
Daniel Samper Pizano
“See you later, alligator”
Rocanrol de Bobby Charles (1955)
En la zona inhóspita y ardiente del pantano de Everglades, Florida, el gobierno de Estados Unidos acaba de inaugurar una especie de gallinero humano donde —a juzgar por los videos y fotografías publicadas— los cautivos viven en remolques o en cubículos tejidos con alambre de valla y hacen sus necesidades corporales a la vista de los demás inquilinos.
Esta cárcel atroz se denomina Alligator Alcatraz. Alligator, por deformación inglesa de el lagarto, que en español nombra a grandes reptiles, como caimanes, cocodrilos y babillas. Y Alcatraz por ser este es el nombre de una isla en la costa pacífica norteamericana donde operó de 1934 a 1963 una cárcel de la que, según decían, era imposible escapar. En realidad, se fugaron tres prisioneros en 1962, y nunca pudieron localizarlos. Seis más murieron tiroteados por los guardianes y dos se ahogaron.
Los dos penales se parecen por las condiciones severas que los caracterizan y su riguroso régimen carcelario. Pero se diferencian en que la isla del Pacífico albergaba a criminales temibles, como Al Capone, y la de Everglades, en cambio, arrancó hace poco en un antiguo campo de aterrizaje con mil inmigrantes indocumentados y espera a otros cuatro mil, por lo general hombres y mujeres cuyo “crimen” fue trabajar arduamente sin papeles y con salarios de hambre.
El gran día inaugural fue el 1º. de julio. El presidente Donald Trump felicitó a sus funcionarios por armar en solo quince días una enramada de 9.300 metros de concertina, ese alambre de cuchillas que ha costado dedos, brazos y piernas a trabajadores que intentaban atravesar fronteras prohibidas. Los peligros mortales que rodean a la penitenciaría provocan verdadero frenesí a sus autores. “Si alguien se escapa, tendrá que enfrentarse a un montón de caimanes”, dijo el gobernador de Florida, Ron DeSantis. Con su habitual crueldad, Trump ofreció a los detenidos unas “instrucciones para huir de un caimán”. Las copio textualmente para ver si a ustedes también les parecen graciosas: “No corran en línea recta, háganlo en zigzag —explicó—. De este modo sus posibilidades de escapar mejoran en un uno por ciento”. En cuanto a las protestas de defensores de la integridad ecológica del pantano y entidades protectoras de los derechos humanos, comentó: “Sé que algunos lo consideran un plan algo discutible, pero me tiene sin cuidado”.
El Partido Republicano, siempre defensor del lucro como supremo valor, 24 horas después de la inauguración ya estaba haciendo negocio con la penitenciaría. Vendía en diversos puntos del pantano cachuchas con dibujos de cocodrilos y ofrecía diversos recuerdos a quienes donaran plata para el campamento de reclusión.
Va a ser difícil, ciertamente, que los padres de familia o los jóvenes capturados en fábricas, granjas o escuelas logren burlar las alambradas y los cien guardias nacionales apostados a orillas del pantano. Alcatraz tenía cuatro anillos de protección: los muros, los guardias, la furia del mar y los temibles depredadores: tiburones, barracudas y otros peces. El campo de concentración de Everglades es aún más hermético. A los alambradas de concertina y las armas de los centinelas hay que sumar, entre otros, los huracanes, de brava frecuencia en la región, los escorpiones, los ofidios y los grandes reptiles.
Vamos por partes. Es mala noticia que en las aguas verdosas de Everglades acechen 29 especies de serpientes. Pero es buena que solo cuatro de ellas puedan matar a un ser humano con su veneno: la coral, la cascabel pigmea, la boca-de-algodón y la espalda-de-diamante oriental. El problema gordo es cómo identificarlas en un momento de apuro y sin manuales. Aparte de estas culebras, habitan el pantano dos especies gigantes que rara vez atacan al hombre, pero podrían quebrarle los huesos o asfixiarlo: la boa constrictor y la pitón birmana.
En cuanto a arácnidos, es posible topar tres especies venenosas de araña negra y dos escorpiones terribles de corteza rayada.
Si el fugitivo logra escapar de sierpes y alacranes, lo espera el penúltimo anillo de riesgo, al que concurren los tataranietos de saurios prehistóricos: cocodrilos, caimanes y babillas. Los dos primeros se mezclan en Everglades y, a diferencia de las serpientes, es más fácil identificarlos. El cocodrilo tiene hocico en forma de V y es más guerrero, más corpulento y más pesado que el caimán. La jeta achatada de este último semeja a una U.
En los principales lagos de Florida habitan unos 17.000 saurios y la historia de su relación con el hombre no es tranquilizadora. En 2023 los reptiles mordieron a 24 ciudadanos, dos de los cuales fallecieron. El año pasado hubo 11 mordeduras delicadas, pero ninguna mortal. En lo que va de 2025 dos personas han muerto por ataque de cocodrilo. La última fue el 29 de junio, cuando un caimán de cuatro metros volcó la canoa en que paseaba una pareja. Un testigo relató: “El animal mordió a la mujer en el torso y se alejó con su víctima en las fauces”.
El prisionero que haya superado la prueba del cocodrilo y no perezca en una tempestad tropical, aún deberá enfrentar el último y más peligroso anillo: los funcionarios que practican el dicho latino Similia similibus curantur (“Lo similar cura lo similar”). Me refiero a los descendientes de inmigrantes que, para aparecer más patriotas, persiguen con saña a los extranjeros. De este escuadrón infame forman parte Trump, descendiente de alemanes y escoceses; DeSantis, de sangre italiana; el secretario de Estado Marco Rubio, hijo de cubanos, y la secretaria de Seguridad Kristi Noem, vaquera con abuelos noruegos.
Estos son, más que las alambradas, las serpientes, los escorpiones y los cocodrilos, los verdaderos enemigos de los inmigrantes.

ESQUIRLA. En Colombia hemos masacrado a miles de caimanes que antes se asoleaban plácidamente en el río Magdalena y los Llanos. Desde el 2 abril de 2023, sin embargo, se inició la reintroducción de estos animales a la naturaleza. Ese día flotaron en el río Tomo (Vichada) 14 ejemplares criados en la Estación Tropical Roberto Franco de la Universidad Nacional. Bienvenidos, cocodrilos…
