El fallecido dirigente colombiano cuenta la historia detrás de la carta política, el mayor legado de la Alianza Democrática M-19, en sus memorias ‘Una Asamblea que transformó el país’

Bogotá –
El mensaje fue contundente, a pesar de lo escueto, por venir de quien vino. “No luce necesaria una nueva Asamblea Nacional Constituyente en estos momentos”, escribió en sus redes sociales Antonio Navarro Wolff en marzo de 2024, cuando el entonces presidente Gustavo Petro puso a rodar su resistida idea de impulsar un proceso constituyente para reemplazar la Constitución de 1991, en un momento en que sus reformas se atascaban en el Congreso.
Navarro, fallecido este domingo, fue uno de los tres presidentes de la Asamblea que redactó la celebrada carta política que rige a Colombia desde hace 35 años, el único de ellos nítidamente de izquierdas. Representaba en ese entonces a la Alianza Democrática M-19, el movimiento político que surgió de la guerrilla a la que pertenecieron tanto él como Petro. Siempre se mostró muy consciente de que la Constitución de 1991 es su mayor legado, y la defendió como “moderna, de avanzada, igualitaria”. “No hay que cambiarla, hay que aplicarla en el sentido progresista y democrático”, afirmaba en una entrevistacon este periódico.
La historia es conocida. Navarro, con una biografía extraordinaria, la detalla con su propia voz en el libro Una Asamblea que transformó el país (Intermedio, 2021), sus memorias políticas. El otrora líder rebelde persistió en la palabra empeñada en el acuerdo de paz que firmó con el presidente Virgilio Barco (1986-1990), a pesar incluso del asesinato de Carlos Pizarro Leongómez, el último comandante de aquella guerrilla, baleado en un avión en abril de 1990, mes y medio después de que habían firmado la paz, cuando era candidato presidencial. Esa sangrienta campaña se saldó con el asesinato de otros tres aspirantes, entre ellos el favorito, Luis Carlos Galán.
En aquel ambiente convulso, con un país que se asomaba al abismo, se abrió paso el movimiento estudiantil de la Séptima Papeleta, que allanó el camino para redactar una Constitución que pudiera reemplazar a la de 1886 –la misma Séptima Papeleta que el actual Gobierno de Abelardo de la Espriella ordenó retirar del Museo Nacional, y que está de regreso por un fallo de un juez–.

“Decidimos que nuestra lista a la Asamblea incluyera, no solo a antiguos miembros de nuestra organización incorporada a la vida democrática, sino a muchos otros sectores de la vida política colombiana”, rememora Navarro en sus memorias. Incluyó figuras liberales, conservadoras, de izquierda, académicas, de la cultura e incluso del deporte. Estuvieron desde el liberal Carlos Ossa Escobar hasta la poeta María Mercedes Carranza y el técnico de fútbol Francisco Maturana. También figuras del M-19 como Rosemberg Pabón y Otty Patiño. “Era la vieja idea de [Jaime] Bateman de convocar la diversidad, lo que él llamaba ‘el sancocho nacional’, si queríamos representar adecuadamente al país”, relata Navarro.
“Él era el jefe indiscutido de la Alianza Democrática M-19, grupo que tomando como base el antiguo grupo guerrillero que había dejado las armas, amplió su espectro ideológico con integrantes de diversas líneas políticas”, refrenda Humberto de la Calle, el ministro de Gobierno del presidente César Gaviria (1990-1994) en aquellos tiempos. “Aunque el Partido Liberal tenía un número ligeramente mayor de asambleístas, la AD M-19 tenía mayor coherencia y disciplina. Se sabía de antemano que jugaría un papel determinante en el resultado de la Constituyente”, relata De la Calle en una tribuna para este periódico.
La AD M-19 obtuvo en las urnas casi el 27% de los votos depositados, para 19 de los 70 constituyentes. Muy cerca estaban el Partido Liberal y el Movimiento de Salvación Nacional, del conservador Álvaro Gómez –que había sido secuestrado y liberado apenas dos años antes por el M-19–. “Cinco minutos después de empezar a hablar con Gómez, me di cuenta que podíamos ponernos de acuerdo. Hubo química desde el comienzo”, rememora Navarro en Una Asamblea que transformó el país.
Al final se escogió una presidencia colegiada compuesta por Navarro, Gómez y el liberal Horacio Serpa. Fue una postal de pluralidad en medio de un gran consenso nacional, lo que los expertos suelen denominar un “momento constituyente”, en un contraste con la irremediable polarización actual de la política colombiana. Sin ir demasiado lejos, el ultraderechista De la Espriella hizo campaña con la promesa de “destripar” a la izquierda.
La visión de Navarro contrasta con la de Petro, varios años más joven, quien ha mantenido una relación ambivalente con la actual carta política. “Para preservar un texto democrático, para cuidar sus pilares fundamentales y, en especial, los capítulos relacionados con los derechos de la gente, el M-19 renunció a toda idea revolucionaria”, escribe el ahora expresidente en Una vida, muchas vidas (Planeta, 2021), su propia biografía política. “Solo la historia dirá si tomó la decisión acertada. Para mí, hoy, ese texto constitucional es una bandera que no se ha ondeado y que, por eso, todavía es un objetivo por conseguir”.
Ingeniero sanitario, Navarro conoció el monte, la cárcel y el exilio. Perdió una pierna después de que le lanzaron una granada mientras desayunaba en una cafetería en Cali, en 1985, cuando una esquirla también le provocó sus recordados problemas de dicción. Después de firmar la paz, fue ministro de Salud, congresista, candidato presidencial, alcalde de Pasto y gobernador de Nariño, más allá de su destacado papel en la Constituyente. Ejemplo de reconciliación en carne propia, siempre subrayó el valor del perdón, “cuyos efectos son extraordinariamente sanadores”.
Después de la muerte de su hijo, en 2015, se distanció cada vez más de la vida política. Sus últimas salidas públicas, en el primer semestre de este año, fueron para apoyar la candidatura del senador de izquierdas Iván Cepeda cuando este se desmarcabade la idea de reformar la Constitución. Varios integrantes de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 lamentaron este lunes su fallecimiento. “El mejor reconocimiento a Antonio Navarro es mantener vivo el compromiso con los postulados de la carta política del 91: sus valores y principios, el Estado Social de Derecho, la Carta de derechos, el pluralismo, la inclusión, la democracia participativa, el reconocimiento de las comunidades étnicas, la vocación de la paz como derecho y como deber”, escribieron en una carta conjunta. Un camino de transformación de Colombia que, en palabras de Navarro, “hay que continuar y profundizar”.
“Perdonamos y pedimos perdón, porque también cometimos errores y afectamos personas inocentes. Lo importante es que pudimos entender, antes que nadie más en este continente latinoamericano en los años contemporáneos, que el conflicto armado no era el camino. Y a pesar de las dificultades, hemos mantenido la palabra”, escribe Navarro en sus memorias. “Reivindicamos, eso sí, con toda energía, nuestro derecho a participar en política, a buscar cambios en la sociedad colombiana ganando las elecciones”.

Dejar una contestacion