Las groserías saludables

¡Ay jue.... Caricatura los40.mx

Por Jesús González Barcha, MD

Te voy a hacer una pregunta. ¿Qué es lo primero que dices cuando te golpeas el dedo chiquito del pie contra la cama a las seis de la mañana? No me respondas en voz alta si hay gente cerca, pero ambos sabemos que no es precisamente una frase elegante. Y lo curioso es que, en ese momento, no importa si eres el más educado del grupo, si das conferencias o si en tu familia te enseñaron a hablar bonito. Ese instante tiene algo especial. Es casi primitivo. Sale una palabra que no estaba invitada, pero que llega puntual. 
Lo interesante es que eso no es solo falta de filtro. Tiene ciencia detrás. Un estudio publicado en NeuroReport hizo algo tan simple como brillante: puso a personas a meter la mano en agua helada y comparó a quienes podían decir groserías con quienes debían repetir palabras neutras. El resultado fue claro. Los que decían groserías aguantaban más tiempo y reportaban menos dolor. Es decir, no era teatro. Había un efecto real. Cuando dices una grosería, activas zonas profundas del cerebro, aumentas la liberación de adrenalina y entras en un modo más defensivo. Tu cuerpo prioriza resistir antes que sentir. En ese momento, el cerebro no está preocupado por la etiqueta social, está ocupado ayudándote a sobrevivir al golpe. 
Pero antes de que empieces a justificar cualquier conversación incómoda con argumentos médicos, hay un detalle importante. No cualquier palabra funciona. Tiene que ser una palabra con carga emocional real. El cerebro distingue perfectamente entre una expresión auténtica y un intento elegante de disimular. Ese “caramba” bien educado no tiene el mismo efecto. Aquí no hay simulación que valga. El cuerpo responde a lo que siente de verdad. Así que la próxima vez que te golpees el dedo y salga una palabra poco apropiada, no te apresures a corregirte. En ese instante, tu cuerpo estaba haciendo exactamente lo que tenía que hacer. Y si alguien te mira raro, siempre puedes decirle que estabas aplicando neurociencia en tiempo real. 
Bibliografía para curiosos
Stephens R, Atkins J, Kingston A.
Swearing as a response to pain.
NeuroReport. 2009;20(12):1056–1060.

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Directores Orlando Cadavid Correa (Q.E.P.D.) y William Giraldo Ceballos. Exprese sus opiniones o comentarios a través del correo: williamgiraldo@revistacorrientes.com

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