Contraplano. Osuna, un maestro en el arte y en el oficio

Héctor Osuna, caricaturista. ¿Y poeta?

Por Orlando Cadavid Correa

Acaba de arribar a sus 63 años de fructífera presencia en el diarismo nacional el ingenioso caricaturista Héctor Osuna en compañía de su otro yo, don Lorenzo Madrigal, columnista de muchas campanillas.

Las bodas de oro no tuvieron celebración alguna. La fecunda existencia de este personaje siempre ha estado a kilómetros de la pompa y el boato. Su título de abogado de la Universidad del Rosario acredita en la pared de su estudio su sólida formación humanística.

Sin embargo, para el íntimo registro del buen suceso de su cincuentenario, el notable artista hizo dos excepciones: 1ª.) Permitió que se le retratara de fino sombrero de fieltro para la portada de “Credencial”. 2ª.) Recibió en su residencia campestre del norte bogotano a la consagrada entrevistadora Margarita Vidal.

Así lo ha demostrado durante más de medio siglo en sus caricaturas publicadas en El Siglo, donde se inició en marzo de 1959 de la mano de Álvaro Gómez Hurtado; El Espectador, el diario de sus entretelas, y Semana, donde escampó fugazmente. 

Recordábamos que la irrupción de Osuna en el periodismo colombiano se produjo 28 años después del suicidio en un reservado de La Gran Vía, un céntrico café bogotano, de su paisano Ricardo Rendón, de 37 años, considerado el más grande caricaturista colombiano de la primera mitad del siglo veinte. Sus colegas del tercer milenio juzgan que la caricatura política en Colombia ha tenido dos Everest bien altos, casi inalcanzables: Rendón y Osuna. (A propósito, ¿dónde quedaría la hipotética caricatura de Rendón sobre su propia muerte?).

En su diálogo de los 50 con la “Negra” Vidal, el maestro Osuna evocó sus orígenes antioqueños y su pasado jesuita y laureanista. Se dejó venir con la siguiente carga de profundidad contra la decisión de Uribe de no permitir la sucesión presidencial: “Hay cosas en las que uno no puede estar de acuerdo, como la reelección, que ha sido tramposa y deslegitima el ejercicio de la presidencia”.

Como entre periodistas no puede faltar la chiva, Osuna, que suele rechazar los premios Simón Bolívar con la misma facilidad con la que Marlon Brando despreciaba el Óscar, le soltó a la Vidal una primicia de su fuero íntimo: escribe poesía. Pero el resultado de sus incursiones por el parnaso de José Asunción Silva, Porfirio Barba Jacob y Guillermo Valencia sólo se conocerá después de su óbito, porque le parece que ahora no combinan las humoradas satíricas y los versos que mantiene bien guardados en lugar seguro.

La apostilla: A la pregunta de Margarita Vidal sobre si se podría publicar una de sus poesías en la celebración de sus 50 años de ejercicio profesional, el hijo de doña Tulia le dio entre risas esta macabra respuesta, que nos hace recordar el trágico final de Rendón: “Primero me pego un tiro para que sea después de muerto”.

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