Carta del director de El País
Jan Martínez Ahrenz
La victoria de Abelardo de la Espriella, alias El Tigre, en las elecciones presidenciales colombianas supone un reto para esa gran nación. Colombia es un país de cicatrices. Allí la guerra no es un recuerdo. Tampoco la guerrilla, el narco o la violencia política. Son puro presente. Y con De la Espriella, si gobierna para dar rienda suelta a sus instintos radicales, volverán a ocupar el carril central. Será grave para el país y lo será para un continente donde la ola populista vive su apogeo.
No es que estemos al borde del precipicio, es que hemos caído en él y no acertamos a encontrar el paracaídas. Trump, Milei, Kast, Noboa, Bukele, Fujimori… y ahora De la Espriella forman una constelación que marcará para siempre la historia del continente. Frente a esta avalancha, quedan pocas barreras. México es una; la otra, Brasil. El gigante sudamericano celebra elecciones presidenciales en octubre. Y ahí Lula se enfrentará, ya casi con 80 años, a uno de los hijos del ultraderechista Bolsonaro. Las encuestas muestran, de momento, una situación de empate.

Dejar una contestacion