Contraplano. Manizales del ayer, para nunca olvidar

Orlando Cadavid Correa, antioqueño de nacimiento y manizaleño por adopción. Foto La Patria

Por:  Orlando Cadavid Correa

Antioqueño de nacimiento y manizaleño por elección y por adopción, siempre he creído que la patria chica está donde uno se forma, se hace persona y encuentra el abrigo, el pan, el vino, el amor y los amigos.

Me encantaría reencarnar como un modesto muchacho manizaleño nacido en la Quiebra del Guayabo o en Milancito. Y llevo a mi Manizales en el alma.  O como escribió mi colega José Miguel Álzate en su columna titulada ‘Mi Manizales del alma’: “Es una expresión popular que brota del corazón para cantar la grandeza de una raza que descuajó montañas para fundar pueblos. Con esta frase de cuatro palabras sencillas, que ni siquiera tiene encanto poético, se quiere rescatar el orgullo de una estirpe. En dieciocho letras está expresado el enamoramiento de su gente por lo que la ciudad representa en sus vidas. Los caldenses hemos tenido la osadía para levantar sobre lomas empinadas una ciudad que se resiste a quedarse atrás en el camino del desarrollo urbanístico, que no se deja doblegar por su geografía quebrada, que se sobrepone con imaginación a la crisis cafetera, que supera con voluntad los embates de la naturaleza. Ese esfuerzo es expresión de amor por la tierra nutricia”.

Hoy rescaté de un folleto bien querido una hermosa colección de fotografías que evocan el Manizales del ayer, perteneciente a una afortunada alianza fotográfica de Víctor y Jaime Hurtado.  

En nuestras remembranzas destacamos algunas calles, avenidas y lugares memorables de Manizales, como la carrera 23, también conocida como la Calle Real; el sector del parque Fundadores, el parque de los Niños, la Torre del cable aéreo, la Plaza de Toros, el  parque Caldas, El Instituto Universitario y Ondas de Otún, en La avenida Santander; la Normal Nacional, el parque Bolívar, el sector del parque Olaya Herrera, la  Plaza de Toros, el estadio Fernando Londoño Londoño, Bellas Artes, en los alrededores del parque Olaya; el parque Liborio Gutiérrez, la calle de las Flores, en el sector del parque cementerio “San Esteban”; el Lago de Aranguito, la vieja estación del desaparecido Ferrocarril de Caldas; el Teatro Avenida, la iglesia de San José, el Seminario, y, para rematar,  mi hermoso y recordado Palacio Amarillo, sede de la gobernación de Caldas.

La apostilla: Cuando Pablo Neruda estuvo en Manizales,  en la primera edición del Festival Latinoamericano de Teatro, pronunció una frase que se hizo  célebre, fruto de la inspiración que le causaron nuestros cielos al caer la tarde. Dijo el bardo austral que “Manizales es una fábrica de atardeceres. Cuando tú los veas notarás que esa inspiración es una alucinante realidad”.

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