
Por Katrin Bennhold
No hay país que no se haya visto afectado por la crisis energética provocada por la guerra en Irán. Con el aumento de los precios del gas en Estados Unidos y la inminente escasez de combustible para aviones en Europa, las repercusiones se están sintiendo de forma generalizada. Fuera de Medio Oriente, el mayor impacto se ha registrado en Asia.
Mi colega Damien Cave informa que varios países de la región podrían enfrentar recesiones e inestabilidad, cuyas repercusiones se extenderían al resto del mundo:
Por Damien Cave
Las empresas en toda Asia están al borde de la insolvencia. Los gobiernos están contrayendo niveles de deuda enormes. Para finales de año, según las previsiones más pesimistas, millones de personas en la región Asia-Pacífico podrían verse sumidas en la pobreza a causa de la guerra en Irán.
Incluso si se llega a un acuerdo de paz pronto, es probable que la región, que durante décadas ha impulsado el crecimiento económico mundial, enfrente meses de vuelos cancelados, un alza en los precios de los alimentos y estantes vacíos de productos de uso cotidiano: bolsas de plástico, fideos instantáneos, vacunas, jeringas, lápiz labial, microchips y ropa deportiva.
Fuera de Medio Oriente, Asia-Pacífico ha sido la primera y peor zona de impacto de la guerra. Es vulnerable porque depende en gran medida de las importaciones energéticas de Medio Oriente, y sus enormes economías están sumamente integradas, con complejas cadenas de suministro que atraviesan de un lado a otro las fronteras.
La guerra, al alejar de Asia petróleo, gas y subproductos vitales como los fertilizantes, ha añadido presión a estas vulnerabilidades. Como resultado, tres pilares de la estabilidad en la región —el transporte, la manufactura y la movilidad ascendente— enfrentan al mismo tiempo fuertes ondas de choque. Si el tráfico comercial a través de Medio Oriente sigue estrangulado incluso unas pocas semanas más, me dijeron los expertos, la escasez podría empujar a varios países hacia la inestabilidad y la recesión.
Una crisis de transporte de gran magnitud
A las pocas horas de los primeros ataques del 28 de febrero, camiones, barcos y aviones dejaron de operar en Asia, una región definida por un movimiento casi constante. El transporte aéreo, en particular, se encaminó hacia el caos.
En marzo se cancelaron más de 92.000 vuelos en todo el mundo, y el mayor número de vuelos eliminados estaba relacionado con la región de Asia-Pacífico. El precio del combustible para aviones casi se ha duplicado, y algunas aerolíneas han anulado rutas indefinidamente.
Qantas, Air New Zealand, Lion Air de Indonesia, VietJet Air, AirAsia, Air India y Cathay Pacific son solo algunas de las compañías que han reducido sus servicios. Una aerolínea, Batik Air de Malasia, recortó sus vuelos en un 35 por ciento este mes para evitar la insolvencia.
Las aerolíneas más pequeñas están perdiendo millones de dólares a la semana. Las aerolíneas más grandes de la región podrían sobrevivir, pero es probable que las de descuento se contraigan, se fusionen o desaparezcan. Un experto en aviación me dijo que el tráfico aéreo de Asia podría volver a los niveles de la década de 1980.

Un sitio de extracción de níquel en Indonesia. Ulet Ifansasti para The New York Times
Producción paralizada
Muchas de las industrias de exportación más prósperas de Asia necesitan cantidades de energía enormes y otros insumos procedentes de Medio Oriente. Siete semanas después, las reservas se están agotando y con ello revelan nuevas vulnerabilidades.
La producción de cobre y níquel, por ejemplo, depende de altas temperaturas que proporciona el gas natural y del azufre, subproductos de los combustibles fósiles. Ambos escasean. Varios procesadores indonesios de níquel han reducido su producción.
El poliéster y el nailon también se obtienen del petróleo. En Gazipur y Ashulia, los centros de costura de Bangladés, donde se confecciona ropa para Walmart, Zara y Uniqlo, se han producido graves alteraciones de la producción y de los plazos de envío.
Los precios del helio, un subproducto gaseoso utilizado en los semiconductores, se han disparado. El jueves, Taiwan Semiconductor Manufacturing Company, el mayor productor mundial de chips de gama alta, dijo que tenía suficiente helio disponible para evitar un impacto a corto plazo. Sin embargo, una escasez prolongada podría obligar a los fabricantes de chips a buscar suministros en otros lugares —como Rusia— o forzar recortes de producción que afectarían a todo tipo de productos, desde la electrónica hasta los automóviles.
Sufrimiento humano
La semana pasada, un nuevo informe de la ONU estimaba que 8,8 millones de personas de Asia y el Pacífico corren el riesgo de caer en la pobreza a causa de la guerra, dependiendo de cuánto tiempo duren las hostilidades. La mayoría, unos cinco millones de personas, estarían en Irán. Pero en una región donde casi todo el empleo es informal, sin una sólida red de seguridad, los efectos del conflicto están empezando a agravarse.
En entrevistas, agricultores en Vietnam, trabajadores en India, hoteleros en Sri Lanka, conductores en Filipinas y ejecutivos en Hong Kong y Singapur se mostraron más preocupados que muchos de los políticos de la región, que buscan proyectar una calma estoica que a menudo oculta el revuelo que ocurre tras bambalinas.
En India, donde conglomerados industriales enteros han permanecido cerrados durante semanas por la escasez de combustible, los trabajadores están invirtiendo el proceso de urbanización y regresando a las zonas rurales para trillar trigo.
En Manila, los conductores de minibús se reunieron esta semana en grupos para hacer una huelga laboral de tres días en protesta por los precios descontrolados de la gasolina y el gasóleo.
En el norte de Filipinas, cosechas que estaban listas para ser recogidas la semana pasada se están pudriendo en los campos fértiles, ya que los agricultores no tienen el dinero necesario para transportarlas al mercado.
Los daños de la guerra, tan rápidos y profundos en toda Asia-Pacífico, no serán fáciles de contener. Aunque Estados Unidos e Irán alcancen una paz duradera, las fuerzas de la escasez y la inflación ya cobraron impulso, y están en marcha.

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