Colombia tendrá este año una carga de $102 billones para cubrir intereses y capital
A nivel regional, Colombia no está sola en este «vía crucis» de intereses altos y crecimiento lento. Al cierre de enero de 2026, el panorama de la deuda en América Latina se divide entre quienes están logrando estabilizar el barco y quienes siguen lidiando con tormentas fiscales profundas.
Si miramos el stock de deuda externa, Colombia ocupa el quinto lugar en la región, pero la presión real se mide por la relación Deuda/PIB.
| País | Deuda Externa (USD) | Deuda/PIB (aprox.) | Situación actual |
| Brasil | ~$605.000 M | 27,7% | Tasas de interés muy altas (15%) para frenar inflación. |
| México | ~$591.000 M | 31,8% | Mayor estabilidad, pero crecimiento estancado (1,4%). |
| Chile | ~$245.000 M | 74,2% | Deuda externa alta, pero gran confianza por exportación de litio/cobre. |
| Argentina | ~$242.000 M | 38,0% | Proceso de ajuste severo; se espera que sea el que más crezca (3,4%). |
| Colombia | ~$201.000 M | 48,2% | Crecimiento proyectado de 2,9%, pero con riesgo fiscal alto. |
Nota: Aunque el stock de Brasil es inmenso, su economía es tan grande que su deuda externa «pesa» menos porcentualmente que la de Colombia.
El «mañana» para la deuda latinoamericana está marcado por tres factores críticos:
- Se acabó el dinero barato y el costo promedio de los bonos soberanos en la región ya supera el 10%. Esto significa que gran parte de los impuestos que pagamos los latinoamericanos se está yendo a pagar intereses en lugar de infraestructura o salud.
2. Países como Chile, Perú y Argentina tienen una ventaja estratégica este año. La demanda global de cobre y litio para la transición energética está ayudando a sus balanzas comerciales, dándoles más «oxígeno» para pagar sus deudas. Colombia, aún dependiente del petróleo, tiene un camino más estrecho.
3. China se ha consolidado como el gran acreedor. A inicios de este 2026, los acuerdos de swaps de divisas con Pekín son el salvavidas de varias economías (como Argentina y Venezuela), pero esto también trae una carga de dependencia geopolítica importante.
Regla fiscal, la inflación y el malestar social
A pesar de que la región ha sido resiliente, el mayor peligro para este año es el malestar social. Con un crecimiento regional modesto del 2,3%, los gobiernos tienen poco margen para gastar sin romper la regla fiscal.
En varios países de la región, el pago de intereses de la deuda ya supera el gasto total en educación. Esto genera una tensión política que podría derivar en protestas o giros bruscos en las políticas económicas durante los ciclos electorales de 2026.
En el futuro inmediato, veremos a los bancos centrales (incluyendo al de Colombia) siendo extremadamente cautelosos. No esperes bajas agresivas en las tasas de interés pronto; la prioridad regional es no perder el grado de inversión y evitar que el dólar se dispare de nuevo.
La carga fiscal por la deuda de Colombia
Estamos en un momento bastante movido para las finanzas del país. A corte de enero de 2026, la deuda pública de Colombia se encuentra en una encrucijada entre una gestión técnica activa y un entorno macroeconómico que no da tregua.
Hace apenas unos días el Ministerio de Hacienda realizó un importante canje de deuda interna por cerca de $19,3 billones.
Importante movimiento porque se logró un ahorro fiscal de unos $2,1 billones para este año, lo cual quita presión inmediata a la caja del Gobierno.
Pero de todas maneras es preocupante que las tasas de este canje superaron el 13%. Esto refleja que, aunque el Gobierno está logrando «patear la pelota» hacia adelante para evitar un impago, lo está haciendo a un costo muy elevado. Refinanciar deuda vieja con intereses tan altos es un remedio necesario pero amargo.
El panorama se complicó este 30 de enero con la decisión del Emisor de subir la tasa de interés al 10,25%.
Unas tasas más altas encarecen directamente la emisión de nuevos títulos (TES).
El fuerte aumento del salario mínimo que para este año fue del 23%, disparó las alarmas de inflación, obligando al Banco a ponerse en modo restrictivo. Esto significa que el Estado tendrá que destinar más recursos a pagar intereses y menos a inversión pública.
El presupuesto y el Riesgo País
Para este 2026, el servicio de la deuda (pagar lo que debemos más intereses) se traga unos $102 billones, lo que representa aproximadamente el 5,3% del PIB. Es una carga pesadísima que deja poco margen de maniobra.
Agencias como Fitch y S&P mantienen la lupa sobre nosotros. Aunque el sistema financiero es sólido, la perspectiva sigue siendo cautelosa debido a la incertidumbre política de este año electoral.
Se espera que el Gobierno insista en una nueva reforma para tapar el hueco fiscal, lo cual será una batalla política intensa en el Congreso.
Es de esperar volatilidad del mercado financiero y de capitales por ser el 2026 año de elecciones presidenciales y legislativas. Cualquier declaración de los candidatos sobre la regla fiscal o el pago de la deuda moverá el precio de los bonos colombianos.
Si la deuda externa sigue creciendo (algunos analistas prevén niveles récord para finales de año), la tasa de cambio seguirá siendo el termómetro del miedo.
El Gobierno está logrando manejar los vencimientos inmediatos mediante ingeniería financiera, pero la «chequera» nacional está al límite. El futuro inmediato depende de si logramos bajar la inflación para que el Banco de la República pueda, por fin, dar un respiro con las tasas.
