Desvertebrada. Ciudad de hierro   

Los diplomas del columnista. Foto ODG

Por Óscar Domínguez G.

El comediante Harpo Marx narra en sus  lúcidas memorias (“Harpo habla”) que en Nueva York veía béisbol de las grandes ligas desde un promontoio fuera del diamante. Desde su sitio de observación solo podía ver durante todo el partido a Sam Mertes, jardinero izquierdo de los Gigantes, cuando la bola llegaba a sus predios.

Algo parecido me sucedía cuando la Ciudad de Hierro o los circos llegaban a mi jurisdicción de sueños en el barrio Aranjuez o en el municipio de La Estrella.. Cuando no podía entrar me contentaba con ver de lejos la rueda de Chicago,  y  a los payasos con sus rostros mitad alegría y mitad tristeza. 

Me gustaba tanto esa chatarra lúdica que estoy que lanzo mi candidatura a la alcaldía de la Ciudad de Hierro.  Desde ya anuncio que no invertiré un peso en esa cloaca en que se ha convertido la publicidad política que contamina lo que queda del medio ambiente. Y que llena de miedo el ambiente.

¿Cómo votar por candidatos que utilizan la calumnia como mecanismo de agitación de masas?  Mientras pulo mi candidatura espero el día de elecciones para tirármele en plancha a la urna para votar  por María Paulina Aguinaga a la alcaldía de Medellín, y por Luis Fernando Suárez a la gobernación de Antioquia quien sabe dónde quedan los baños.

Guaqueando en mi archivo encontré diplomas  para apalancar mi candidatura. Todos esos diplomas son bien habidos. 

En eso goleo 5-0 a Julián Bedoya, candidato a la gobernación de Antioquia cuyo título de abogado tiene más huecos que un queso gruyere. El aspirante jura que su título es de buena ley así le haya costado el puesto a Néstor Hincapié, rector de la Universidad de Medellín.

Me faltó ver colgado de la pared mi diploma de bachiller. Quedé debiendo tres materias que  Bedoya habría habilitado en menos que se persigna un cura ñato: química, física y trigonometría.

Dos de los diplomas me los entregó en los años 1955-56 un arzobispo íntegro y bueno como el pan: Joaquín García Benítez quien murió casto y pobre. Los diplomas certifican que este bípedo era capaz de repetir como una lora el catecismo de Astete.

Nos García era tan chapado a la antigua que prohibía películas en las que se les viera el jarrete a las actrices. Renunció al exquisito menú del arzobispado cuando descubrió que aprovechándose de su avanzada edad y frágil memoria,  le hicieron firmar una despiadada crítica contra el médico Héctor Abad Gómez, esposo de su sobrina Cecilia Faciolince.

De la Escuela José Eusebio Caro de Aranjuez “poseo” una mención como “Campeón Parcial”  del catecismo de Astete. Lo firma el profesor Esteban Ceballos (año de 1956).

Me acompañan diplomas que me dieron los agustinos por mi “comportamiento ejemplar”; otros expedidos por los hermanos de La Salle dan testimonio de mis “modales distinguidos”. 

Un diploma más me lo otorgó la Universidad de Antioquia en 1967 por haber sido Subcampeón nacional universitario de ajedrez.  ¿Se le puede pedir más a la vida? Este orgulloso diplomado no les quita más tiempo. (Y perdón por contar plata delante de los pobres que no tienen los mismos diplomas).

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