La política del estruendo

El Congreso de la República, por ejemplo, es una caja de resonancia de los mayores escándalos políticos de los gobiernos y la corrupción que enloda investiduras. Foto RTVC Noticias

Por Carlos Alberto Ospina M.

La política dejó de ser un foro de deliberación para convertirse en una arena de confrontación con la finalidad de obtener la mayor atención, sin importar los medios ni los fines de bienestar social que deberían ser el foco del debate.

En otras épocas, la discusión de todos los calibres se libraba en el Congreso, las plazas públicas, los foros universitarios o los editoriales de la prensa. Hoy, se ha desplazado al campo minado con el estiércol de las plataformas digitales. Allí la verdad es maleable según el ‘creador de contenidos’, el espectáculo prima sobre la razón y la indignación tiene el tono de lo rentable.

La política del estruendo consiste en estructurar una dinámica en la que el ruido, la amplificación y la confrontación reemplazan el pensamiento crítico; puesto que la efímera notoriedad y el impacto inmediato, al parecer, valen más que la coherencia conceptual o la honestidad.

Este fenómeno afecta el tejido democrático y la manera cómo se relacionan los ciudadanos. La desconfianza histórica en la clase dirigente, la debilidad institucional y la polarización ideológica han tendido el tapete sobre el que andan los agravios, los artificios y los gritos. Es un ecosistema diseñado para que la visibilidad sea más importante que la veracidad, y el escándalo, más válido que la argumentación. 

La ofensiva cibernética no es neutra debido a que la lógica de las redes premia la simplificación, valida el juicio inmediato y permite la emocionalidad desbordada.  Quien se detenga a matizar la táctica de comunicación pierde terreno frente a las pirañas del marketing político que lanzan acusaciones sin pruebas, pero con un alto potencial viral en el ámbito del odio y la lucha de clases. 

De ahí la importancia de los debates presenciales, sensatos, informados y en tiempo real para construir soluciones duraderas y democráticas, vengan de donde vinieren; lejos de la competencia de popularidad y la dinámica del ruido de las redes sociales. En especial, enfrentar los actuales desafíos con sensatez y esperanza a fin de reivindicar la palabra, el argumento cierto, la escucha sincera y el respeto por la diferencia ideológica. 

Enfoque crítico – pie de página. Cada cual tiene el derecho a ser lo despreciable que es y pretender mostrar una postura de redentor de la divinidad. 

El macabro autor de la ‘Paz total’, Iván Cepeda Castro, obvia enfatizar la cadena de crímenes de lesa humanidad, las desapariciones forzadas, los centenares de violaciones, el reclutamiento de 18.677 niños y los campos de concentración de sus aliados de siempre, las Farc, durante el período del accionar paramilitar que tanto cacarea desde su visión unilateral, sesgada e interesada, como el que más.

Cepeda no es un candidato a la presidencia de la República; tan solo es un furioso vengador y brazo político de la guerrilla que vende humo para que no se vea su cantimplora llena de sangre.

Pregunta directa: ¿por qué solo se persigue con tanto ahínco a alias «Mordisco»? ¿Será para eliminar al guerrillero disidente antes de que diga quién es el autor intelectual del crimen de Miguel Uribe Turbay?

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