El rechazo al pasado reciente, los alternativos debilitados y las estructuras fortalecidas marcan las elecciones del domingo

Federico Gutiérrez, Judith Pinedo Flórez y Carlos Fernando Galán.

JUAN ESTEBAN LEWIN

Bogotá – 

Si las elecciones nacionales de 2022 marcaron un giro a la izquierda en Colombia, las locales y regionales de este domingo 29 de octubre pasarán por el reforzamiento de los liderazgos locales y por la debilidad de las candidaturas alternativas, en un notorio contraste con lo ocurrido cuatro años atrás.

Los 32 gobernadores y 1.102 alcaldes elegidos representarán menos a los diferentes partidos que los avalen que a los poderes locales que encabezan o de los que son parte. Ese cambio será más o menos notorio según el peso que tengan en cada municipio y departamento estos cuatro grandes factores.

El rechazo al pasado reciente

Los alcaldes y gobernadores salientes llegan a estas elecciones, en general, con mala imagen. Aunque no todos los casos son tan negativos como los de Daniel Quintero en Medellín (63% de desaprobación, según la encuestadora Invamer, y 73% según Atlas Intel) o Jorge Iván Ospina en Cali (77% y 75,9%, respectivamente), son peores que los de sus antecesores. Por ejemplo, el popular Jaime Pumarejo de Barranquilla tiene menos aprobación que su jefe político, Álex Char, hace cuatro años: 57% contra 95%, según la Invamer Poll.

La fuerza de esa tendencia general marcará los resultados del domingo. Los alcaldes y gobernadores que llegaron el 1 de enero de 2020 enfrentaron la mayor pandemia en por lo menos un siglo y la mayor caída del PIB en 75 años, enfrentaron un aumento del desempleo y luego una alta inflación, y se mostraron impotentes ante el aumento de la inseguridad. La duda es hasta dónde eso implicará un cambio rotundo de poder local, como indican las encuestas en lugares como Medellín, Cúcuta o Cartagena; y dónde se mantendrá en las mismas manos a pesar de ello, como se prevé en Barranquilla, Boyacá o Valle del Cauca.

La debilidad de la marca alternativa

El 2019 fue el gran año de los candidatos alternativos, aquellos que venían de fuera de la política tradicional e, incluso, de la política en general. Las elecciones de Claudia López en Bogotá, Daniel Quintero en Medellín, William Dau en Cartagena, Jairo Yáñez en Cúcuta o Carlos Mario Marín en Manizales marcaron ese giro. Ninguno llevaba más de 4 años en la política electoral, ninguno tuvo el apoyo de un partido tradicional y varios se impusieron frente a candidatos que sí obedecían a ese molde.

Este domingo, en contraste, pocas candidaturas fuertes llegan con esa misma marca. En las mismas cinco ciudades, los candidatos punteros en las encuestas vienen de sectores tradicionales o tienen alianzas fuertes con ellas. Son, respectivamente, el exsenador por Cambio Radical, Carlos Fernando Galán; el exalcalde y excandidato presidencial Federico Gutiérrez; el exgobernador Dumek Turbay, primo del senador liberal Lidio García; el exconcejal Leonardo Jácome, apoyado por el exalcalde condenado por homicidio Ramiro Suárez; y el exalcalde y exministro Jorge Eduardo Rojas.

Sin embargo, en 2019 victorias como la de Yáñez no estaban previstas en las encuestas. En estas y otras ciudades hay candidatos con la marca de alternativos como Judith Pinedo en Cartagena, pero con el rechazo a un pasado reciente que en muchos lugares significa administraciones alternativas; la probabilidad de esas sorpresas parece menor que cuatro años atrás.

La fortaleza de las maquinarias locales

Si la marca de ser alternativo ha perdido atractivo, la de ser un político de carrera, con una maquinaria detrás, usualmente liderada por un congresista (o con un congresista que es ahijado de un candidato), parece ser un menor lastre. Eso es especialmente cierto en las Gobernaciones, cargos cuya relevancia es difusa para muchos ciudadanos por sus escasas funciones y fuentes de financiación. En departamentos como Cundinamarca, Bolívar, Valle del Cauca, Tolima, Magdalena o Cesar todo está encaminado para que se mantenga en el poder el grupo político que lo ha tenido durante los últimos cuatro años. Lo mismo en alcaldías como las de Armenia o Barranquilla.

En otros departamentos en los que la campaña está más abierta, hay choques entre dos maquinarias o alianzas de estructuras de ese tipo, como ocurre en Córdoba, Santander o Meta. Algo similar ocurre en diferentes capitales, desde Riohacha hasta Pereira, pasando por Sincelejo o Neiva.

Con el debilitamiento del sistema de partidos, por la multiplicación de personerías jurídicas que ya suman 37, el poder de cada ganador es incluso más fuerte, ya que se personaliza más el vínculo político, como explica la experta Elisabeth Ungar.

El cambio de equilibrio frente al Gobierno

La renovación de mandatarios locales y regionales significa un nuevo libro en la relación con el Gobierno Nacional.

Un resultado evidente será que el gobiernista Pacto Histórico no tendrá grandes victorias. No solo tiene pocos candidatos viables, sino que pinta difícil su gran apuesta por la administración de la capital del país (“En la Alcaldía de Bogotá nos jugamos la supervivencia del Pacto Histórico”, apuntaba su candidato Gustavo Bolívar, segundo en las encuestas y quien solo tiene opciones remotas de ser elegido). Tiene candidatos viables a las gobernaciones de Córdoba y Nariño, y un aliado de izquierda en Magdalena, así como opciones en la Alcaldía de Villavicencio. Con poca fuerza en los cargos ejecutivos, un crecimiento en los Concejos y Asambleas no promete cambiar de manera significativa el equilibrio político local.

Lo que sí puede variar es la relación entre las estructuras locales, que suman a mandatarios y congresistas de un mismo grupo, y el Gobierno, de una forma que todavía está por verse. De un lado, algunos expertos y políticos en oficio creen que los nuevos mandatarios se acercarán al Gobierno para conseguir recursos y apoyo para sus proyectos, y que eso le dará más margen de maniobra a Gustavo Petro para sacar adelante sus reformas en el Congreso. Del otro, otros entienden que en la medida en que tengan asegurado el poder local y el presidente mantenga una baja aprobación, los congresistas de esas estructuras tienen una base de poder garantizada más allá del cuatrienio de Petro, y les resulta más redituable alejarse de un Gobierno poco popular.

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