
Daniel Coronell
Fue una patada al tablero. El Consejo Nacional Electoral, CNE, en cuestionable decisión, excluyó de la carrera interna a Iván Cepeda, el candidato que por muy lejos lidera la izquierda, argumentando que no podía participar en dos consultas. Horas después, contradiciendo sus propios argumentos, el CNE habilitó al exalcalde de Medellín, Daniel Quintero, para entrar a esa consulta, a pesar de que –como Cepeda– se había inscrito en la de octubre.
La determinación fue aprobada en medio de sesiones tormentosas en las que participó y votó, sin sonrojarse, ni declararse impedido, el magistrado Álvaro Hernán Prada quien es juzgado por manipulación de testigos en un caso donde Iván Cepeda –el directamente afectado con su decisión– ha sido reconocido como víctima.
Un curioso azar escogió repetidamente conjueces asociados a los peores enemigos políticos de Iván Cepeda. Alejandro Sánchez Cerón, abogado del expresidente Álvaro Uribe en el caso de soborno de testigos y fraude procesal, tuvo que declararse impedido para actuar como conjuez después de que su condición de contraparte de Iván Cepeda saliera a la luz pública en redes sociales.
Finalmente, la exclusión de la consulta del candidato de la izquierda terminó decidiéndola un antiguo socio de Abelardo de la Espriella, el más beligerante rival de Iván Cepeda. Se llama Hollman Ibáñez; fue miembro de la firma De la Espriella Lawyers y, cuando se independizó, su nueva empresa siguió funcionando bajo el mismo techo, en la misma dirección, de la empresa de De la Espriella.
El conjuez Hollman Ibáñez, además, es blanco de cuestionamientos éticos. La Comisión Nacional de Disciplina Judicial lo sancionó en noviembre del año pasado con tres años de suspensión en ejercicio de su profesión de abogado por haber interpuesto dos veces la misma acción de tutela. Una trampa donde lo pongan.
El hábil conjuez apeló y logró que se anulara la actuación para que volviera a la Comisión Seccional de Disciplina Judicial de Bogotá. La controvertida nulidad equivale a una absolución por vencimiento de términos, ya que la acción disciplinaria prescribe esta semana.
Uno de los magistrados del CNE, Altus Baquero, optó por irse de viaje en una de las semanas más críticas en la historia de la entidad. Con tiquetes y viáticos por 17 millones de pesos, pagados por los contribuyentes, se marchó a Tailandia para observar unas elecciones de referendo, dejándole el trabajo a sus colegas y a los cuestionados conjueces.
Independientemente del papel trágico y cómico del Consejo Nacional Electoral, sus decisiones están desatando un terremoto en el escenario político, y especialmente en las filas de los tres candidatos que encabezan las encuestas: Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella y, en un tercer lugar –muy rezagado–, Sergio Fajardo.
Empecemos por el último. Fajardo volvió a tirar por el drenaje su posibilidad, de por sí escasa, de llegar a la segunda vuelta. No sumarse a la consulta de centro de marzo le abre paso a Claudia López, quien saldrá de esa elección con una votación probada que, ocasionalmente, puede ser mayor al porcentaje menguante de Fajardo en las encuestas. Nada es imposible pero veo difícil que, de aquí a mayo, pueda surgir algo que lo rescate de la irrelevancia.
Sigamos con Abelardo de la Espriella. Su suerte se juega en marzo en muchos sentidos. Si, como es previsible, Paloma Valencia gana la consulta de centro derecha, saldrá con el impulso de un mandato fresco y una votación probada. A Paloma le basta con acercarse a la votación de Senado que obtenga el Centro Democrático para reclamarse como heredera legítima del expresidente Uribe y tener más posibilidades de conseguir votos en el centro que Abelardo, puede convertirse en la opción más viable de la derecha.
La situación de Iván Cepeda tiene similitudes con lo anterior pero también diferencias. La votación de la izquierda petrista está con él, sin lugar a dudas. Esa es una cuota inicial necesaria, pero no suficiente. Si Iván Cepeda quiere ser presidente, tiene que conseguir aliados que estén más allá del petrismo duro. La consulta de Roy Barreras, Daniel Quintero y otros tiene dos metas: lograr sumados más de los 2.700.000 votos que obtuvo la consulta de la izquierda en octubre. Y que el ganador tenga más del millón y medio de votos que eligieron candidato a Cepeda.
Las dos metas son ambiciosas pero posibles.
Lo asombroso es que Roy, que no alcanza el 1 por ciento en las encuestas, se haya convertido en el eje de la política colombiana en las últimas 72 horas. A veces creo que sus sucesivos golpes de astucia le van a dar un lugar que no refleja el radar estadístico, y otras veces pienso que va a terminar enredado en sus espuelas.
Como sea, la arbitraria patada al tablero del CNE puede cambiar, de manera irreversible, las tendencias que creíamos consolidadas.
