ramplón, podría incluso mejorar su imagen. Fui alumno de su abuelo Mario Laserna, el filósofo y matemático que fundó la Universidad de los Andes, quien no se cansaba de recalcarnos lo importante que era leer a Marx. O por lo menos saber qué representaba el marxismo. No imagino que la nieta haya seguido sus consejos.
P.S. 1: El primer bombardeo de Petro a un campamento del ELN produjo varios muertos y la posterior incautación de sofisticado armamento, incluyendo sistemas de drones y antidrones. Hay quienes se preguntan por qué no se había procedido antes con la fuerza coordinada del Estado contra un grupo que ha torpedeado todas las iniciativas de paz de los últimos treinta años. Todo indica que esta vez la ofensiva no se detendrá.
P.S. 2: Es hasta divertido ver la avalancha de cuñas televisadas de tantos precandidatos desconocidos que participan en consultas inocuas. Pero es válido preguntarse cuántos lo hacen simplemente por figurar y beneficiarse de la reposición monetaria por los votos obtenidos, (8.500 pesos por cada uno) que representa un millonario despilfarro de recursos públicos. Un sistema absurdo que hay que cambiar más temprano que tarde.
