La importancia de leer despacio

Foto, carreta de libros en una Fiesta del Libro y la Cultura, de Medellín. El dueño de la carreta entrevista a un grupo de niños. (odg)

Por Oscar Domínguez Giraldo

Mucho cuidado: no sólo en épocas próximas al Día del Idioma (abril 23), en cualquier momento, al salir de casa, al comer o al dormir, como diría el padre Astete, es posible tropezar en la calle con alguna audacia femenina que nos proponga un extraño negocio: la venta de la piedra filosofal (¿) para leer rápido.  

Le paré bolas a un churro de estos que me abordó. Al fin y al cabo, muchachas bellas no nos interrumpen los sueños callejeros eróticos todos los días. «¿Señor, por qué me has hecho tan irresistible?», me pregunté con Cantinflas en una de sus películas, cuando la bella y siliconada dama me invitó a que la acompañara a una plática a solas. Una matadita de ojo adicional albortó mi durmiente libido.  

Miré en todas direcciones hasta cerciorarme de que ningún pariente inmediato, ningún correveidile, iba a ser testigo del pecadillo de incierta infidelidad que me proponía cometer.  

Después de ordenarme que la siguiera, la chica se colocó delante de mi miopía y golpeó mis dioptrías con sus caderas movedizas, llamadas eufemísticamente «derrières» por los franceses,  por su localización estratégica, en las antípodas del ombligo. Cuartos traseros, les dicen los taurinos, sin ninguna poesía. 

 Ese libro de carne y hueso que caminaba delante , pronto estaba haciendo para mí un carrizo pluscuamperfecto.  

“¿En su actividad diaria usted lee?», fue la desoladora primera  pregunta que me formuló. Yo esperaba algo más kamasútrico, como por  ejemplo: «Estudias o trabajas?». O: «¿Leonardo Favio o   Palito Ortega?», como en la canción de los sesenta. 

Pero no. A la bella todo lo que le interesó de entrada era indagar si leía. Mi argentino ego quedó averiado. Con el rostro del tonto que entraba a una farmacia a comprar preservativos y terminaba adquiriendo un sobre de aspirina si lo atendía una dama, respondí con la peor de mis sonrisas: “Claro que leo, linda, cómo por qué o qué?”.  Adobé las preguntas con una sonrisa imbécil de Casanova tercermundista.  

En cuestión de segundos, el pecado mortal que tenía al frente se dejó venir con un sermón sobre las bondades de leer rápido.  Se agachó un poco para enfatizar sus convincentes argumentos pectorales.  

Sin permitir que su interlocutor respirara, se vino al final con toda su artillería pesada: si quería tener futuro, ser un hombre de éxito, una persona importante, de pronto hasta ministro que sepa cuánto vale una docena de huevos, no me quedaba otra  alternativa que leer rápido. El cursillo para ingresar al exclusivo club me lo daban casi regalado y en incómodas cuotas mensuales.  

Sin tirar la toalla, me atreví a preguntarle a qué horas terminaba de vender métodos de lecturas con la oculta intención de invitarla a un parsimonioso y señoritero cubalibre y  reinventar de paso los felices años sesenta.  

Nada. Tarde descubrí que estaba frente a toda una ayatola profesional de la lectura rápida que me bajó la caña – y la libido- ocultando el carrizo hasta hace poco audaz, y regresando sus pectorales a su posición original. (Constaté, una vez más, que el brasier retiene en la fuente por partida doble). 

Ante la imposibilidad de llegar a ningún Pereira erótico  recobré la perdida dignidad, recordé mi condición de eterno lector  lento y le dije: «Señorita, yo pago toda la plata del mundo por conocer métodos que me enseñen a leer despacio, no rápido. Soy de la cultura de la lentitud».  

No alcancé a terminar la frase que pretendía ser célebre porque ya la vendedora de sistemas veloces me había dejado con la carabina al hombro, y salió en busca de otro gil más ambicioso e interesado que yo en lecturas supersónicas.   

Sobre Revista Corrientes 4770 artículos
Directores Orlando Cadavid Correa y William Giraldo Ceballos. Exprese sus opiniones o comentarios a través del correo rcorrientes@revistacorrientes.com

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*