Dios y los bajitos

El columnista y sus cuatro nietos. Foto ODG

Por Oscar Domínguez Giraldo

Maestro Angulo, otras historias de bajitos sobre el que inventa estrellas como soplando y haciendo botellas (espero los de su nieto Martín cuando empiece a soltar la sin hueso. Mientras haya mujer habrá poesía, mientras haya niños tendré materia prima para mis historias. He publicado 35 columnas y para el 31 de este mes publicaré las 36. Si tiene algo de sus bambinos, los carísismos Alejandro y Paolo, déjese venir. Ayúdeme a ganar el pan con el sudor de mis falanges. Mis nietos ya le dan un mano a su abu). Lo único “genial” que recuerdo de niño, fue esta pregunta a uno de mis compañeros de cine metinal los domingos en el Teatro Aranjuez: ¿Y por qué volvió a aparecer ese señor si ya lo mataron en otra película de vaqueros? Con esa perla quedé listo para enfrentármela a la vida).  od

El maestro González Angulo

José Luis realiza un viaje a pie con un filósofo aficionado, campo adentro. El párvulo escucha que su abuelo le habla bellezas del viento: “Mira cómo se mueve…!”.

Quién dijo miedo. El hombre que desertó de los pañales replica: “El viento no se ve. El viento se siente, pero no se ve. El viento es como Papá Dios. Papá Dios se siente pero no se ve. Es como los fantasmas que se sienten pero no se ven”. 

– ¿Quién te enseñó eso?, pregunta el perplejo abuelo, convertido en alumno de su nieto.

– Me lo enseñó mi papá . Pero Papá Dios se deja ver con magia.

– ¿Qué es magia para ti, José Luis?

– Magia es sacar un conejo de un sombrero. Abuelito: ¿tú puedes sacar a Dios de un sombrero? (El abuelito de este cuento es mi cuñado William, envigadeño).

Laura, 6 años, intrigada, le dice a su mamá: “Mami, me gustaría algún día conocer a Dios”. ¿Y qué le dirías? “Nada, mami: sólo quiero saber qué tan grande es”.

La maestra se acerca a la alumna y le pregunta qué está dibujando. “Estoy dibujando a Dios”, es la respuesta. “¡Pero nadie sabe cómo es Dios!”. La alumnita replica: “Lo sabrás dentro de un minuto”.

A los diez años, Luis Ernesto, hijo del nadaísta Elmo Valencia, reflexionaba en diálogo con su padre: “Pero Dios existe, ¿no es cierto? ¡Porque a Dios sí no me lo pierdo!”.

Para Laura, 6 años, Dios “es el alma de nosotros, es como si fuera el viento”. (Del libro “Casa de Estrellas”).

Preguntas hechas por niños en un foro organizado en Bogotá:

 ¿Dios es niño o niña?

¿Quién es el papá de Dios?

Si Dios está en todas partes ¿por qué no puedo saludarlo?

Si Dios creó el mundo, el universo y todo lo que nos rodea, ¿quién creó a  Dios?
 
o-o

Carlitos, cinco años,  le pregunta a su mami si ella es Dios, el Niño Jesús y el Ratón Pérez.

También preguntó: ¿Por qué Dios no le da a todo el mundo comida y platica?

 Laura, 3  años,  en la muerte de su bisabuelo: ¿Y en el cielo le dan comida? ¿Allá le prestan ropa? Quiero ir a esa nube para tocarlo. (Ese bisabuelo es mi padre Luis María Domínguez).

 ¿Mamá, el Niño Dios muda los dientes como yo?, Carolina, de cinco años)

María Clara, 5 años. “Mami, Dios no tiene fin, los números no tienen fin, la vida no tiene fin”.

 Pregunta una niña: “¿Dios está en el cielo, como los pájaros? Entonces tendrá pico”. (Contado por Ortega y Gasset).

En su primer viaje en avión, Carolina, de nueve años, después de mirar en todas direcciones pregunta: “Tía, ¿y dónde está Dios?”


 La madre le sugiere a Martín, cuatro años, que se acueste porque ya viene el Niño Dios con los traídos: “No conozco a ese niño y no quiero que entre en mi cuarto” (el hermano de la niña Mencha).


Natalia, de cinco años, les informa a sus padres, escépticos tirando a ateos, que Dios existe.

–        ¿Y cómo lo sabes?, pregunta mamá.

–        Porque tiene un minuto en la televisión ( en referencia al programa de televisión en Colombia “El Minuto de Dios”).

¿Si diciéndole a Diosito que no quiero morir no me muero?(Juan Fernando, hijo de este pecho).

Pienso en Diosito: no me moriré. (Juan, cuatro años, mi hijo. Hoy es antropólogo de los Andes, o sea, vive en Australia y es de profesión escéptico).

        Mi nieto nos visitaba un día y de repente me dijo: “Abuela, ¿tú sabes en que se parecen tú y Dios? Muy oronda le pregunté: “No, ¿en qué?”, y me soltó: “Ambos son viejos”.

 

Cuenta un padre: Simón, mi hijo mayor, estaba como de 7 años y le pidieron en su clase de religión dibujar a Dios. Pues bien, después de gastarse tooooooda la hora completa, entregó finalmente su mejor interpretación: ¡La hoja en blanco! Recibimos la nota de su profesora algo extañada y al preguntarle, Simón nos dijo que le sucedió algo muy raro porque nosotros le hemos enseñado que Dios está en todas partes, que hace parte de todo, pero que a la hora de dibujarlo, no pudo encontrarlo…

David, de seis años, amaneció  bravo con Dios un día de invierno. Le pidió que saliera el sol para poder ir a jugar al parque con Vale, su hermanita.

 “Mami, Dios no me para bolas”, comentó David en medio del aguacero. (hijo de nuestra empleada en Bogotá).

“Eaaaaa, qué bobo el tío Lucas que no cree en Dios. Yo sí creo en todos, todos los dioses”: Cipriano.

 Era navidad y le habíamos regalado un corte de tela a la mamá de Sebastián, 6 años. Una tía le preguntó: ¿Qué le trajo el Niño Jesús a tu mamá? Respuesta: Un vestido sin hacer

 
En pleno diciembre estábamos hablando de los traídos del niño Dios. Estefanía (5 años) nos dice muy seria: “¿Si el niño Dios es un niño porqué lo dejan salir solo a entregar regalos?  

 Marcus (6 años), le puso en paquete de manimoto al Niño Jesús en el pesebre. “¿Si a Papá Noel le dejamos leche con galletas, cómo no le dejamos nada al niño, abuelita?”De niña, Manuela, la hija del capo Pablo Escobar, le habla al pesebre: “Querido Niño Dios, ¿qué quiere que le traiga para nochebuena?”. (Contado por el fallecido periodista norteamericano Tom Quinn, en el libro “¿Cómo nos ven los corresponsales extranjeros”?

Simón —¿No es cierto que Dios le gana a Joe Luis?

Fernando —¿No es cierto que no, porque Dios no tiene manos?

El papá —No sabemos cómo será Dios… (El papá es la de su retratado Fernando González)

Fernando —¡Usted ya se va a morir…!

El papá —¿Por qué?

Fernando —¡Ah, pues porque ya está muy viejo…!

El papá —¿Por qué estoy viejo?

Fernando —Porque tiene muchos pelos en el estómago.

El papá, mentalmente: ¡No me borres, Señor, del libro de la vida! (Fuente Otraparte)

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