La hora de los candidatos que no llegarán a segunda vuelta

Iván Cepeda y Carlos Caicedo en rueda de prensa en Barranquilla (Colombia), este lunes. PRENSA DE IVÁN CEPEDA (EFE)

A días de la primera vuelta, los aspirantes buscan visibilidad para el futuro o definen su salida de la contienda

JUAN ESTEBAN LEWIN

Bogotá –

Este lunes, el exalcalde de Santa Marta y candidato presidencial Carlos Caicedo decidió dar un paso al costado. Tras largos meses de campaña, a seis días de las votaciones se retiró para apoyar al senador Iván Cepeda, candidato del continuismo y puntero en todas las encuestas. La decisión, anunciada en una rueda de prensa conjunta, pasa por su virtual inexistencia en las últimas mediciones y por su cercanía ideológica con Cepeda. Y es también una muestra de cómo la mayoría de los 13 candidatos que aparecerán en el tarjetón enfrentan una realidad demoledora, la de no tener opciones de llegar al poder.

El caso probablemente más visible no sea el de Caicedo, sino el de un candidato de centroizquierda. Se trata de Roy Barreras, senador durante 13 años y, durante este cuatrienio, aliado del presidente Gustavo Petro. Si hace seis meses parecía tener un camino a la Presidencia, con su mensaje de encarnar a la vez el continuismo del programa progresista y la capacidad de tender puentes con el establecimiento, esa puerta se cerró. Su muy flojo resultado de la consulta interpartidista en la que compitió en marzo, con tan solo 257.000 votos que casi lo dejan derrotado ante un candidato que se había retirado (Daniel Quintero), lo dejó por fuera de las opciones reales. Obligado legalmente a mantener su candidatura por cuenta de esa misma consulta —si abandona, debe pena de pagar una multa de cifras millonarias—, el veterano político caucano movía sus cartas hasta el último momento. 

En los últimos días, su campaña envió mensajes a la de Cepeda, en busca de algún tipo de alianza o adhesión que le diera valor político a su decisión. Ante la poca receptividad, este domingo anunció que el lunes iba a “mover el tablero” y convocó a una rueda de prensa en el Capitolio. Frente a los medios, este lunes hizo un anuncio que parece confuso y refleja la complejidad de su situación: pidió a sus seguidores votar por él en el tarjetón, pero al mismo tiempo dijo estar preparado para defender el progresismo en una segunda vuelta. Dijo que seguirá en la carrera por obligación, por la convicción de representar un cambio con sensatez y para asegurar que el progresismo gane la presidencia, aunque no en cabeza suya, sino de Cepeda. En sus palabras y también en una carta abierta, aceptó explícitamente que no tiene ninguna posibilidad de pasar al balotaje, y dio su apoyo al candidato del partido del presidente.

Caicedo y Barreras no son los únicos que han aprovechado el primer día tras los cierres de campañas de los protagonistas, en una semana en la que la ley prevé que no haya manifestaciones en el espacio público. Mauricio Lizcano, exministro de Tecnologías de la Información y la Comunicación de Petro y otro de los candidatos que no superan el margen de error en las encuestas, terció. No para hacer una propuesta o para hablar de Cepeda o de los dos candidatos fuertes de la derecha, la senadora uribista Paloma Valencia y el ultra Abelardo de la Espriella. Lo hizo para tildar a Caicedo de “tramposo” y a Barreras de “mañoso”, por sus movidas del lunes. Afirmó que “pretendieron” hacer campañas para ayudar a Cepeda, que le quitaron espacio a otros candidatos como él y que “manipularon la democracia”. El suyo es otro camino para hacerse notar, en su caso sin plegarse a alguno de los favoritos, en una especie de testamento electoral que puede ganar relevancia más adelante en su carrera política. 

Estas movidas tienen un antecedente claro en Luis Gilberto Murillo, excandidato de la izquierda que se retiró hace tres semanas para apoyar a Cepeda. Por el momento del anuncio, quien fuera candidato vicepresidencial del centro en 2022 y luego canciller de Petro aparecerá en el tarjetón. No enfrenta multas, pues no compitió en una consulta como Barreras o como la anterior alcaldesa de Bogotá, Claudia López, quien este mismo lunes denunció formalmente al presidente Petro en la comisión de acusaciones, de nuevo una movida que la pone en el mapa.

Probablemente nada de eso tendrá mayor efecto electoral. Tampoco las movidas que hagan en estos últimos días la abogada penalista Sondra Macollins, el general en retiro Gustavo Matamoros o el excongresista Miguel Uribe Londoño. Sin embargo, son señales para reforzar a los candidatos más viables, que ganan apariciones en los medios y relevancia en la conversación.

Y, sobre todo, son muestras de una realidad más profunda. Pese a la apertura de un sistema que permite lanzar una candidatura presidencial con el aval de uno de la veintena de partidos reconocidos o mediante la recolección de firmas, la política colombiana ha ido convergiendo al fortalecimiento de corrientes de opinión más concentradas y personalistas. El afianzamiento de una política dicotómica entre izquierda y derecha, como mostraron las elecciones legislativas de marzo pasado y las presidenciales de 2022, implica el debilitamiento de opciones moderadas o intermedias. Barreras es un ejemplo, pero también lo son los candidatos de centro, como Sergio Fajardo y Claudia López, en un sistema político que desdeña los partidos, en el que los extremos ganan fuerza y en el que una desprestigiada clase política tradicional se aferra a su poder en el legislativo más que a la construcción de proyectos colectivos de país.

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