La tardía reacción del uribismo frente a Abelardo de la Espriella

Paloma Valencia y Álvaro Uribe en evento de campaña, en Medellín (Colombia), el 23 de mayo. MIGUEL LOPEZ (AP PHOTO/MIGUEL LOPEZ)

A cuatro días de la primera vuelta, el expresidente Álvaro Uribe respalda a su candidata Paloma Valencia en la ruptura frente al ultra

JUAN ESTEBAN LEWIN

Bogotá – 

“¿Están muy extrañados porque no les resultó una palomita sino una palomota? ¿Creían que era muy débil? Ahí la tienen”. El expresidente Álvaro Uribe Vélez lo escribió en X en la tarde del miércoles, a cuatro días de la primera vuelta presidencial. Quien como mandatario llegó a ser tan poderoso que cambió la Constitución para reelegirse, refrendaba así su apuesta a fondo por la candidatura de su pupila, la senadora Paloma Valencia. Las palabras de quien ha sido reverenciado por la derecha colombiana como su líder durante más de dos décadas señalaban también un respaldo explícito al giro estratégico que la aspirante había emprendido tan solo horas antes: señalar públicamente al candidato de ultraderecha Abelardo de la Espriella de reunirse “con bandidos”, de dirigir un “circo” y de encabezar una estrategia desleal contra ella. No fue un hecho aislado. Más tarde difundió en sus redes un video en el que dice que la disyuntiva está entre apoyarla o tomar “el camino de Petro, Cepeda y Abelardo, que en todas sus locuras se parecen”. Igualó al ultra con el presidente y el candidato de izquierda. La guerra de la derecha quedó planteada.

La ofensiva de Valencia no se quedó en palabras. A finales de la tarde, su campaña redobló la apuesta desde un escenario tan cargado de simbolismo como el Chorro de Quevedo, la plazoleta del centro histórico de Bogotá donde la ciudad todavía recuerda sus orígenes coloniales. Su fórmula vicepresidencial, el centrista Juan Daniel Oviedo, convocó allí un desafío a De la Espriella. Lo hizo a través de un video con el lenguaje digital propio de su campaña —y también, hay que decirlo, de la del ultra—, en el que distintas personas le preguntaban gestualmente al candidato de ultraderecha si estaba firme en su eslogan de “Firmes por la patria”, o si, por el contrario, se “le hace así”: al recoger los dedos de una mano, se hace un gesto que habla de temor, pero que también alude, sin mayor ambigüedad, a un pene que se encoge, el de un hombre que ha hecho alarde de sus genitales en la campaña. Más adelante, publicó otro video en el que un tigre, el apelativo que De la Espriella usa para sí mismo, se convierte en un cerdo.

Oviedo entraba a desafiar directamente a quien en marzo había hecho comentarios homófobos en su contra y escalaba el choque con una provocación difícil de ignorar. Poco después, la propia Valencia anunció que también acudiría al mismo sitio. El expresidente, la candidata presidencial y su fórmula, todos cuestionando a De la Espriella y respaldándose mutuamente en un mismo frente: la derecha tradicional, unificada por fin, iba por el ultra.

El problema es el calendario. A cuatro días del 31 de mayo, la reacción parece tardía. De la Espriella no era un recién llegado a la provocación: los comentarios homófobos contra Oviedo los había hecho un par de meses antes. Sus influencers y aliados llevaban semanas criticando y cuestionando a Valencia, a Oviedo, a varios de sus alfiles e incluso al propio Uribe —hasta un territorio que era intocable para el electorado del penalista que se presenta como outsider—. Así quedó claro la semana pasada cuando un senador electo del partido de De la Espriella, Alejandro Bermeo, llamó a Uribe “viejo patriarca” que “activa la motosierra”. La reacción, que llevó al propio De la Espriella a pedir respeto por el expresidente, llevó al influencer convertido en político a retractarse. Pero, más allá de eso, mostró el nivel de presión que venía acumulando la ultraderecha sobre el campo uribista. Durante todo ese tiempo, Valencia aguantó.

Según cuenta una alta fuente de su entorno, la candidata llevaba semanas con ganas de responderle al ultra. Quien la había frenado era Uribe. La razón era de pura aritmética electoral: en una segunda vuelta que parece inevitable contra el izquierdista Iván Cepeda, puntero en las encuestas, era imprescindible que los votantes de las dos campañas de la derecha se unificaran. Atacar a De la Espriella antes de tiempo podía cerrar esa puerta. La prioridad era no alienar a un electorado que, en el escenario más probable, tendría que migrar hacia una Valencia que lograra llegar a la segunda vuelta.

Esa prioridad parece haber quedado en segundo plano ante un dato que ya no puede ignorarse: la posibilidad creciente de que sea De la Espriella quien pase a la segunda vuelta. Las encuestas conocidas antes de que entrara en vigencia la veda del domingo así lo señalan. Mientras el silencio actual mantiene al país en suspenso, los ataques de los aliados del ultra seguían llegando, y las fisuras dentro del propio Centro Democrático se hacían cada vez más visibles.

La saliente senadora Paola Holguín, quien aspiró a la candidatura presidencial y la perdió frente a Valencia en una serie de encuestas internas, salió este martes a criticar lo que ocurrió después: el partido no le permitió mantenerse en el Congreso por haber aspirado a la presidencia. Además, con Valencia aún en liza, dijo lo que ni la aspirante ni Uribe han dicho: que apoyaría a De la Espreilla en una segunda vuelta. Por otro lado, la excongresista Milla Romero renunció al partido por el que llegó al Legislativo en reemplazo de Uribe en 2019 para apoyar a De la Espriella. La presión crece y el tiempo corre.

Mientras el uribismo se movía, el ultra optó por no escalar. De la Espriella, quien siempre ha mantenido una referencia con el expresidente —ha dicho una y otra vez ser admirador de su Gobierno—, mostró este miércoles un talante diferente al que ha exhibido frente a la izquierda, a la que ha dicho querer “destripar”. Ante la embestida de Valencia y Oviedo, guardó silencio o respondió con mesura: la imagen del outsider feroz que no se rebaja a las internas de la derecha establecida, esa que, según sus propios votantes, lo distingue del sistema que dice combatir. “Solo respeto y consideración”, dijo a Valencia.

Los votantes de derecha enfrentan ahora, a cuatro días de las urnas, un dilema que la semana pasada todavía no tenía esta forma. Uribe y De la Espriella están en orillas cada vez más distantes. La palomota que el expresidente describió con algo parecido a la admiración —o al menos al reconocimiento— en su trino del miércoles ha roto puentes con De la Espriella, enviando a los votantes de derecha la señal clara de que votar por él equivale a alejarse de Uribe. Las dudas son si eso aún es relevante para ellos y si es demasiado tarde.

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